
Gran recital de clave por Mercedes Pomilio
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Recital de clave por Mercedes Pomilio , organizado por Lutherarte y el Ciclo 2004 de Música Antigua para teclado. Programa. "L´Aimable", "Tambouin" y "Les Matelots" de Pancrace Royer; "Vingt-troisieme Ordre", de François Couperin, " La joyeuse" y "Le coucou", de Louis Jacques Daquin y Suite en Mi menor, de Jean Philippe Rameau. (Clave según Pascal Taskin, Paris 1769. En la Iglesia Evangélica Luterana Unida de Belgrano La Cruz de Cristo.
Nuestra opinión: excelente
El cultivo de la música antigua tiene en Buenos Aires ocasionales oportunidades de manifestarse. Son menos frecuentes los ciclos dedicados a manifestaciones como la música para clave, si bien existen en nuestro medio distinguidos cultores del instrumento. El Ciclo 2004 de Música Antigua para teclado, organizado por Lutherarte en el barrio de Belgrano, cubre esa carencia, constituyendo un excepción significativa que merece ser tenida en cuenta por la calidad de sus manifestaciones en lo que va del año, a cargo de instrumentistas de nuestro país y del extranjero, y el amplio panorama de compositores y obras del pasado que conforman sus programas.
El que acaba de ofrecer Mercedes Pomilio habrá de figurar entre los mejores de la actual temporada por la calidad de sus interpretaciones, signadas por el dominio técnico y estilístico de las obras ofrecidas. Pomilio conjuga estos valores desde la cátedra, por medio de su actividad concertística, y aun en la discografía de autores contemporáneos. Todo ello se halla avalado por estudios académicos serios sobre la literatura clavecinística renacentista y barroca, de lo cual ha dado suficientes muestras en el país y el extranjero.
Cuatro expresiones de la música del barroco francés, entre ellas dos de sus mayores figuras, fueron elegidas por Pomilio para exhumar un arte que es hoy privilegio de quienes saben ver en él su actualidad perenne, potenciando el valor estético que encierran no obstante las limitaciones instrumentales que les sirven de soporte. En medio de gigantes del barroco francés como Rameau o Couperin, llegan hasta hoy las exquisitas piezas de Louis Claude Daquin o las ignotas obritas de Pancrace Royer que yacen en el olvido. De este músico de origen italiano, radicado en París, que vivió entre 1700 y 1755, y compuso música alejada de la rígida pulcritud de muchas obras barrocas, se escuchó primero "L´Aimable", cuya flexibilidad rítmica dio lozanía a su textura, con originales modulaciones y delicados adornos. En "Tambourin" la intérprete hizo aflorar un pomposo aire marcial; y en "Les Matelots", el ritmo vivo impuso alegría a los acordes del bajo.
Famoso en su tiempo como ejecutante (fue organista y maestro de Cámara del rey, en 1753), Louis Claude Daquin (16894-1772) deja entrever en sus piezas para clave el brillo y la concepción virtuosística que tenía del instrumento; ellas siguen en importancia a las que compusieron Couperin y Rameau. En la conocidísima "Le coucou", imbuida de cierta espontaneidad ingenua, el toque fue bien articulado, destacándose el contrapunto imitativo y el ritmo isócrono del reloj; las variaciones de registro dieron riqueza sonora al discurso. La definida línea melódica de "La joyeuse", con sus temas repetitivos mantuvo su gracia aun dentro de un aire de nostalgia.
Como eximio representante de la música que mejor reflejó el espíritu de la época, por medio de la música para teclado, Françoise Couperin -llamado "el Grande"- (1668-1733) fue el astro máximo del rococó, aunque enraizado todavía en el barroco, su "23eme. Ordre" exhibió gracias al abordaje de Pomilio todo su esplendor, con un refinamiento que lo vincula con el arte pictórico de Watteau y al mundo sonoro del laúd. En diminutas piezas de carácter como "L´Audacieuse" o en "L´Arlequine", "Les Gondoles de Delos" con su fuerte marcación rítmica o las interesantes modulaciones descendentes, o en "Les Tricoteuses" (Las tejedoras) un juego casi tocatístico, muy vivo y articulado, que han de desvincularse empero del significado de sus títulos, tan sólo pretextos para su arte impar.
El enfoque objetivo que le dio la intérprete a esta música exquisita coincidió con la concepción estética típicamente francesa de hacer música que agrade, sin lirismos apasionados, más propios de otras latitudes, sublimando las emociones. En este sentido, la música de Rameau (1683-1764), paradigma de la música francesa de su tiempo, lució desde la "Allemande" de su Suite en Mi menor, perteneciente a su 4° Libro de Ordres (suites), toda su elegante solemnidad y su brío característicos, su sólida lógica expositiva y su sonoridad plena, como en la "Courante", con acordes arpegiados que le confieren la amplia sonoridad y la permanencia del sonido que Rameau procuraba lograr en el clave. Su claridad armónica, los pujantes acentos, y su habilidad para apropiarse de los hábitos rítmicos de los animales hicieron de "Le rappel des oiseaux" (El llamado de los pájaros), en la interpretación ofrecida, con sus trinos alternados y contrapuntos un dechado de gracioso realismo. Fuera de programa, Pomilio ofreció "Musette", del Libro de Ana Magdalena Bach y "Solfegietto", de Carlos Felipe Emanuel Bach, donde sobrevuela el espíritu de Couperin.
Al término, y para responder a los sostenidos aplausos de una concurrencia que colmó el templo, Pomilio añadió una página del Libro de Ana Magdalena Bach (Musette), y el "Solfegietto", de Carlos Felipe Emanuel Bach, donde resuena el espíritu de Couperin.




