
"Fuego en Casabindo": una ópera argentina
Con música del recientemente fallecido Virtú Maragno, sobre el texto de Héctor Tizón, la pieza será estrenada mañana en el Teatro Colón
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Virtú Maragno intuía que la primera ópera que escribía en su vida, basándose en la novela de Héctor Tizón, "Fuego en Casabindo", sería su última composición. De hecho lo hizo luchando contra una enfermedad que, finalmente, lo llevó a la muerte el 24 de febrero último. Pudo completar su obra , aunque no llegar al siempre anhelado estreno, que tendrá lugar mañana, a las 20.30, en el Teatro Colón, como parte de la temporada lírica 2004.
"Fuego en Casabindo" despliega a lo largo de su prólogo y once escenas una especie de autobiografía de la vasta experiencia musical de Maragno, con el marco del proteico y metafísico norte argentino, magistralmente relatado por Héctor Tizón.
Texto breve, escrito en forma coral, en el que la historia se escribe a partir de la suma de testimonios de vencedores y vencidos, con la magistral pluma de Tizón, fue centrada por Maragno en unos pocos personajes, alrededor del acontecimiento histórico en que se basó el escritor jujeño. "El tema central -comentaba Maragno- se refiere a la batalla de Quera, pequeña localidad del nordeste de Jujuy, en 1870. El nudo dramático lo constituye la muerte del líder colla Doroteo, que reaparece convertido en «alma errante» buscando a su verdugo, el mayor López, jefe de las fuerzas del gobernador, el cual, aterrorizado, se suicida".
Tizón, a su vez, definió a su "Fuego en Casabindo" como "la historia de un combate cruento y desigual por unas tierras yermas". Sobre ese terreno, donde dos culturas vienen colisionando (y fusionándose) desde hace cinco siglos, Maragno se propuso el desafío de dejar su aporte al teatro musical argentino, poniendo toda su experiencia vital.
Nacido en Santa Fe en 1928, Maragno comenzó sus estudios en su ciudad natal. En Buenos Aires, Luis Gianneo fue su primer maestro de composición, mientras que en piano tomó clases con Antonio de Raco y Vicente Scaramuzza. Si en la Argentina recibió de Gianneo la influencia de la escuela nacionalista y el neoclasicismo, una beca que le permitió continuar sus estudios de composición en la Academia deSanta Cecilia de Roma con Goffredo Petrassi, y de dirección coral con Franco Capuana, en 1959 lo puso en contacto con la vanguardia musical de la época.
Producto de esto, Maragno trazó un camino personal y equidistante. Algo que se trasluce en la combinación de técnicas compositivas empleadas en esta ópera, que contó con libreto de Eduardo Rovner y Bernardo Carey, ya que Tizón declinó realizar la tarea, alegando falta de experiencia en la materia.
Así, en "Fuego en Casabindo" se encuentran ritmos populares estilizados, como la habanera, que identifica al personaje de la Cruceña, amante del mayor López, y una fiesta popular con fuerte anclaje tonal. También llega a distintos tipos de canto y canto hablado y abundantes pasajes no tonales.
La erudición musical de Maragno (reconocido, y también temido, docente de contrapunto y armonía) se observa también en el uso, por ejemplo, del Dies Irae en la escena de la confesión de López ante el obispo. O, cuando sigue la añeja tradición alemana, de Bach a Alban Berg, de valerse del alfabeto musical sajón para extraer el leitmotiv de la ópera de las letras del título de la novela.
"Fa, mi, sol", por ejemplo, se corresponden con la nomenclatura musical sajona F, E,G; notas que se escuchan en sucesión -sobre un oscuro acorde tenido- en el segundo compás del Prólogo. Tizón, precisamente, recuerda que, en su encuentro con Maragno, el compositor le tocó esta melodía que, de este modo, surgió de las palabras del propio escritor. "Esta melodía no la escribí yo, sino usted", cuenta Tizón que le dijo Maragno en esa ocasión.
En ese encuentro también acordaron que, a pesar de la fuerte referencia geográfica de la historia, que Tizón publicó en 1969, no habría una pintura "folklórica". Así, la música es mayormente "abstracta", salvo en los ya mencionados números de la cruceña y la fiesta.
En la misma dirección corre la puesta que preparó para el estreno el régisseur Alejandro Tantanian. El dramaturgo no llegó a trabar contacto con Maragno, pero decidió apostar por una concepción despojada y abstracta, totalmente alejada del pintoresquismo, como explicó a LA NACION durante uno de los últimos ensayos de la ópera.
Doroteo y su madre Santusa, el mayor López y la Cruceña conforman el cuarteto vocal protagónico. Pero también es protagonista central el coro. Planteado como un coro griego, tiene un papel importante en la historia, tanto en términos teatrales como musicales.
No es algo casual: Maragno desarrolló una intensa labor como director de coros, lo que le dio una maestría en la escritura polifónica que se observa en cada una de las intervenciones del grupo vocal a lo largo de la ópera.
Tradiciones
"Fuego en Casabindo" se suma -además de a la lírica nacional- a una curiosa pero ya fortísima tradición en la producción musical argentina. Según explico a LA NACION Olga Maragno, viuda del compositor, las primeras dos escenas de la ópera fueron escritas en el atelier que el Mozarteum Argentino posee en París. En esa ciudad mítica para la cultura nacional y en ese departamento en el que compositores y escritores (de Piazzolla y Ginastera a Mujica Lainez) dieron a luz a sus creaciones, Maragno comenzó su ópera.
A su vez, el final de la obra cierra todo un ciclo vital propio, como bien remarcó Pola Suárez Urtubey en su columna del jueves último, en estas páginas: "Hacia el final de la ópera, y como una metáfora más en medio de las imágenes y símbolos de Tizón, una canción de cuna nos devuelve al músico de 1952, al de sus tempranos testimonios". Ese fragmento, entonado por Santusa, la madre del desdichado jefe indígena Doroteo, fue recuperado por el propio Maragno de sus archivos de juventud. Y es su testamento musical que, a partir de mañana, se podrá apreciar en el Colón.
Los elencos y las funciones de la obra
Se realizarán cinco funciones de abono de "Fuego en Casabindo": mañana, pasado mañana, el jueves, el viernes y el domingo, y una función extraordinaria para estudiantes, el sábado. La dirección musical corresponde a Carlos Calleja. La régie es del autor y director Alejandro Tantanian. La escenografía estará a cargo de Oria Puppo y Jorge Pastorino, el vestuario de Mariana Polski y la iluminación será de Jorge Pastorino. Además de la Orquesta Estable, participará el Coro Estable del Teatro Colón, dirigido por Alberto Balzanelli. Las voces principales serán las del barítono Luciano Garay como el mayor López, la soprano Patricia Gutiérrez como Cruceña, el tenor Carlos Duarte como Doroteo y, en el papel de la Madre, la mezzosoprano Lucila Ramos Mañé (los días 1°, 3, 4 y 6 de junio). Mirko Tomas, Mónica Ferracani, Fernando Chalabe y Virginia Correa Dupuy cantarán en las funciones del 2 y 5. Opera en un prólogo y once escenas con música del compositor argentino recientemente fallecido Virtú Maragno, sobre la novela homónima de Héctor Tizón, con libreto de Rovner y Carey.




