Hanna Schygulla: "Siempre cito a Borges"

La actriz fetiche de Fassbinder celebra sus 60 años cantando tango y recitando textos del autor de "El aleph" en Munich; vendrá en octubre a Córdoba con un homenaje a Louise Brooks
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17 de mayo de 2003  

MUNICH.- Fue la actriz fetiche de los films de Rainer Werner Fassbinder y un icono de la estética de los años 70; el rostro de María Braun, Effi Briest y Lilli Marleen, entre tantos otros inolvidables personajes de la gran pantalla. Hoy, la reconocida actriz germana -nacida en la Polonia ocupada por los nazis- celebra su sexagésimo aniversario cantando tango y recitando textos de Borges a lo largo de una gira por Alemania. "Der Tango, Borges und ich-Hommage an Buenos Aires" (El tango, Borges y yo-Homenaje a Buenos Aires) es el título del nuevo espectáculo de Hanna Schygulla con el dúo Tango Immortale, integrado por Peter Ludwig en piano y Sissy Schmidhuber en chelo. El programa, dedicado a la figura de Borges, como explica la actriz, presenta textos del escritor argentino recitados en alemán, escogidos y reelaborados por la propia Schygulla. Esos relatos van hilvanándose, como parte de una misma historia, con tangos tradicionales interpretados en su idioma original, entre ellos "Volver", "Uno", "El día que me quieras", "Cuesta abajo" y "La última curda", más otras composiciones instrumentales de Ludwig, a cargo del dúo. LA NACION asistió a la premiére del espectáculo en el Prinzregententheater de Munich y dialogó con la mundialmente famosa y premiada actriz.

-¿Por qué un homenaje a Buenos Aires?

-La verdad es que no sé por qué se escribió así en algunos programas, ya que en realidad lo que quise hacer no es un homenaje a Buenos Aires, sino a Borges, cuyos textos siempre me acompañaron, de una u otra manera. Además, Borges no es tan conocido en Alemania como en los países latinos y me pareció algo muy bueno poder despertar ese interés.

-¿Hay alguna relación que la una especialmente con la Argentina y la música del tango?

-Hace aproximadamente unos cinco años me presenté por primera vez en Buenos Aires, en el marco de un festival y como parte de una gira, haciendo mi primer programa (en la Argentina titulado "Hanna Schygulla chante Jean-Marie Sénia", espectáculo unipersonal con textos de Fassbinder, Handke y Müller, entre otros, y música de Sénia). El contacto con la gente en la Argentina fue algo increíblemente fuerte, una experiencia maravillosa. Luego, a partir de ese contacto, comencé a interesarme de otra manera por las cosas que le suceden a ese país. Y desde que entró en esa crisis tan profunda, he seguido bastante lo que ocurre en la Argentina.

-El hecho de seguir esos acontecimientos, ¿la motivó respecto de este programa con el tango o acrecentó ese vínculo que ya tenía con la Argentina en un nivel más emocional?

-Aunque naturalmente sigo mucho la situación argentina, no podría decir que eso funcionó como un catalizador. Aquí hemos visto con qué indignación reaccionó la gente al descubrir las estafas y a los estafadores, qué hartazgo demostró la gente frente a ese cinismo que domina la política. Eso es algo frente a lo cual todos y cada uno de nosotros, en cierto momento, sentiríamos deseos de gritar con fuerza ¡basta! No aguantamos más ese cinismo, ese abuso de los pocos que hacen sus propios negocios contra el pueblo entero. Como lo que vemos en Irak. Si Irak no tuviera petróleo, a los norteamericanos no les habría interesado en absoluto el hecho de que allí hubiera o no un dictador. Con respecto a la Argentina, por ejemplo, acabo de ver nuevamente algunos programas documentales en la televisión, con la gente gritando eufórica; después vi otros en los que mostraban que la gente encontró formas alternativas como el trueque...; en fin, cómo crece la creatividad para inventar nuevas formas de llevar la vida adelante, cómo en los peores tiempos también pasan cosas maravillosas, cómo la gente se acerca más entre sí, se vuelve más solidaria y menos superficial.

-Volviendo al espectáculo y en el caso de Borges, ¿desde qué punto se acercó a su literatura?

-Todo eso comenzó desde que inicié mi contacto con América latina y con Gabriel García Márquez, hace cosa de trece años; y desde que conocí las historias y los poemas de Borges, nunca dejé de citarlo. En cada uno de los programas que hice hasta ahora, de algún modo siempre puse algo de Borges en el contenido, una cita, algo relativamente corto, pero con un profundo efecto, que siempre sentí la necesidad de comunicar a los demás. Me atrae su relación con lo inexplicable, lo misterioso, lo laberíntico, esa creación de un mundo de laberintos en el que los seres transitan por misterios que quizá nunca lleguen a develar. Incluso ya desde mi primer programa ("Wie auch immer der Traum"), comienzo el espectáculo citándolo a Jorge Luis Borges.

El sueño de cantar

-¿De qué nació la idea de que en "El tango, Borges y yo" se alterne el castellano y el alemán?

-Sencillamente partí de esa relación que tenía con Borges. Luego, conocí a Peter Ludwig (pianista, compositor y arreglador), un gran admirador de Piazzolla que desde hacía mucho tiempo, quizá 20 años, componía tangos. Tuvimos ganas de hacer algo juntos y me propuso entonces que leyera textos sobre la base de su música. Pensé que la combinación era algo interesante y así conformamos el espectáculo. Tal como escribo en mi programa, "Borges y yo" es el título de una de las historias que recito; un título que, en efecto, tiene una doble significación y que al mismo tiempo contiene el aura de esa fascinación que Borges ha ejercido en mí. También como allí lo explico, si bien he leído bastante poco de su obra, esos textos han tenido un efecto muy profundo. Además, mientras que en los países de América latina, Francia y España, es una gran figura literaria, el padre del realismo mágico, Borges no es tan conocido aquí en Alemania. Por eso, pensé que este espectáculo sería una buena oportunidad para presentar su trabajo, de algún modo, uniendo la fuerza de su palabra con la de la música. Con respecto al lenguaje, me pareció que incorporar tangos tan conocidos era una buena manera de integrar, a través de la música, el mundo castellano a la recitación en alemán.

-¿Cómo comenzó con el canto y, luego, con la idea de un proyecto musical para el escenario?

-Para mí, el canto fue siempre una especie de sueño infantil... desde que apareció la radio y yo me fascinaba escuchando esas voces. En realidad, comencé a cantar muy tarde, cuando disminuyeron los films, cuando fui encontrando que las ofertas para hacer películas ya no me resultaban tan interesantes. Allí pensé: tiene que sucederme algo nuevo. Mucho antes, me preguntaban a menudo en las entrevistas qué haría con mi vida si tuviera la posibilidad de empezarla de nuevo. Al comienzo respondía siempre que sería actriz otra vez; luego comencé a responder que quizá; que tal vez, ¿por qué ser nuevamente actriz?; hasta que en un momento me di cuenta de que ¿no sería lindo hacer algo con la música? Así fue como comencé una nueva vida. Los proyectos sencillamente fueron llegando...

Sin nostalgia

-Tratándose de un programa con el que celebra su 60° aniversario, ¿la melancolía del tango ha tenido algo que ver con el tono del espectáculo?

-No lo sé...quizá. De todos modos encuentro que más importante que la melancolía está esa especie de iluminación del gran misterio, algo que se hace tangible cuando uno se acerca, cuando lo encuentra en cierto modo. Eso es lo más interesante para mí, en el caso de Borges. Con respecto al tango, obviamente está ese sabor del dolor, pero el tango tampoco es sólo eso. Si se quiere, hasta tiene algo de catártico. No quise hacer algo nostálgico porque estoy mucho más interesada en lo que sucede hoy. En realidad, diría que más bien es una cuestión de forma. Adoro el tango... y mi espectáculo tiene canciones que todo el mundo conoce muy bien, pero que yo utilizo de una forma poco habitual: cuento una historia, un texto, un poema de Borges, y luego uso los tangos sencillamente como una forma de narración, como una manera de unir esas historias, una alquimia...

-¿Qué le atrae especialmente de la escena cinematográfica actual?

-He recibido excelentes comentarios de "Historias mínimas", aunque todavía no he podido verla. Almodóvar también me gusta mucho, y vi su última película, "Hable con ella". En materia de cine norteamericano, me interesó "Las horas". En general, me me gusta especialmente el cine iraní.

-¿Le gustaría volver a la Argentina y, quizá, presentar este programa de Borges?

- De hecho, regreso este año, pero ya no a Buenos Aires, sino a Córdoba, en octubre. Pero no será el programa de Borges, porque aún no he llegado tan lejos con ese proyecto, sino que será con un film mudo. Se trata de un homenaje a Louise Brooks, la inolvidable "Lulú" en el film de Georg Wilhelm Pabst. El programa se llama "Ella" y está preparado para un sexteto con mi propia voz, junto a un ensamble francés. Louise Brooks fue, según mi parecer, la primera actriz moderna, ya que no sobreactuaba con la exageración típica del cine mudo, sino que más bien era dueña de una naturalidad casi mágica.

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