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"Siempre que me preguntan quién soy respondo con esta canción", dijo Fito Páez antes de cantar al piano "Al lado del camino", el clásico de Abre que construye su pequeña autobiografía en clave Dylan. Fito venía de tocar "11 y 6" y empezaba a confirmar, en su primera presentación en el Lollapalooza , por qué estaba ahí. Pocos artistas nacionales tienen un songbook tan robusto y vigente como el de Páez, con clásicos de cuatro décadas que siguen flotando en al aire y transmitiéndose a través de las generaciones. Bastó ver la conexión del público adolescente del Lolla con un show que fue sumando espectadores a medida que pasaban las canciones y crecía en intensidad.
El pico eléctrico de la performance fue una versión extendida y feroz de "Ciudad de pobres corazones", con Gastón Baremberg soltando rayos en la batería y el guitarrista Juani Agüero en rol de guitar hero, pero esos momentos de comunión coral que aparecen en los conciertos de Páez ("Brillante sobre el mic", "Y dale alegría a mi corazón") parecen hechos para este tipo de festivales.
"Hasta mañana, lollapaloozes. Salud, dinero y amor para todo el mundo, carajo", dijo mientras cerraba "A rodar mi vida" y antes de arrancar con "Mariposa tecknicolor". Para el final dejó el filo de "El diablo en tu corazón", ese tema de Rey Sol que pintaba el clima cultural de Buenos Aires cuando todavía no se hablaba de grieta. "Parece escrita hoy. La hice en el 2001", dijo el cantante. Entre la sintonía política implícita y el optimismo musical que impregna sus shows, el artista cerró el que probablemente sea el set de rock nacional más importante en las seis ediciones que lleva el festival en Argentina. Sus últimas palabras fueron: "Viva la música"
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