Esperando el show de Aerosmith, en La Plata: hitos y derrapes de la banda

¡Adiós Aerosmith!
¡Adiós Aerosmith! Fuente: Archivo
Mientras nos preparamos para que esta noche, en el estadio Único, Steve Tyler y los suyos se suban al escenario, repasamos la carrera de este grupo que tiene 46 años de rock, hits, peleas y excesos
Joaquín Vismara
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8 de octubre de 2016  • 00:45

Todo tiene un final, todo termina. Aunque no haya una fecha oficial para sellar la despedida, todo parece indicar que el shows que Aerosmith dará hoy en el Estadio Único de La Plata será el último en estas latitudes. Desde 1970 a la fecha, la banda de Boston se encargó de construir una carrera que, aun con sus altibajos (personales, comerciales, físicos y varios), logró crear un nombre a la altura de su propio mito en una historia de ascensos, caídas, mesetas y guerras internas, con una amalgama de hard rock, baladas y blues electrificado como banda de sonido.

Después de establecer el elenco estable de su formación en 1971 (Steven Tyler en voz, Joe Perry y Brad Whitford en guitarras, el bajista Tom Hamilton y el baterista Joey Kramer), Aeromisth firmó su primer contrato discográfico al año siguiente. Su debut homónimo vio la luz en 1973 y, aunque estuvo lejos de ser un éxito, cosechó dos de los primeros hits de su carrera: “Dream On” y “Mama Kin”. La escena se repitió con un poco más de revuelo con el segundo álbum, Get Your Wings , y el fenómeno finalmente tuvo su estallido masivo con el tercero, Toys in the Attic , de 1975, gracias a los singles “Walk This Way” y “Sweet Emotion”.

El camino a la fama siguió su curso con Rocks , de 1976, y el éxito trajo de la mano un par de hábitos nocivos que se reflejaron en la tibieza compositiva de Draw the Line , del año siguiente, y que le valieron a Tyler y Perry el mote de “The Toxic Twins” (los mellizos tóxicos). El ambiente de autodestrucción era tal que el guitarrista abandonó el grupo en 1979 en medio de la grabación de Night in the Ruts , y Whitford, su socio en las seis cuerdas, hizo lo propio al año siguiente durante las sesiones de Rock in A Hard Place , en 1982, probablemente los dos discos peor recibidos en la carrera de Aerosmith tanto por la prensa como por su propio público .

Aunque ambos violeros regresaron en 1985 para Done With Mirrors , la cosa todavía parecía necesitar un empujón más que le sacara al grupo de su letargo para recuperar el vigor perdido. Y la ayuda llegó de la mano del recambio generacional. En pleno auge de la era MTV, el grupo de rap Run DMC regrabó “Walk This Way” e invitó a Tyler y Perry a sumarse al experimento. El tema no solo volvió a poner a Aerosmith a la altura de su propio legado, sino que además presentó a la banda a un público que hasta ese entonces le era más que ajeno. A fuerza de hits colosales (“Dude (Looks Like a Lady)”, “Rag Doll”, “Angel”; “Love in an Elevator”, “What it Takes” y “Janie’s Got a Gun”), los dos álbumes siguientes, Permanent Vacation y Pump , permitieron cerrar la década con saldo a favor.

Los 90 encontraron a Aerosmith convertido ya en un monstruo de estadios que podía medirse con cualquier otra leyenda del rock sin quedarse corto. Prueba de eso fue la aparición de Get a Grip en 1993, que tuvo un listado eterno de singles en alta rotación (“Crazy”, “Crying”, “Living on the Edge”, “Amazing”, “Fever, “Eat the Rich”) y su primera gira latinoamericana, que incluyó una escala en Vélez en enero de 1994 y otras dos más en el mismo lugar (y una tercera en Córdoba) tan solo diez meses después. Y, de a poco, Aerosmith empezó a mirar al mercado del pop con más recelo, y también con más cariño, al entender que existía ahí un público potencial más demostrativo (y por ende más redituable) que el rockero.

Algo de eso se evidenció en 1997 con Nine Lives y sus singles “Pink”, “Hole in my Soul” y “Falling in Love (is Hard on the Knees)”, y terminó por asomarse al año siguiente, con su llegada al mundo de las grandes bandas de sonido. En 1998, Aerosmith acompañó el éxito de taquilla de Armageddon (una película de cine catástrofe protagonizada por Liv Tyler, la hija de Steven) con “I Dont Want to Miss a Thing”, una balada lacrimógena compuesta con Céline Dion en mente, y luego rechazada por la cantante canadiense. La canción es a la fecha el mayor hit de la banda: debutó en el puesto número uno de los charts de su país, donde se mantuvo por cuatro semanas más, un fenómeno que luego replicó en Oceanía y Europa.

El cambio de milenio encontró a Aerosmith con una merma artística acentuada después de la recepción tibia de Nine Lives , y esa incertidumbre creativa es el vector principal de Just Push Play , de 2001. Sus temas rockeros comenzaban a sonar predecibles; sus baladas, edulcoradas y reiterativas. Quizás por eso mismo, los ya-no-tan chicos malos de Boston se tomaron tres años para su siguiente trabajo. Lejos de las producciones súper pulidas de antaño, Honkin’ on Hobo es una recreación cruda y electrificada del repertorio fundacional del blues, un viaje que va de Sonny Boy Williamson a John Lee Hooker, y de Joe Williams al Fleetwood Mac de Peter Green.

Desde ese disco a la fecha, las tensiones entre los dos líderes de la banda comenzaron a hacerse cada vez más evidentes. Las giras comenzaron a ser cada vez más espaciadas, y cada uno se tomó el tiempo que consideraba necesario para sus inquietudes ajenas al grupo. Después de una gira que volvió a traer a Aerosmith a Buenos Aires en 2007, Tyler declaró que sus compañeros estaban probando cantantes para reemplazarlo, un rumor que llegó a tener a Lenny Kravitz primero en la lista de potenciales candidatos.

En 2011, el cantante hizo su debut como parte del jurado del reality American Idol, una decisión no del todo bien recibida por el núcleo duro de seguidores del grupo. Music from Another Dimension , su último disco de estudio a la fecha, se publicó en 2012 casi como una manera de disipar rápido las dudas sobre el futuro de Aerosmith. Con un éxito ya en piloto automático, la recepción tibia por parte de la crítica se reflejó en una venta magra de copias, que de todos modos no impidió que el grupo se embarcase en una nueva gira mundial, que tuvo escala porteña en 2013 como cabeza de cartel del Personal Fest.

Con los tours cada vez más espaciados entre sí mientras Tyler y Perry encaraban proyectos personales (el primero, un disco de country; el otro, su autobiografía), Aerosmith vio la necesidad de volver a la ruta después de quedarse sin contrato discográfico. Y lo que en 2015 fue un reencuentro con las masas en búsqueda de renovar la vigencia, con el pasar de los meses comenzó a convertirse en una posible gira despedida, y varios motivos llevan a pensar que tal vez esta oportunidad los rumores no están tan errados. Los dos integrantes de su principal motor creativo distanciados entre sí, el problema cardíaco que obligó a Perry a abandonar el escenario de su otra banda, Hollywood Vampires y resultados cada vez más más magros en el estudio son motivos más que válidos para sospechar que el fin se avecina. Para disipar las dudas, los propios músicos dijeron que el adiós podía durar “entre dos años y una eternidad”, pero aun así todo eso convierte a su show de hoy en una cita obligada. Ojalá no sea la última.

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