
Encuentro cumbre
Una de las bandas más populares del país devolvió a los escenarios al músico radicado en España, que no actuaba desde hacía cinco años
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MENDOZA.- Anteanoche, en el estadio de Independiente Rivadavia de esta ciudad, ocurrieron dos nuevos hitos para el manual histórico del rock local.
Uno: a veinte años de su debut solista, Andrés Calamaro volvió a los escenarios argentinos (que no pisaba desde 1999) y cantó por primera vez, ante 15 mil jóvenes, dos de las canciones de su último álbum, "El cantante".
Dos: Bersuit Vergarabat cerró el año en el que se recibieron de argentinólogos con un concierto devenido fiesta popular, que pocos olvidarán en esta provincia y que fue registrado por 15 cámaras para la realización de su primer DVD.
"Allá en los años 90 presentó a la Bersuit, y hoy, después de mucho tiempo sin subirse a un escenario, lo devolvemos: nuestro padrino, Andrés Calamaro." Con pelo corto, patillas que pintan canas, muy saludable y notablemente emocionado, el músico radicado en España se reencontró con el público argentino y descubrió de qué se trataba eso que él mismo definió un par de días atrás como "el pueblo al palo".
Sentado en un piano en el centro del escenario, Calamaro cantó "creo que todos buscamos lo mismo/ no sabemos muy bien qué es ni dónde está/ oímos hablar de la hermana más hermosa/ que se busca y no se puede encontrar". Los versos del tema "La libertad", en la misma tierra donde San Martín inició la campaña libertadora del continente, sonaron más precisos que nunca. Pegadito, a dúo con Cordera, entonaron "Estadio Azteca". El público los ovacionó y se estrecharon en un largo abrazo, en el que Calamaro tuvo que aguantar las lágrimas. La voz de la Bersuit y el bajista Pepe Céspedes acompañaron al ilustre invitado por una pasarela y ahí, en el set armado en el medio del estadio, bien cerca de la gente, Andrés arremetió con el hit bersuitero "Mi caramelo". Emocionado, apenas pudo decir "gracias", saludó y se retiró. Pero sobre el final hubo más. Andrés se sumó con su guitarra en el doblete arrasador de "Yo tomo" y "La bolsa", con una sonrisa de oreja a oreja que confirmó que los días en los que aseguraba con vehemencia aquello de que no quería tocar más en vivo han quedado en el pasado.
Hace una semana, pocos hubieran presagiado este encuentro cumbre: una de las bandas más populares del momento junto al cantante maldito, que se recluyó en las afueras de Madrid, en el campo, para desintoxicarse. Pero, es sabido, nada es casualidad. Mientras Bersuit se erigió en esta década como ideólogo del ser nacional, en los últimos diez años, Andrés Calamaro se sumó a fuerza de mil y una canciones a la "santa trilogía solista del rock argentino" (Luis Alberto Spinetta, Charly García y Fito Páez). Por eso, Bersuit y Calamaro ya son sinónimo de la Argentina o, mejor aún, de argentinidad.
Un viaje de egresados
El jueves último, Calamaro se subió al micro bersuitero y compartió el último tramo de la gira por todo el país en la que se encuentra la banda de Gustavo Cordera. Un viaje de egresados de 18 horas (entre Buenos Aires y Mendoza) que fue filmado íntegramente, con una megaproducción, para ser incluido en el DVD "La argentinidad al palo" (ver recuadro).
"Son viejos amigos", sostuvo Calamaro como única razón por la que dejó Buenos Aires (había llegado la semana pasada) para sumarse al tour. "Andrés viene de pasar momentos muy duros, de ganar una pelea grossa, por eso ahora se internó en nuestro hospital neuropsiquiátrico, donde va a recibir más ayuda", dijo Cordera el viernes, en la conferencia de prensa que ofreció en un hotel mendocino.
La banda y el músico, conocidos durante años por sus excesos, ahora parecen haber adoptado un nuevo lema: la salud es lo primero. Vida sana al sol, con ejercicios matinales y almuerzos regados de agua mineral y gaseosas. "¿Vieron lo bien que está Andrés?", fue la pregunta más escuchada del fin de semana. Y la troupe Bersuit no fue la excepción. Después de muchos años arriba de escenarios siempre caóticos, en donde los únicos que se divertían eran los músicos, la banda ahora aprendió a divertir al público. Mucha profesionalidad y un sonido compacto a la hora del concierto, sin fisuras. Algo impensado apenas seis años atrás para este grupo de músicos autodefinidos como "psicópatas marginales".
El mismo viernes, por la noche, el ensayo general en el estadio Juan Bautista Gargantini brindó otra perla que no se repitió en el show, pero que probablemente sea incluida en el futuro DVD: una versión cumbia del tema "Post-crucifixión", de Pescado Rabioso, cantada por Calamaro y el guitarrista Oscar Righi. Totalmente desopilante.
Asado con largas mesas en el césped de la cancha y un improvisado partido de fútbol del que participaron técnicos, plomos y músicos (Cordera, Juan Subirá y Daniel Suárez), cerró la jornada previa al concierto. Todos felices, todos ansiosos.
"Trajimos todo lo que tenemos", dijo un eufórico pelado Cordera, el sábado a la medianoche, en pleno show. Porque más allá de los invitados y las sorpresas, Bersuit llegó a Mendoza con un centenar de operarios y técnicos, y con "el mismo escenario del Quilmes Rock y de Creamfields" (incluidas dos pantallas de alta definición), según aseguró la producción.
Tres horas de fiesta ininterrumpida que demostró cuánto ha crecido la familia bersuitera en todo el país. Muchos niños, más adolescentes y una gran cantidad de familias enteras bailaron y disfrutaron del cóctel sonoro y discursivo del grupo.
Cerca de la 1.30 del domingo, Bersuit y Andrés Calamaro se despidieron del escenario por tercera y última vez. La reunión dejó a todos en elevado estado de shock. Tanto que hasta en una sobremesa se arrojó la idea de hacer un show completo de Calamaro, con la Bersuit como banda. Parece una locura, pero teniendo en cuenta el constante espíritu de nadar contra la corriente de estos artistas, podría hasta sonar lógico.
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