
La industria de la música vive en Guadalajara
Con bastante presencia argentina se realizó una nueva edición de Fimpro, una feria en la que se reúnen programadores de festivales, bandas y público en general
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GUADALAJARA.- A cuestas de su sonido envolvente, hipnótico y primitivo, Los Espíritus se posicionaron como una de las revelaciones de la nueva edición de Fimpro, la feria destinada a los profesionales de la música que se celebró la semana última en la segunda ciudad más importante de México. Aquí se dieron cita mil actores de la industria, entre músicos, managers, promotores, periodistas y programadores de prestigiosos festivales como Glastonbury (Inglaterra), Rock al Parque (Colombia) y Cumbre Tajín (México).
En ese contexto, la presentación del sexteto argentino liderado por los guitarristas y cantantes Maxi Prietto y Santiago Morales sobre el escenario del club C3 fue apoteótica. Su aproximación a los blues con aires latinos, camisas hawaianas y una alta dosis de psicodelia fue una de las performances más celebradas del encuentro. Sus hits de largo aliento, como "Jesús rima con cruz" o "Lo echaron del bar", funcionan como relatos que abducen a los oyentes en un trip sensorial atrapante y bailable a la vez. Su performance no sólo fue de las más destacadas entre la delegación argentina, sino que los posicionó entre los mejores grupos de todo el evento.
Otra de las revelaciones fue el ecuatoriano Mateo Kingman, cuyo show merece calificación similar al de Los Espíritus (hipnótico, envolvente, bailable), aunque a la performance musical le añade una poderosa puesta visual donde revisita iconografías ligadas a los rituales medicinales de la ayahuasca. Un imaginario donde confluyen sonidos de la selva amazónica mezclados con beats electrónicos y elementos del hip-hop que llamaron la atención de Gustavo Santaolalla, quien luego de brindar una charla abierta y un miniconcierto con su ronroco quiso conocer al ecuatoriano. "Su música refleja el lugar de donde viene y tiene una cualidad sanadora", explicó.
A solas sobre el escenario del imponente Auditorio Telmex, con un pequeño arsenal de teclados y guitarras y un vestuario impactante, Audia Valdez (álter ego de la argentina Eloísa López) mostró sus canciones electrónicas que, sin abandonar el formato canción, adoptan un formato arriesgado y experimental.
En el Teatro Estudio Cavaret, anexo al Telmex, entre tequilas y cervezas, Los Músicos de José (México) brindaron su original tributo funky al Rey del Mambo, Dámaso Pérez Prado. Porter, crédito de la ciudad, mostró las canciones de Moctezuma, un disco de impronta rockera, adherencia pop y esencia prehispánica. Probablemente se trate del grupo mexicano que mejor entendió el legado de Café Tacvba. Y desde ¡Ucrania!, el cuarteto DakhaBrakha generó una fiesta de sonidos folklóricos del este europeo que conforman, en su energía y encanto, un verdadero esperanto musical. Con un vestuario impactante, y una formación que va del violonchelo al djembe, y del didgeridoo al ukelele, ostentan voces celestiales que, al unísono, se proyectan al infinito.
Parte del encanto de esta feria es descubrir diversas salas de conciertos y también ofrecer un panorama de la ciudad. Por eso se montó un escenario dentro de una carpa en la Rambla Cataluña, a un costado del Museo de las Artes, que ofrecía su espacio para las ruedas de negocios al mismo tiempo que una muestra con las fotos que Fernando Aceves le tomó a David Bowie durante su visita a México, en 1997, y una exposición con obras de artistas modernos de México (Rivera, Orozco, Siqueiros) y Europa (Picasso, Matisse, Bonnard). Sobre ese escenario se presentó El Ombligo, un cuarteto colombiano que incluye entre sus filas al tecladista Ricardo Gallo, una especie de John Medeski de impronta tropical; al bajista Santiago Botero, al guitarrista Kike Mendoza y al baterista Pedro Ojeda. Los dos volúmenes de sus discos Canción psicotrópica y jaleo llevan la cumbia a una nueva dimensión: abordan el género desde una perspectiva experimental, con coqueteos en clave free jazz.
Sobre ese mismo escenario, Axel Krygier se apropió del viejo proverbio oriental que indica que "crisis significa oportunidad". Un problema entre su computadora, donde tenía grabadas las bases de su solo set, y el teclado, derivó en severos problemas de sonido. Con más de tres décadas de experiencia sobre sus espaldas salió airoso del mal trance conformando una mezcla de stand up y ruidismo, al tiempo que improvisaba unas rancheras delirantes. Una salida tan airosa como memorable.
En la intimidad del Palíndromo, un boliche para unas 200 personas, Nelda Piña y la BOA (Bogotá Afrobeat Orquesta) desplegaron un set que combina las sonoridades del Caribe colombiano con el ritmo fundado por Fela Kuti, en un in crescendo intenso y bailable. En ese mismo contexto íntimo, Barbarita Palacios presentó las chacareras y cumbias con aire rockero de Si va, su elogiado álbum debut, acompañada únicamente por Javier Casalla, en violín, guitarra y programaciones. Como broche de lujo, Santaolalla se sumó con su guitarra para cantar la emotiva "Espejos rotos" y, luego, "Suposición del temporal".
La programación incluyó también muy buenos conciertos de La Santa Cecilia, Diamante Eléctrico (power trío de Colombia) y el funk tropicalista de Tulipa Ruiz, además de charlas, capacitaciones y entrevistas públicas. "Este tipo de espacios tiene como objetivo articular información a través de nuestra plataforma y que los artistas, los gestores y los actores vinculados a la industria puedan acceder a esa información", explicó Sergio Arbeláez, factótum del evento.





