
El universo sonoro de Kabusacki
Que el rock continúe siendo una posibilidad de búsqueda y experimentación es una situación excepcional. Y, más allá de lo previsible, complaciente y limitado de lo que se escucha en estos días -y que se da a nivel mundial-, existen esos espacios donde podemos sorprendernos. Hay dos ejemplos recientes. Uno, local, es el nuevo álbum de Fernando Kabusacki, "6.1. La maravilla" (que presenta esta noche, a las 21, en Chacarerean Teatre, Nicaragua 5500). Otro, el segundo álbum de Mars Volta, "Frances the Mute" (que merece un espacio aparte).
Guitarrista ecléctico, heredero de la escuela de Robert Fripp (todo un perfeccionista) y reconocido por pares experimentadores de varios puntos del planeta (en Japón es un músico tan reconocido como solicitado), Kabusacki excede los moldes del rock y del pop hecho en este lado del mundo; por eso aportó tanto a la música de María Gabriela Epumer como a Juana Molina, A Tirador Laser o Latin Blue Trance, con Pablo Potenzoni (Todos Tus Muertos), entre muchísimos otros.
Su propuesta, netamente instrumental, está cargada de coloraturas y es generosa a la hora de compartir sus exploraciones. Y en vivo permite que la música fluya y exceda su esquema original según quién esté al frente en cada ocasión. Acompañado por músicos de primera línea (Fernando Samalea, Matías Mango, Fernando Nalé, Sergio Dawi y Mussa Phelps), la música de Kabusacki no es de largo aliento. Profundiza en la brevedad y en la intensidad, y así entreteje las distintas mixturas que se expresan sin necesidad de palabras.
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Las composiciones de "6.1?" tienen estructura de canción. Fragmentos concisos en los que la "voz cantante" está representada por la guitarra y su universo de sonoridades, que se derrama sobre bases que pueden pasar por el pop o ritmos caribeños con total naturalidad. En vivo, esos temas toman un carácter más crudo y espontáneo. Pero sobre todo se transparenta la alegría de compartir el acto creador.
El universo sonoro de Kabusacki está finamente tramado, con sencillez y buen gusto. Eso lo hace un personaje raro para la escena local, pero con un prestigio internacional que hace que, por ejemplo, no sólo se edite su nuevo álbum simultáneamente en Japón, sino que además allí integra otros tres emprendimientos discográficos inmediatos, además de no poder comprometerse a realizar ciclos demasiado extensos en esta ciudad por otros compromisos en los Estados Unidos o Europa.
Por supuesto, la música de Kabusacki no es la que suena una y otra vez en las radios. Sin embargo es accesible, celebratoria y, sobre todo, bien ejecutada. Sólo hay que animarse a trasponer ese prejuicio que convierte a la música instrumental en algo difícil o raro o cualquier otra definición que obliga a ir "a lo seguro", es decir: a lo que nos quieren vender.



