
Hermanos de la chacarera
Son la otra cara de la conocida familia folklórica; él es hoy el autor más interpretado del folklore; ella acaba de editar un álbum en el que la influencia principal es el rock
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Demi Carabajal sugiere el título de la nota: "Así como me ven toco chacareras". Con un look afro de trencitas que lo hace parecer una suerte de Stevie Wonder salamanquero, el hermano de Peteco, hijo de Carlos -reconocido como "El padre de la chacarera"- y tío de Roxana, que está a su lado, heredó el olfato para componer hits del folklore, uno detrás del otro, que hoy cantan desde Mercedes Sosa hasta Los Nocheros, y que incluirá en su primer disco solista que ya genera gran expectativa en el mundillo telúrico.
Roxana, dos años menor que Demi, tiene tres discos solistas editados y ganó el premio del Festival Viña del Mar en 2004. Lleva unos anteojos a lo Macy Gray y una estética pop que conjuga con la apertura que mostró en su nuevo material "Amor, sangre y silencio", donde aparece la diversidad musical santiagueña, guitarras rockeras a cargo de Baltazar Comotto (el mismo que grabó en el disco del Indio Solari), una gruesa base folklórica, canciones de su autoría y también dos temas de Demi como “Espejo azul” y “Cristal fino”, que se transformó en el corte del disco.
Los dos componen, cantan, están encaminando una historia propia en la escena folklórica y son la nueva sangre de una familia tradicional de la música de raíz conocida por proyectar a todo el país esas chacareras que reivindican el patio de tierra y los mitos de Santiago del Estero. Ellos, en cambio, hablan de Marisa Monte, Peter Gabriel, U2, Aterciopelados y los mp3 de los Beatles con naturalidad y juegan con una estética urbana que contrasta con el perfil del tradicionalista.
Criados en el barrio Los Lagos de La Banda, entre calles de tierra y asfalto, su vivencia no fue tan distinta de la de otros chicos de su edad. “No tuvimos una forma de vida campesina; siempre estuvimos en la ciudad y eso nos dio otra mirada sobre lo que hacemos”, desmitifica Roxana. La diferencia, en todo caso, fue haber sido bautizados con un rito secreto de la familia que devela Demi: “A cada Carabajal lo primero que le hacen escuchar desde que está en la panza de la madre es el rasguido de la chacarera”.
Los pequeños Carabajal crecieron en esa universidad informal de las guitarreadas y fueron educados como hermanos, aunque no lo son. “Mis abuelos fueron los que me educaron, y como yo le digo «papi» al Carlos siempre existe la confusión. Pero Demi es mi tío, aunque nos sentimos hermanos porque tenemos casi la misma edad”, aclara Roxana.
Al origen y mandato familiar les fueron sumando sus propias experiencias. Ingresaron a la banda de Peteco Carabajal a principios de los años noventa y a partir de allí movilizaron sus propias historias. “Con Carlos aprendimos todo lo relacionado con las costumbres, pero para nosotros nuestra escuela es Peteco. El venía de estar en la MPA, donde abrió el folklore a otros sonidos”, dice aprensiva a las etiquetas Roxana.
“En las giras con Peteco escuchábamos Peter Gabriel y The Police, y casi nada de folklore –apunta Demi–. El folklore se tocaba, pero en guitarreadas o en los conciertos. Al mismo tiempo yo aprendí a usar esa información para comenzar a hacer arreglos y componer mis propios temas.” El músico que sigue en la banda de su hermano en forma paralela a su trabajo como compositor de temas como “El pecado”, “Cielo o infierno”, “Sólo pa’ bailarla”, o “Sueño infinito”, dice: “Con Peteco aprendí que hay que dejar entrar otras músicas, porque por un lado el folklore es limitado, pero por otro te da lugar a que incorpores cosas nuevas”.
–¿Esas otras influencias musicales marcaron sus propuestas actuales?
Roxana: –Sí, y también tiene que ver con que vivimos en Buenos Aires. En la tapa de mi disco aparece la habitación de mi casa y no un patio de tierra. Es el reflejo de mi vida urbana y un momento como compositora que nació aquí, en ese espacio de cuatro por cuatro que es mi dormitorio.
Demi: –Yo escucho muchos músicos que hacen folklore absolutamente santiagueño. Pero lo que propongo en mis letras y músicas es salir de las leyendas de allá porque hay mucha gente que hace eso y muy bien, como Marcelo Mitre, Presagio, La Brasa. Yo estoy haciendo cosas más personales y jugando con otros sonidos, como el rock, la cumbia o el reggae.
–¿El tema del paisajismo está agotado?
Demi: –Creo que sobre eso no va a dejar de escribirse, escucharse o pintarse. Es la identidad nuestra. Pero no me gusta encasillarme. Apunto a otros lados. Si un día quiero tocar rock o hacer una versión a lo Red Hot Chili Peppers o con la onda Kjarkas, la hago.
Roxana: –El tema es poder matizar en el folklore. Yo incluí “Sueños”, una canción de Juanes en el último disco. Ya lo había hecho en “Fe” con un tema de Andrea Echeverri que estaba escuchando mucho y también canté el tema “Somos viento”, de Amparanoia, que tiene influencia latina y se vincula con nuestra realidad latinoamericana. Mientras en las canciones se refleje lo social no me importa de qué género es el autor.
–¿Qué opina Carlos, el más tradicionalista de la familia?
Roxana: –Mi papi renegaba de este nuevo sonido del folklore porque él está acostumbrado a otra cosa. Nosotros le hicimos entender que respetamos el folklore de ellos, pero se necesitan otras cosas, si no el folklore se hubiera quedado ahí.
–¿Hasta dónde puede llegar esta fusión?
Roxana: –Mientras se haga bien, no hay límites. Hay que dejar de decir que el folklore es para un sector o de una forma determinada.
Demi: –Como dice la letra de Peteco: «Abriendo la noche/borrando fronteras/con su corazón de bombo/ camina la chacarera». Me gusta ese mensaje. A nosotros nos vienen a ver chicos rollingas o gente de otro palo. Entonces, hay que mirar para adelante.
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