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Tani: una promesa puertas adentro
Mew: "League of legens", "Pop Song", "Red", "USB", "Today You Are Ohone", "Blur", "No Name"

Si con su ultra low-fi debut Uturnis (2015) Tristana Wolf, una chica de 23 años que vive en Colegiales y responde al nombre de Tani, se ganó su fama de geniecilla de la canción indie pop guitarra criolla bedroom y coritos irresistibles, con su segundo opus Mew apunta maneras de diva alternativa con vocación de ídola internacional en más de un idioma. En total son siete canciones escritas desde pianos mínimos y certeros, una colección de artefactos meláncólicos pero esperanzados que reconocen la influencia de Regina Spector y Kate Nash con la seguridad de quien se sabe sobrada de personalidad y claridad conceptual. Hay pasajes que evocan a Nico (la sangre alemana) e instantes que tienen algo de Donovan y hasta de Nick Drake, y tanto la producción de Diego Acosta como la gráfica de Puebla Estudio se ajustan a su medida, corte y estatura. En cuanto al miniescándalo del que una prometedora letrista de genio en español grabe un segundo disco en inglés, lo cierto es que Mew tiene mucho más de macerado capricho infantil que de extraviada rebeldía adolescente: Tani es dueña de una inteligencia pop de sutileza superior y en su flamante maullido y ronroneo hay motivos y melodías que llegaron para quedarse.
Por Esteban Rial
Marilina Bertoldi: fortaleza sonora y letras iracundas
Prender un fuego: "o no?", "Fumar de día", "La casa de A", "Nunca", "Correte", "China", "Tito volvé", "Intervalo", "Techo", "Remís" y "Prender un fuego" (Pelo Music)

Si fuera posible trazar una genealogía femenina, tan aleatoria como efectiva para explicar la propuesta femenina (y feminista) de Marilina Bertoldi, este camino incluiría: Actitud María Marta, María Gabriela Epumer, Lula Bertoldi (su hermana, líder de Eruca Sativa), Florencia Ruiz y la propia Marilina en sus versiones solista y con su banda Connor Questa. Sí, diversidad de nombres y diversidad de propuestas que, aun así, no alcanzan para definir Prender un fuego, tercera producción en solitario de esta cantautora nacida en Sunchales, Santa Fe, hace treinta años.
El combo de mujeres coincide en actitud. Porque aquí hay fortaleza sonora, letras iracundas, metal, amor, intención experimental, pop, funk. Todo distribuido en los 11 grandes temas del disco, producido por Bertoldi con Brian Taylor. Ya editado digitalmente, el álbum saldrá en diciembre en vinilo y en CD.
Más allá de la senda estrogénica y local, la totalidad de esta obra estalla en otros sentidos. Por un lado, como un recorrido compacto, imposible de desmembrar: hay que escuchar el disco entero. Y por otra parte, a cada canción como tal, como "China" (deudora directa de Björk), "Original" (en clave Cerati solista), y "O no?" (con su furia desencantada casi grunge).
Por Silvina Marino
Imagine Dragons: mirar al cielo, salvarse en la Tierra
Origins: "Natural", "Boomerang", "Machine", "Cool Out", "Bad Liar", "West Coast", "Zero", "Bullet in a "Gun", "Digital", "Only", "Stuck", "Love", Birds", "Burn Out" y "Real Life" ( Universal)

Quizá por una cuestión de cercanía, de primos mayores, estos muchachos de Las Vegas nunca quisieron ser como The Killers. Su obsesión es transformarse en los nuevos Coldplay. Y ahí está el carismático Dan Reynolds cantando "Cool Out", una balada que funciona como una tibia brisa de verano.
Después de esos golpes certeros que fueron sus primeros dos álbumes de estudio, Night Visions (aquel de "Radioactive") y Smoke + Mirrors, con el tercer capítulo (Evolve) intentaron ampliar la paleta y con el flamante Origins se volvieron más épicos que nunca. Esa percusión seca, émulo de la tribal, se torna acá un gran protagonista de las fábulas épicas que promueven Reynolds y los suyos. Su idea parece ser mirar al cielo... pero encontrar la salvación en la Tierra. Así como son capaces de decir que "es tiempo de levantarse" en ese intento de himno generacional que es "Machine", también pueden arremeter en los mismos tres minutos y pico con pedidos más mundanos: "Llena mi copa con infinita ambición". Si Chris Martin hubiera nacido en Las Vegas, si masticara tanto desierto y exageración como Reynolds, probablemente escribiría letras similares. Las "bandas de estadio" tienen ese no sé qué y el viaje de Imagine Dragons hacia ese lugar parece no tener boleto de vuelta.
Por Sebastián Espósito
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