Jazz y circo a la noruega
El grupo escandinavo realizará dos shows en Buenos Aires
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Uno de los enclaves del jazz europeo está situado en Escandinavia, paradoja entre su clima frío y el calor de la música nacida en Nueva Orleáns, a la vera del Mississippi.
Poco visitada por agrupaciones noruegas, la Christianssand String Swing Ensemble, hará las veces de cabecera de playa en Buenos Aires, con dos conciertos. El primero, mañana, en Clásica y Moderna, Callao 892 y, el segundo, pasado mañana, en la sala Pablo Picasso, en el Paseo La Plaza, Corrientes 1660. (Ambos encuentros comenzarán a las 21.)
El grupo tiene una sección rítmica con Peir Einar Watle y Gisle Sandvand en guitarras, Eirick Are Oanes Andersen en contrabajo y una sección melódica con Bryjar Rasmussen en clarinete y Marius Tobias Hoven en trombón y el actor noruego-argentino Miguel Emilio Dobrodenka en canto.
Su música comenzó como una aproximación al Hot Club de Francia, es decir, cercana al gipsy-swing surgido del mundo del genial gitano Django Reinhardt. A medida que el grupo, que lleva el nombre de su pueblo como estandarte, se fue asentando, comenzaron a surgir diferentes influencias que, por ejemplo, llevaron a incluir una sección melódica que no sólo enriqueció la tímbrica de la agrupación, también abrió un amplio horizonte a la música de la Christianssand.
Distintos sabores europeos entraron a jugar en la música del grupo, especialmente los franceses que asociados al swing del jazz negro y ciertas atmósferas escandinavas, muy presentes en el canto, generaron una mixtura de intensos colores musicales.
Con sangre argentina
El deseo de llegar desde el extremo norte al otro extremo sur del mundo comenzó en 2001. El grupo fue a París a grabar su primer disco y conocieron a los rioplatenses Menino Garay y a Pájaro Cansani, quienes despertaron en el grupo el interés por llegar a la Reina del Plata.
"Mi abuelo y mi madre son argentinos, criados en Avellaneda; entonces, conocer Buenos Aires siempre estuvo en mi mente ", señaló Dobrodenka, artista que llevó a la Christianssand a un plano de música y circo como una forma integral de expresión .
"Tardamos tres años en armar las valijas para recalar en Buenos Aires; el esfuerzo es únicamente nuestro y nuestras son las ganas de compartir la música con el público de aquí", dice como todo un diplomático Watle, compositor del grupo.
La Christianssand es uno de los animadores de los festivales de jazz de Escandinavia y no sólo por su sonido a medio camino entre Nueva Orleáns y París cruzado por centroeuropeo, lo cual da por resultado un sonido exótico, también porque la propuesta incluye la actuación que bordea, por momentos, el acto circense.
Precisamente, la propuesta actoral requirió en alguna medida del apoyo de la sección melódica que amplió no sólo el repertorio sino que contribuyó a la riqueza sonora de la agrupación que comenzó como un grupo de cuerdas.
"En la misma Francia conseguimos el permiso de Django para incorporar vientos", bromea Sandvand, que además de guitarrista hace las veces de representante.
Buenos Aires, visitada por distintas propuestas de jazz, ahora les abre las puertas a los noruegos y a su especial lectura de un estilo que mantiene su vitalidad según pasan los años.




