Grupos de percusión que siguen sonando
¿Cuántas cosas sobreviven luego de ser moda? No tantas. El boom de la percusión fue, en nuestro país, un fenómeno finisecular que podía estar asociado, como otras inquietudes argentinas, a la búsqueda de las raíces. Tambores, parches de cuero, música negra, elementos afroamericanos de la cultura. Incluso, hubo cierta obsesión por encontrar el componente "afro" hasta en aquello que nunca lo tuvo. Pero, como todo, lo genuino es lo que se comienza a ver cuando muchas cosas ya han pasado por el tamiz del tiempo. Lo genuino y sincero, más allá de cualquier moda, es que grupos de percusión, como La Chilinga, el Choque Urbano o La Bomba de Tiempo, sigan convocando público o, incluso, gente con ganas de tocar tambores sin pretensiones de convertirse en profesional. La percusión como punto de encuentro. Veamos estos casos bien diferentes.
La Chilinga, que el último jueves, agregó una función de su último espectáculo en el Teatro ND / Ateneo, ya tiene 17 años. Sigue siendo una escuelita, pero va camino a la mayoría de edad. No sólo graba discos, se multiplica como espacio de contención social. La Bomba de Tiempo, integrada por percusionistas de primera línea, tiene su búnker en la Ciudad Cultural Konex desde 2006. Su especialidad, además de la improvisación percusiva mediante dirección de señas, es la interacción con músicos de las más variadas extracciones. El Choque Urbano (cumplió diez años en marzo) ganó su prestigio investigando las posibilidades sonoras de elementos cotidianos y su aplicación en la música, la danza y el teatro. Su éxito sigue intacto.




