
Entre las escondidas y la gran revelación
Mientras algunos músicos intentan desnudar su esencia, otros disfrutan el "perderse" dentro de una banda
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Recientes investigadores -con la tan norteamericana afición a cuantificar y a clasificar- han comenzado a hablar de la paradoja de la privacidad. Se trata, dicen, de una contradictoria y actual actitud humana: luchar por el derecho a mantener lo privado alejado del "gran ojo", y a la vez alegremente subir a Facebook todo lo imaginable, utilizar teléfonos móviles rastreables y aportar, al navegar por la Red, datos sobre gustos, preferencias e inclinaciones. Paradoja, dicen, porque se trata de gente sana con impulsos y opiniones contradictorias e inconsistentes.
Tampoco que sea tan actual. Sí lo es, por lo menos, el hablar sobre ello, el tomarlo como patrón e inclinación de conducta. Y, con esa también afición de los humanos por saltar campos y exportar ideas puede pensarse que algo así sucede cuando músicos que son front man, los compositores de nombre y apellido, los que hacen de su exposición el pan de cada día, encuentran un extraño placer en desaparecer, en convertirse en algo más allá (o más acá) de sí mismos. Ahora mismo, Warner acaba de editar en la Argentina el álbum debut de Mudcrutch, nombre difícil y de pocas resonancias detrás del que se encuentra Tom Petty. El músico norteamericano, que desde mediados de los años setenta va por el mundo llevando la música con nombre propio y sus Heartbreakers, ahora, casi 40 años después, decidió revivir a su banda original, la que formó en Florida en 1970 y que nunca pasó de grabar demos y algún simple. No fue difícil porque un par de esos músicos continuaron todos estos años a su lado. Pero algo de gusto por el borramiento, por la desaparición hay en que esta vez, aunque con dos tercios de los Heartbreakers, haya elegido retomar el viejo nombre y grabar Mudcrutch , con temas propios, ajenos ("Loder of the Bajou", de los Byrds) y tradicionales con arreglos nuevos. Los Byrds son una buena referencia para este disco que, grabado el año pasado, tiene, sin embargo, el sabor del rock sureño de los años setenta.
El mismo sello ha puesto en bateas en estos días los dos discos de The Traveling Wilburys, (el año pasado había salido una edición especial que reunía en un solo pack los dos CD más un DVD). Banda en la que fueron varios los que andaban en busca de disfrutar de la música livianos y en grupo. El mismo Petty, pero también Bob Dylan, George Harrison (dos con una carga casi imposible de imaginar), Jeff Lynne y Roy Orbison. Bueno, este último sólo en The Traveling Wilburys Volume 1 ; en el Volume 3 , y tras su muerte, quedaron reducidos a cuarteto (y quizás ese volumen 2, que nunca estuvo, hable de la falta más radical de todas).
Saliendo a mostrar
También está el camino inverso. El de eliminar excesos y buscar lo esencial. El nudo. El mismo centro del ser músico. El justo corazón de la canción. Mostrarse sin vueltas. En esto, no hubo en los últimos años mejor guía "espiritual" que Rick Rubin. El maestro de las maravillosas American Recordings de Johnny Cash ha puesto ahora sus manos en dos discos editados por Sony/BMG: Home Before Dark , su segunda incursión con Neil Diamond, y en el que nuevamente todo se reduce, casi, al cantante, su guitarra y sus canciones.
El otro es Seeing Things , primer trabajo solista de Jakob Dylan, que, ya cerca de los 40 años, ha decidido dejar de lado la banda, Wallflowers, tras la que escondió el enorme peso de ser el hijo de Bob (y dedicarse a la música). No podría haber hecho mejor elección, en esta búsqueda de mostrarlo todo, que trabajar con el correvelos Rubin. Como en un trabajo de desacumulación, Jakob se vuelve cantau tor, sin pretender ser vocero de nadie ni gran poeta nuevo. Canta canciones sencillas, introspectivas, que, por momentos, recuerdan a Ryan Adams, pero también a Crosby, Stills y Nash. Y, por allí, casi como un tropiezo, como un encuentro con lo inesperado, un atisbo apenas de "I ll Be Your Baby Tonight".
Alegremente, en cambio, otros van y vienen sin problemas de nombre. Como Mike Campbell, el guitarrista de Mudcrutch, que también pone lo suyo en el disco de Diamond, y lo ha hecho en varios de Dylan, de Wallflores, y en todos los de Petty. Liviano siempre.





