
La música popular luminosa y sincrética de Mariana Lucía
La artista uruguaya que creció en Brasil presenta hoy, en Café Vinilo, su nuevo disco, producido por Diego Drexler
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"Si madurar supone ser menos idealista, este disco es más maduro", dice la cantante uruguayo-brasileña Mariana Lucía, que hoy presenta su tercer álbum, Mi corazón bombón, en Café Vinilo (Gorriti 3780), a las 21. "En comparación con los dos discos anteriores, las letras tienen referencias más concretas y un lenguaje más directo. Diría que las canciones son cortitas y al pie. Sin mucho preámbulo. «¡1,2,3 va!». Siempre, claro, en comparación con los otros discos. No hubo un planteo inicial: las canciones fueron surgiendo. Una vez que se me hizo evidente cierta conexión entre ellas decidí grabar el disco. Y resolví, también, regrabar dos canciones de discos anteriores «Silencio» y «La mollera». Me saqué las ganas de escucharlas con batería y guitarra eléctrica distorsionada."
Hija de exiliados uruguayos, Mariana nació en San Pablo y vivió allí hasta los once años, cuando su familia decidió regresar a Montevideo. Parte del encanto de su voz está en el lenguaje y en su entonación, acaso deudora de Marisa Monte. "No siento a Marisa como mi máximo referente, pero sin duda algo de ella me habita: ella tiene una dulzura intrínseca en su timbre y en su orma de interpretar que creo también me caracteriza", reconoce. "Curtí su música en la adolescencia. El disco Mais (1991) lo gasté. Tenía 15 años. Pensando en mujeres cuyas obras me coparon, escuché mucho a Xuxa, Sade, Björk y Joni Mitchell. Me pregunto si se refleja en la música que hago lo que más he escuchado. No tengo la respuesta."
No es sencillo definir la patria musical de Mariana. "Mi identidad es sincrética y entiendo que mi música así lo refleja. Además, pertenezco a una generación suficientemente globalizada por lo cual mi patria musical es un collage, un rejunte, un «requeche». Haciendo un paralelismo con la lengua, pensando que la música es un lenguaje me pregunto: ¿Para un bilingüe, la lengua-música materna es la de la madre o la del entorno? Hay quienes dirán que es la de la madre. En ese caso, Uruguay es mi patria. Otros, el entorno, por el cual fui alfabetizada-musicalizada y en ese caso, será Brasil."
Mi corazón bombón implica su debut en el exquisito sello Los Años Luz ("para mí es un orgullo ser parte de un catálogo selecto y refinado", celebra) y fue producido por Diego Drexler. "Diego empezó como bajista de la banda -explica. Él opinaba que yo tenía un costado pop, onda Julieta Venegas, sin explorar. Al principio no le di mucha bola pero poco a poco fuimos haciéndonos amigos y compartiendo mucha música. Una cosa llevó a la otra. Él había llegado a un resultado sonoro interesante en el proceso de grabación de su primer disco solista, De nuevo y esa experiencia la volcó en mi disco. Además, Diego reúne cualidades que me faltan y hacen a un buen productor: es ordenado y eficiente."
En el álbum participa uno de sus grandes parceiros, Martín Buscaglia, que en "Travelin" recita al poeta danés Henrik Nordbrandt. "El es fan de Henrik. Y la canción tiene cierta liviandad indolente que combinada con la forma de decirla de Martín sintoniza perfectamente. Con Martín, además, tengo una empatía que supongo deviene de una amistad de años. No podría separarlo de lo musical."
Mariana se siente parte de una generación luminosa de la música popular uruguaya. "Me refiero a una música menos oscura que la de los cantautores de la generación anterior y del rock uruguayo. Siento que hay una cualidad más «solar» que nos une. Tanto Samantha Navarro, como Tatita Márquez y Martín (Buscaglia) tienen algo lúdico y benéfico en su obra con el cual me siento identificada. Pero con Samantha, Rosana Tadei, y Florencia Núñez (una artista más joven) siento que hay algo popero en común."
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