
Hoy canta Elíades Ochoa, del Buena Vista Social Club
El músico es uno de los máximos exponentes del son cubano
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A Elíades Ochoa es fácil identificarlo. Lleva elegantemente puesto un sombrero de guajiro. Así se lo puede encontrar en cualquier calle de Santiago de Cuba, así se lo puede ver en las imágenes de la película Buena Vista Social Club que lo tienen como protagonista y así se lo podrá ver cuando actúe con el Cuarteto Patria, esta noche, en el teatro Gran Rex.
La vida de Elíades Ochoa es simple. Cuando no está subido a un escenario tocando en París, Madrid, Amsterdam, Colonia o Nueva York, el cantante, guitarrista y compositor cubano -una de las estrellas de la música tradicional- reposa en su casa de campo en las afueras de Santiago. "Me voy con mi whisky a sentarme en una piedra que está debajo de un árbol. Es mi lugar preferido y me quedo en silencio, mirando el paisaje -cuenta-. Por ahí vienen extranjeros, paran el bus y bajan a visitarme. Y me dicen: "Cómo puede ser que esté ahí sentado". Yo soy así. Así vivo en Cuba."
El resto del año, Elíades se dedica a subir y bajar de los aviones, a vivir en hoteles cinco estrellas y hacer llamadas internacionales a Cuba. "Es bastante cansador. A veces regresamos para estar diez días y cuando nos quedamos un mes y medio es una alegría. Pero cuando uno sube a un escenario y la gente te recibe con cariño y calor se te olvida todo eso", dice.
Elíades Ochoa es un embajador del son cubano, del guaguancó africano, del bolero, es una síntesis de la cultura criolla. "No creo que sea blanco, a pesar del color de mi piel. Estoy entre el blanco y el negro. Soy un mestizo y me pongo del lado que me convenga para distintos momentos de mi música", afirma, en un alto de la gira con el Cuarteto Patria, que dirige musicalmente desde 1978.
Esta formación típica que sobrevive desde que fue creada en 1939 por la rebelde Emilia García Emilia, cuyo nombre en la clandestinidad era el de Patria (durante la época de Batista) fue homenajeada en un disco tributo. El proyecto que se cristalizó en una edición reciente sufrió cambios. Primero se había pensado en invitar a varias estrellas. Pero Elíades eligió grabar con el grupo y otros célebres soneros de la región como el "Guayabero". "Teníamos que hacer el tributo porque más allá de quienes lo integremos el Cuarteto Patria es como una bandera de la música tradicional cubana. Ahora me acompañan muchachos jóvenes de un talento increíble. Y con ellos el futuro del son tradicional está asegurado", afirma con orgullo.
En su anterior disco con el Cuarteto Patria llamado "Sublime ilusión", que fue nominado para el Grammy, el músico sorprendió por la frescura del sonido de su armónico (fusión de la guitarra con el tres, instrumento folklórico cubano para interpretar son) y por un repertorio que rescató canciones olvidadas en ritmos de guarachas, sones, boleros y una inolvidable versión del tango "Volver". "Oye chico el tango argentino es muy conocido aquí en Cuba. Acá se escucha mucho, hay asociaciones de tangueros, hay peñas y cantantes que hacen de esos temas una verdadera pasión. Y va mucha gente. Hay muchos aficionados al tango en Cuba", cuenta. "En mi último disco grabé una versión bolero de... ¿cómo se llama ese tema que dice: "Sus ojos se cerraron y el mundo sigue andando"? A mí me gusta el tango, me gustan sus letras porque dicen muchas cosas. Crecí oyendo mucho tango en Cuba. Todavía muchos de esos programas de radio que pasan tangos se mantienen."
Elíades Ochoa es uno de los mejores representantes de la música de la región del oriente cubano. "Mi música, esta forma de tocar y de cantar, está en mí desde que nací."
A los 11 años, Elíades ya estaba tocando en las calles y bodegas de Santiago para ganarse unos centavos. Su paso por el Quinteto de Oriente, el Septeto Típico y su traspaso al Cuarteto Patria, lo transformó definitivamente en el icono de la música tradicional. Ahora disfruta del entusiasmo que el son cubano despierta en el mundo. "Oye chico, la música tradicional está pasando por su mejor momento en la historia. Es un momento en el que en cualquier rincón del mundo conocen y oyen el son cubano. Ya la gente sabe la belleza y riqueza que encierra la música tradicional cubana. Pasarán los años y habrá música cubana en el mundo.
- ¿Cuánto tuvo que ver el Buena Vista Social Club en este fenómeno de popularidad?
-Yo era muy conocido en el Caribe antes del boom del Buena Vista. Desde 1981 estoy viajando por el extranjero y en Cuba se me respetaba mucho. Pero después del Buena Vista todo se ha triplicado. Y hay que agradecerle la promoción que la música cubana adquirió en el mundo. Primero hay que agradecer al disco y a la película. Hay que reconocerlo. Porque el 90 por ciento de la promoción salió de ahí. Ahora la música camina sola. Cuando se anuncia un grupo de música tradicional ya no hay que decir: "Oye, es uno del Buena Vista". Ya no importa. Con decir que es son cubano el público ya va pa´ allá.
-¿No le molestó que se reconociera la música tradicional a partir de ese proyecto solamente?
-No chico, porque si no lo hicimos nosotros y lo hicieron ellos se lo agradezco. Los felicito.
La gran diferencia entre Elíades y el resto de sus carismáticos compañeros es que el músico santiaguero estaba en el mejor momento de su carrera. Por eso, siempre corrió con ventaja. Tenía sus cualidades intactas como instrumentista y cantante. Era el más joven del seleccionado cubano y uno de los primeros en ser elegidos. "Hay una historia aquí. El dueño de la discográfica World Circuit sabía que habían licenciado un disco que yo hice con Ñico Saquito en Londres y había tenido mucho éxito. Se enteró de que iba a ser un concierto en la sala Queen Elizabeth, y allá fue a conocerme. Al otro día me invitó a una casa y me contó que tenía un proyecto de grabar un disco con artistas cubanos y un americano muy famoso. Ahí quedé seleccionado yo. La otra gente que sí estaba fuera del arte de la música dio un hon ron (término del beisbol que significa convertir un tanto similar a un gol de media cancha) con esto.
- ¿Se sorprendió por toda la gente que habían juntado para el proyecto?
-No porque fui uno de los primeros en enterarme de la idea. También fui uno de los que alentó a los compañeros para que grabaran y ensayaran. Al que ayudé mucho fue a Ibrahim Ferrer, porque él iba medio disgustado, no quería grabar ni hacer nada. Tomé la guitarra y me puse a ensayar con él, a recordarle las canciones que cantaba cuando era joven.
-¿Qué diferencia hay entre los artistas de la región del oriente cubano y los músicos de La Habana?
-Quien nace en La Habana no nace sonero. Puede haber una excepción. Pero donde se encuentra un sonero en cada esquina es en la parte oriental y en Santiago directamente tienes que apartarlos para poder caminar. Eso es de allí, lo lleva la gente, ya nacen con eso. Igual que la rumba y el guaguancó.
La región del oriente cubano es una de las usinas creativas de la música tradicional. Legendarios intérpretes y creadores, desde Miguel Matamoros hasta Benny More surgieron del oriente. El guajiro Elíades Ochoa esta determinado por esa geografía, por el paisaje serrano, por las costumbres campesinas, por la sencillez de sus gentes y el sabor de sus ritmos. "Oriente es particular. De ahí han salido los grandes músicos de Cuba. En Santiago nació el primer bolero y el son. En Guantánamo nació el changüí. En Baracoa nació el giriba, la rumba de cajón, el guaguancó, todas estas cosas... Habría que hacer un estudio científico. En Santiago, por ejemplo, el sol es más caliente. La gente toma el ron desde la mañana. Las mulatas más bravas que puedan encontrarse están en el oriente. En Santiago de Cuba la tierra tiembla y en occidente no. Esa es la diferencia."
Pero Elíades no es un purista. Le gusta mezclarse con otros músicos. Al impedimento del idioma el sonero antepone el sonido de su guitarra armónico y siempre encuentra nuevas alianzas o compañeros para compartir una descarga ( jam session ) que da buenos frutos. Grabó un disco con el blusero y armoniquista Charlie Musslewite, que también fue nominado para un Grammy, y ahora está preparando tres canciones con Santana.
"Bueno yo ya puse mi parte. Hice otras grabaciones para que él participe. Creo que ya grabó en una de las canciones y ahora me falta hablar con él para ver qué hace con el resto de los temas. Pero siempre me gusta cruzarme con otra gente. Me gusta compartir. Invitar y que me inviten. Tengo las puertas abiertas. Haciendo eso, les damos fuerza a los músicos, que somos una sola familia grande. Además, eso da cultura."
Hay dos cosas que Elíades no deja de llevar cuando asiste a esas grabaciones en el exterior: sus sones, su armónico y los sombreros de ala ancha que usan los guajiros. "Tengo como dieciocho, que no son muchos. La fábrica me debe unos cuantos. Y otros los tengo listos para utilizar en un museo personal con mis pertenencias y otros recuerdos que ha hecho mi querida mujer en mi casa de Santiago." Las razones son obvias, quien conoce y escucha a Elíades Ochoa llega a conocer con fidelidad las raíces y el sentir del son cubano.


