
La blanca Navidad de Irving Berlin
Como dicen ellos, "Only in America", porque solamente la obsesión de los norteamericanos por ponerle escenografía, vestuario y sonido a cualquier celebración podía servir para inventar y sostener algo que es apenas un montón de cantos de consumo estacional restringido a ese país, pero ha aguantado el paso del tiempo mejor que géneros musicales más imaginativos y disponibles todo el año.
Es lo que llaman Christmas Music, discos de Navidad que sólo se ofrecen entre octubre y diciembre y que cualquiera con cierto nombre ha estado obligado a realizar en algún momento de su carrera, se trate de sopranos líricas, gangsta rappers, vaqueros de Nashville, bluesmen de Chicago, los oportunistas de siempre -Wynton Marsalis, André Rieu y Kenny G. han hecho su aporte-, pero también concertistas en serio y los más grandes cantantes.
Lejos de su especialidad, Elvis Presley logró el mejor álbum de Navidad en la historia del rock, y tanto Frank Sinatra ("A Jolly Christmas") como Ella Fitzgerald ("Wishes you a Swingin´ Christmas") cumplieron por encima de las limitaciones del material, pero lo que en realidad importa en estos discos de fin de año no es la calidad del intérprete, sino su fama y, más todavía, que el repertorio no omita una media docena de títulos elegidos en una lista no demasiado extensa de favoritos a perpetuidad.
Aunque unos pocos himnos religiosos y ciertos villancicos tradicionales conservan su público, la mayor parte de las piezas que se graban una y otra vez fueron escritas en el siglo XX, no tanto con la intención de alabar el nacimiento del Mesías y su significado como las decoraciones, menús y torneos de regalos que caracterizan esa fecha en el hemisferio norte, porque la Navidad que cantan las canciones navideñas no es la de Jesucristo sino la de Santa Claus.
Como resulta imposible que pasen de moda, existe una sobreoferta de álbumes para las fiestas, pero igual no llega fin de año sin que se agreguen novedades, casi siempre previsibles - el caso de "The Christmas Collection" lanzada en octubre por la gavilla de tenores denominada Il Divo-, pero a veces sorprendentes, aun en un rubro en el que no parecía quedar error por cometer y esta temporada lo ha logrado Diana Krall, tirada de piernas abiertas en la foto menos apropiada que se pueda concebir para un disco llamado "Christmas Songs", en el que canta las postales de costumbre como si se tratara del show de medianoche en un club para hombres solos.
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Ambos álbumes se permiten sus arbitrariedades en materia de programa -Il Divo, al punto de considerar que tanto el padrenuestro como "Sobre el arco iris" pueden entrar en la categoría-, pero coinciden en "White Christmas", lo que ratifica una vez más la vigencia de la melodía que Irving Berlin concibió como número para una revista humorística y luego transformó en el clásico absoluto de la canción navideña.
"No sólo es la mejor canción que he escrito, es la mejor canción que alguien ha escrito nunca", afirmaba Berlin en 1942, antes de que se conociera, cantada por Bing Crosby en la película "Holiday Inn", pero aunque ganó el Oscar de ese año, fue grabada centenares de veces y continúa siendo el tema más vendido de todos los tiempos, "Navidad blanca" es el gran récord pero no la obra maestra de un creador que las compuso en abundancia.
Según Philip Roth, "Dios le dio a Moisés los Diez Mandamientos y a Irving Berlin «White Christmas»", que son apenas nueve líneas de clichés: alguien que sueña con una Navidad blanca como las que conoció, con copas de árboles resplandecientes y niños escuchando cascabeles de trineo en la nieve, y termina deseando felicidades como se hace en las tarjetas de fin de año.
Pero esos versos, lánguidamente expresados por el mejor cantante popular de entonces, llegaron en el momento justo, cuando buena parte de la población joven peleaba muy lejos, y quedaron como un símbolo de los Estados Unidos y su búsqueda de la paz mundial por medio de la guerra, con la paradoja no muy conocida de que, treinta y tres años después de su nacimiento como himno pacifista, "Navidad blanca" sirvió como clave secreta para ordenar la retirada de Saigón.



