
Juan D´Arienzo, el rey del compás
En aquel frenesí fúnebre de mediados de 1935, mientras pugnaban por celebrar misas, integrar comisiones de repatriación y organizar recitales en homenaje a Carlos Gardel con gente que no llegó a conocerlo -apenas ocho días después del accidente en el que supuestamente también había fallecido el tango-, debutaba en el disco la orquesta y el estilo instrumental que lo iba a resucitar como la forma de baile más popular en el país.
El sábado se cumplieron setenta años de la tarde en que Juan D´Arienzo dirigió lo que era apenas un octeto en la grabación de "Desde el alma" y "Hotel Victoria", los primeros títulos de una producción que durante cuarenta años aumentó hasta rozar el millar y en la que figuran los más grandes éxitos comerciales en la historia del tango, con algunos momentos sobresalientes, muchas mesetas de mediocridad y una etapa final paralela a la declinación del género.
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D´Arienzo era algo mayor que Troilo, Pugliese, De Angelis y demás directores a quienes es posible mantener una orquesta estable y nunca lo tomaron en serio. Había nacido a fines de 1900, en los mismos años que los hermanos De Caro, Maffia, Laurenz y Di Sarli, pero nunca alcanzó esa clase de prestigio ni anduvo cerca de proyectos respetables, perdido con su torpe violín en conjuntos de teatros y cines de barrio o en una insignificante orquesta propia sin ninguna repercusión.
Todo cambió repentinamente en 1935, al mismo tiempo que Benny Goodman se proclamaba rey del swing y comenzaba a grabar para RCA Victor un jazz fácil de bailar. También aquí D´Arienzo se convirtió en rey del compás -por la fuerte marcación que caracterizaba la modalidad con que volvió a llenar las pistas- y estableció en la misma grabadora una las tres sedes -el cabaret Chantecler de Paraná y Corrientes, y Radio El Mundo fueron las otras- de lo que iba a ser una monarquía de cuarenta años que no dejó descendencia.
No se trataba de un progresista en busca de innovaciones rítmicas -eso quedó para Pugliese- ni un renovador de la canción, como fueron Troilo y los músicos de Caló. D´Arienzo era un tradicionalista convencido, sin misterio ni rebuscamientos, que volvió a los autores del tango primitivo en busca de la sensualidad algo vulgar que lo había consagrado como danza y luego se fue perdiendo en orquestas inocuas.
La idea de actualizar el espíritu inicial del tango sin palabras debe haber sido suya, pero el agresivo estilo que entusiasmó a una nueva generación de bailarines tuvo como coautor a Rodolfo Biagi, un singular pianista que se independizó para seguir haciendo lo mismo por su cuenta. Igual, los instrumentales ejecutados en tiempos rápidos siguieron siendo la única razón de existir para el grupo, tangos en su mayoría, pero cada vez más milongas, un género que ayudó a imponer.
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Siempre empleó cantores -el imprescindible Alberto Echagüe empezó en 1938 y permaneció vinculado para siempre-, pero hasta comienzos de la década del 40 rara vez decían más de una estrofa. Luego les permitió cierto protagonismo, aunque su mejor aporte al tango cantado fue la utilización del lunfardo en toda su crudeza cuando eso era casi un crimen, al interpretar sin censura las grandes letras de Discépolo y Celedonio Flores y agregar novedades eficaces como "Bien pulenta", "Sin balurdo" o "Cartón junao".
El descomunal suceso de "El tarta" en 1946, con el cantor enredado en los versos, desencadenó una serie de parodias a cargo de Echagüe, diversiones culposas eficaces como número teatral ("Sepeñoporipitapa", "El hipo"), crítica de costumbres ("Petitero", "Che, existencialista") o retrato de personajes marginales ("El nene del Abasto", "Sarampión"), pero a largo plazo la concesión de mal gusto que degradó esa orquesta personal y de extraordinaria precisión hasta convertirla en una caricatura de sí misma, con el legendario director que manoteaba desorientado encima de los bandoneones.
Un adiós penoso de Juan D´Arienzo que, sin embargo, no ha impedido que "La cumparsita", "La puñalada", "Rodríguez Peña" y muchos otros discos suyos siguieran siendo obligatorios en cuanta milonga se considere legítima.
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