Exito de Ariel Ramírez

La Misa Criolla resplandeció otra vez en Israel
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24 de enero de 2002  

La de la Misa Criolla es una larga historia que arranca en los años en que Ariel Ramírez esparcía, no sin privaciones, su arte pianístico desde la Roma que había elegido como sede de su exilio hacia Italia, Francia, Austria, Suiza, Alemania, Holanda, Inglaterra, España... Pero se plasma a mediados de 1964. El músico había terminado de escribir, luego de varias consultas sobre la nueva liturgia aprobada en el Concilio Vaticano de 1963, una Misa Criolla, con textos en castellano. El rito se oficiaba, hasta entonces, en todo el mundo, en latín. En ese momento, el director de Philips, Máximo Wyngaard, conjeturaba que una misa no vendería ni una sola placa en el mercado. Días después, el ejecutivo de la multinacional le comenta a Ariel que se había enterado de que existía una misa africana (la Luba), que había vendido dos mil discos aquí y otros tantos en varios países europeos. Por tal motivo, le comunica al maestro Ramírez su decisión de editar por fin su Misa Criolla. El lanzamiento inicial fue de 2000 placas. Ese, día sólo en el centro de Buenos Aires se agota la edición. A la semana siguiente se lanzan otras diez mil. El éxito se repite inmediatamente. Philips decide entonces publicar cincuenta mil long plays. Hacia fines de diciembre estaba todo vendido. La Misa Criolla seguía comprándose como el pan en todo el país.

Hoy, desde aquel final de 1964, la Misa de Ariel Ramírez lleva vendida la friolera de treinta millones de placas en todo el mundo.

Esta es la Misa que acaba de cantar, los últimos días de diciembre, en el Mann Auditorium, de Tel Aviv; en el Congress Centre, de Haifa, y en el Internacional Congress Hall, de Jerusalén) el Coro de Cámara de Tel Aviv, dirigido por Michael Shani, con Ariel Ramírez en piano y dirección general. Salas enormes, con capacidad para 4000 y 5000 personas aplaudieron de pie los ritmos autóctonos argentinos expresados en el Kyrie (baguale-vidala), Gloria (carnavalito-Yaraví), Credo (chacarera trunca), Sanctus (carnaval cochabambino) y el Agnus Dei (estilo pampeano).

La voz de Javier Rodríguez, la quena de Raúl Olarte, el charango de Angel Velázquez, la guitarra de Norberto Pereyra y la percusión de Horacio Straijer dieron nuevo vuelo a los acentos surgidos desde el piano de Ramírez. En la primera parte, los israelíes pudieron escuchar desde un vals criollo hasta una chacarera, pasando ineludiblemente por la bellísima zamba “Alfonsina y el mar”, otro fenomenal éxito mundial del músico.

Pero también pudieron disfrutar de parte del ciclo Navidad Nuestra, que Ariel compuso sobre inspirados versos del poeta Félix Luna y que es compañero inseparable de la Misa en los discos. Entre ellos, “La peregrinación”, que también ha recorrido mucho mundo.

Esta fue la quinta visita de Ariel Ramírez a Israel. La primera ocurrió en 1983. El saldo de esta última fue un nuevo compromiso del maestro para ofrecer allá, con coros o grupos argentinos, no solamente folklore nuestro, sino también música ciudadana.

No obstante el descomunal éxito mundial de la Misa Criolla, Ariel Ramírez está convencido de que lo mejor que escribió en su vida es la “Misa por la Paz y la Justicia”. Pero admite que en cuestión de fama y prestigio “la música es un misterio”.

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