
Ismael Serrano, un serio y exitoso trovador
Recital de Ismael Serrano. Con Alfredo Marrugán (guitarras y dirección), Javier Bergía (percusión), Javier Quilez (bajo), Oscar Herrero (batería), Andreas Prittwitz (saxo), Antonio Saucco (teclados). Teatro Gran Rex. Nuevas funciones: 29, 30 y 31.
Nuestra opinión: Bueno
La devoción que el público argentino le ofrece a Ismael Serrano cuando aparece por el escenario se parece en una escala menor a la devoción que despierta Serrat cada vez que viene a la Argentina. Ese es quizás el mayor logro de este joven trovador que logró apartarse del pelotón de cantautores españoles y generar un fenómeno propio, a fuerza de canciones urdidas entre el amor y el espanto.
En el joven Ismael Serrano -que vino a presentar su último disco, "Naves ardiendo más allá de Orión"- conviven el discursivo muchacho a favor de causas nobles con el juglar romántico, algo melancólico y de gesto adusto. Para el cantautor español, no hay muchos motivos para sonreírse. Y por eso, más allá de algún comentario humorístico, casi todo su discurso progresista suena con una seriedad de biblioteca a lo largo del show.
En medio de esa postura, con la que se puede estar de acuerdo prácticamente en todo lo que dice cuando habla del miedo, la memoria, la desigualdad, la apatía, Ismael Serrano saca a relucir algunas muy bellas canciones que ofrecen el costado más interesante de su creación como pasa con la íntima "Ya ves" o la melancólica "Ya nada es lo que era", donde sus letras muestran la herencia de la trova cubana.
Por momentos, en el concierto lo urgente desplaza lo importante y entonces aparecen temas como "El vals de los jubilados", que más allá de las buenas intenciones termina redundando en una pieza injustificada dentro de su repertorio. Serrano juega las veces de agradable anfitrión y contador de historias como cuando recuerda la película "Blade Runner", de Ridley Scott. El público, casi de su misma generación, lo escucha con atención, adhiere a sus causas y no se cansa de pedirle temas de todos sus discos. Entre tanto entusiasmo, Ismael Serrano se rinde a los pedidos que le hace un admirador desde la popular, toma la guitarra y le ofrece su versión de "Pequeña criatura", y hasta recrea una impecable versión de "Oleo de mujer con sombrero", de Silvio Rodríguez.
Serrano parece cómodo con ese papel de testigo de la historia y por eso no sorprende cuando, al comienzo del concierto, invita a cantar a León Gieco. El teatro se pone de pie ante la presencia del autor de "La cultura es la sonrisa", que sube para cantar "A las madres" junto al español, dedicado a las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. Después, Gieco le regala una emotiva versión a cappella de "Cinco siglos igual" con todo el público que llenó el teatro coreando el tema, y finalmente se despiden los dos con "Sólo le pido a Dios".
Durante las tres canciones, León le roba el protagonismo a Serrano que retoma el timón del concierto con uno de sus clásicos "Amo tanto la vida". Al final del concierto, el español no podía pedir más. Había cumplido con el sueño de cantar junto a León Gieco y escuchar a todo un teatro cantando sus canciones a lo largo de dos horas de recital. Una sensación que dibujó una sonrisa en su serio semblante.





