Ismael Serrano, reflexivo e infiel
Presentación del disco "La traición de Wendy". Ismael Serrano (voz y guitarra), Fredy Marugán (dirección musical y guitarras), Jacob Sureda (teclados), Javier Bergia (percusión), José Vera (bajo), Mario Carrión (batería). Próximas funciones: Hoy, a las 20, y mañana, a las 20.30, en el Teatro Opera.
Nuestra opinión: bueno
Ismael Serrano dice cosas que las mujeres quieren oír de su boca. Que se entienda bien: las mujeres que compran sus discos, van a sus recitales y se derriten con el sonido de su voz cálida, de eses fuertes y muchas zetas que debido a su escasez en el Río de la Plata ganan una cuota extra de sensualidad.
Pero el cantante y compositor también pretende decir otras cosas. Porque siempre ofrece algún grado de reflexión aquello que ve, lee y escucha. Y porque además de pensar en la liquidación de ventas de sus discos (lo debe estar haciendo, sin duda, y nada tiene eso de malo) escuchó a Vinicius, Reinhardt o Clapton, y leyó a Saramago, Benedetti, Goytisolo, Machado, o la poesía del astrónomo persa Omar Jayyam, entre muchísimos otros que algo le han dejado.
De lo anterior, de experiencias personales, aventuras y desventuras en el amor, y de la realidad social del día a día, Serrano construye sus canciones. En la primera función de la serie de recitales en Buenos Aires recibe sus temas una platea que muestra una leve fractura de público. Están quienes suspiran cuando el cantautor recoge un verso de Machado; no por el verso en sí sino por una palabra que anuncia el tema siguiente, "Ahora". Y en la misma fila de butacas aparecen las (y los) que celebran las palabras de denuncia, los comentarios antibélicos y aquel tema que Serrano dedicó a las Madres de Plaza de Mayo.
Si esa fractura no resulta más evidente es porque aun cuando los temas de amor ganan protagonismo, toda la audiencia se dispone a escuchar en silencio, sin griterío ni histeria, al galán que Ismael personifica a su modo, con esa pinta de perdedor, de muchacho tímido y cara de preocupado que tiene un buen chamuyo escondido bajo la manga. Hasta es capaz de hablar de un amor a primera vista y así confundir a la platea. Esta vez no se trata de una mujer sino de Buenos Aires, a la que se refiere en una de sus nuevas canciones.
Un infiel
La broma será perdonada, como también una infidelidad al otro lado de la cordillera, un amor de universidad, una tal Amanda (parecida a la de Víctor Jara, sólo porque es de las que no se olvidan). Por allí se va con su canción, que recorre la alameda O´Higgins, dobla un par de cuadras hacia "La Moneda" y sigue de la mano de una chica que le grita asesinos a los "pacos" y luego hecha a correr. Ideología y amor, una combinación difícil de fundir, pero Serrano no quiere esquivar el desafío. Todo lo contrario.
Ante esa combinación, la mayoría de quienes colman el teatro recibe con mayor gusto al tierno que interpreta "Eres" y "Ahora" y se enciende una vez más con el explícito hit "Papa cuéntame otra vez", mientras que temas como "Prende la luz", mucho más sutil, o la original mirada de "Si Peter Pan viniera", pasan a un discreto segundo plano.
Pero con unos y otros siempre va en el mismo sentido y apunta a mostrar en qué vereda está parado. Sólo habría que demandarle un poco más de variedad en las melodías, claridad en la dicción y matices en arreglos musicales, ya que en más de dos horas de recital el sonido homogéneo puede tornarse un poco monótono.
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