
Gloria Gaynor cantó en vivo
Símbolo de la música disco y de la cultura gay, actuó el lunes
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En la noche del lunes, el clima del Gran Rex era de fiesta retro. Sin famosos (la mayoría estaba en los Martín Fierro, y el resto, mirándolos en su casa), pero con alrededor de 3 mil personas de más de 30 años, estaba por comenzar el recital de Gloria Gaynor, una de las divas de la música disco.
El recital era a las 21.30 y, a esa hora, estaba casi todo el mundo sentado. Pero por esas cosas que pasan siempre en los recitales, empezó media hora tarde. Apenas se encendieron las luces del escenario, quedaba a la vista la banda de músicos y, en off, se escuchaba una voz que cantaba: "You re just too good to be true... can t take my eyes off of you...". Era el comienzo de "No puedo quitar mis ojos de ti", uno de sus hits. Fue suficiente para que la gente comenzara a gritar y corear la canción en un inglés fonético. Había ganas de disco. Pero faltaba la bola de espejitos.
Era el comienzo de un show casi íntimo, para nostalgiosos de ritmos que ya para uno de treinta son viejos. Pero para aquellos que vivieron sus años jóvenes de música disco, cuello largo y bocamanga ancha no importaba. Era momento de jolgorio.
No se trataba de un show a lo U2 o a lo Madonna... Una puesta de luces sencilla, pero sin playback . Con una orquesta de argentinos dirigida por Rano Sarbach (guitarra), que sonaba muy bien, con Jota Morelli (batería), Hernán Jacinto (piano y teclados), Ezequiel Kronemberg (bajo), Sepi Prezzia (saxo tenor), Juan Escalona (trombón), Miguel Angel Hornes (trompeta) y un coro entusiasta con Anita Alvarez de Toledo, Lía McDonell y Lolo Gasparini.
"Puedo decir hasta pronto, puedo decir hasta luego, pero nunca puedo decir adiós", dijo Gloria Gaynor en castellano apenas terminó su primera canción. Era el pie para comenzar a cantar, precisamente "Nunca puedo decir adiós" y para comprarse al público. Recordó que vino por primera vez a la Argentina en 1974 y que le gustan los alfajores y las empanadas. La gente chocha.
Es que, tal como lo contó en "Mañanas informales", aprendió a hablarlo hojeando un diccionario. Y lo hace bien. Igual, es tierno ver a un extranjero esforzándose por hablar bien en el idioma de uno.
"¡Diosa!", le gritó desde la fila 14 el locutor Claudio Arellano. "Cuando era joven", le respondió la cantante desde el escenario.
Hizo algunos temas de su último disco, esos que nadie conocía, pero que el entusiasmo obligaba a aplaudir. Algunos de ellos, referidos a su pasión por Jesucristo. "Es la respuesta para los problemas. Porque yo tuve muchos", aclaró. Así interpretó: "Just No Other Way", "You re the Answer" y "Just Keep Thinking About You".
Icono gay
Pero el segundo gran estallido ocurrió cuando comenzaron a sonar los acordes de "Soy lo que soy" ("I Am What I Am"), el tema principal de la comedia musical "La Cage Aux Folles", y que ella hizo en su versión pop. Allí quedó asentado, por si a los poco observadores les quedaba alguna duda, que un gran porcentaje del público de Gloria Gaynor es gay. Esa canción es una suerte de himno, así como lo es "Sobreviviré" ("I Will Survive"), momento cumbre del show en el que el Gran Rex de pie bailó agitando los brazos y ansiando su bola de espejos. Como bonus track , cantó también el tema en español.
¿Por qué al gay le gusta tanto esta canción y esta cantante? El periodista Osvaldo Bazán, en medio de la función dice: "El glamour disco, la alegría (gay) y el grito de guerra de «Sobreviviré» en un mundo machista. No habría que olvidar el contexto del nacimiento de la música disco, previo al nacimiento del sida. La «alegría» gay, que es la única forma que tiene la sociedad de incorporar la homosexualidad sin dar un debate profundo. Supongo que es eso, que excede la letra de la canción, porque hay otras que hablan de supervivencia y que no se tomaron como íconos gays. No sé... digo". Puede ser. Gusta y está bien.
A Gloria Gaynor voz no le falta. Emocionó con "Killing Me Softly" y se exaltó en "You ll be Mine" y "First Be a Woman". Para el bis, no le quedaban muchos temas más, pero cantó otra vez "No puedo quitar mis ojos de ti" para alguno que hubiera entrado tarde en el recital. Cuando terminó, el "olé, olé, olé, olá" no sirvió demasiado. Se fue a los camarines. Hasta ahí llegó su amor. Para los que allí estaban, y que pagaron entre 45 y 160 pesos de entrada, fue suficiente. Aunque no hubiera bola de espejos.



