La música en torno del clave, desde hoy

Pola Suárez Urtubey
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30 de junio de 2017  

Fue en 1404, es decir, hace 613 años cuando aparece la primera mención del clave (o clavecín o clavicymbalum) en la larga historia de la música. Naturalmente, por entonces, y desde siglos y siglos atrás, ya existían algunos de aquellos instrumentos, que, con todas las variantes que quieran, escuchamos actualmente en nuestros conciertos. Pero esta precisión respecto de la aparición del clave no deja de emocionar.

Luego su historia es larga y atractiva, sin duda. Pero para los oyentes de fines del siglo XX y comienzos del actual se centra en torno de intérpretes de primera magnitud y creadores que le dieron un rango superior a su presencia dentro de la vida musical.

Bach y Händel constituyen dos pilares decisivos en el curso del siglo XVIII y posteriormente, tras un largo silencio, reaparecen en el XX los grandes creadores que le dieron al clave una presencia excepcional, como es el caso de las obras de Manuel de Falla, Frank Martin, Martinu, Poulenc. Petrassi o Gian Francesco Malipiero.

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Vale la pena detenerse por unos momentos en el uso del clave a través de Manuel de Falla.

Fue en 1926, cuando el compositor sufrió una grave crisis de salud. Una más, a la que siguió una crisis de misticismo. Sus biógrafos insisten en que la religión determinaba en él efectos físicos y morales que le imponían severos retiros, lo cual no impedía que se preocupara por la creación musical. Esa atmósfera vivida a comienzos de 1926 justificaría la inspiración del segundo movimiento, el más sorprendente, del Concierto para clave y cinco instrumentos que es un ejemplo absoluto del influjo de lo religioso en la obra de Falla.

Despojamiento del pensamiento y de la forma, rigor, austeridad de la escritura instrumental caracterizan a este concierto que Falla confió, como solistas, al clave, unido a flauta, oboe, clarinete, violín y violoncelo. Algo así como una reducción de la orquesta a través de un trio de vientos y un dúo de cuerdas que acompañan al teclado. En la primera página de la partitura, el compositor precisa ya sus intenciones, en una "Nota relativa a la ejecución" que dice así: "El clave debe ser tan sonoro como sea posible. Será colocado en primer lugar; el grupo de los instrumentos de viento y de arco se colocará en segundo o tercer término. Sin embargo, los seis solistas deben quedar a la vista de los oyentes... Los instrumentos de arco siempre son solistas. En caso alguno deberá aumentarse su número".

Falla dio luego más detalles en otra nota inserta en el programa del estreno, donde dice: "En esta obra, el compositor no ha tratado de ajustarse a la forma clásica de concerto para un instrumento solo con acompañamiento de orquesta. Su objeto ha sido rodear el instrumental principal de varios otros, cada uno de los cuales es tratado como solista. Tanto por su estilo como por su carácter, la música se deriva de antiguas melodías españolas, religiosas, cortesanas y populares". De tal manera, Falla se mantenía fiel a su principio de una base nacional para su música, pero continuaba haciendo retroceder sus límites en el tiempo y en el espacio, buscando universalizarla.

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