
La música que se aprende en silencio
En los conservatorios, los jóvenes se forman artísticamente sin las urgencias de los reality de la TV
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Hay sitios, escondidos, casi anónimos, donde la música no estalla, ni aterra, ni abruma. Estos lugares son las escuelas de música popular. Muchachos y chicas -de las mismas edades de los que se prendieron al negocio de la música por televisión- concurren silenciosamente, con su garganta o con su instrumento predilecto, empeñados en aprender, por amor al arte, la música en serio, desde adentro de las notas, desde la inteligencia y el corazón. Son los antihéroes de este estrepitoso fenómeno. He aquí algunos ejemplos:
Escuela de Música Popular de Avellaneda. La pionera -única en su tipo en nuestro país y en América latina -fue la Escuela de Música Popular de Avellaneda. Bastó que tres personas, dos músicos y un funcionario, impulsaran la idea de fundar una escuela de arte para formar músicos en el campo popular.
Fue el eximio guitarrista Cacho Tirao (director, entonces, de Educación Artística en la provincia de Buenos Aires) quien en pleno 1986 lanzó este visionario proyecto piloto: enseñar música a instrumentistas en los principales géneros. Su partenaire fue el bajista de su grupo: Gustavo Molina, coordinador, primer director y alma mater de esta gesta. Hasta consiguió un edificio más apropiado que la escuelita de educación primaria, donde habían comenzado las clases de música. Habían logrado que el titular de la Dirección de Escuelas de la provincia, Gabriel Dumon -un providencial funcionario culto y con poder de decisión-, aprobara el proyecto de la fundación, incorporándola al sistema escolar provincial de nivel terciario. Entonces se convocó al pianista y compositor Horacio Salgán para diseñar el plan de estudios del tango, al otro pianista y compositor Manolo Juárez para el de folklore y al saxofonista y clarinetista Hugo Pierre para el de jazz. Enseguida fueron incorporándose músicos de la talla de los bandoneonistas y compositores Rodolfo Mederos (único miembro fundador que sigue enseñando allí), Daniel Binelli, y pasaron por sus aulas músicos tan prestigiosos como los guitarristas Aníbal Arias, Miguel Angel Girolet y Roberto Aussell.
La escuela tuvo su reglamento y su plan de estudios. Y la enseñanza gratuita. "El crecimiento de la escuela, en recursos humanos y artísticos, ha sido enorme", afirma el actual director, Ricardo Cantore, un guitarrista que estudió con la gran María Luisa Anido y que ostenta el cargo desde 1990. "Creo que la escuela actúa a modo de contención de los jóvenes que se sienten expulsados de todos lados; que quieren estudiar música, cultivar su sensibilidad artística con seriedad y disciplina; enriquecerse espiritualmente. Hemos conquistado un prestigio increíble aquí y en países como los Estados Unidos, Alemania, Suecia; aquí filmaron un video para la televisión japonesa..."
"Tenemos alumnos -adolescentes y adultos- de provincias y de diversos países (no sólo limítrofes, Perú, México, Colombia) como Holanda, Alemania, Japón, Suiza, Estados Unidos. Se otorgan títulos oficiales, válidos a nivel nacional. El Sadem. La Sociedad Argentina de Músicos, instalada en el confortable edificio de la avenida Belgrano 3655, está dirigida por Edgardo Beilín, que acaba de incorporar el desafiante proyecto del Instituto Superior de Música Popular. Fue abierta para acoger -aclara su director, Edgardo Beilín- a adolescentes desde los 14 años, con admisión libre, sin exigencias, previéndose un curso libre. La carrera es de cinco años. Es también para instrumentistas de piano, guitarra, violín, flauta, bandoneón, clarinete, contrabajo, saxofón y percusión, aplicados al tango, el folklore, el jazz y un acercamiento al pop-rock. Las clases empiezan en marzo y terminan en diciembre. Hoy estudian 300 jóvenes. El título que se expide es el de músico-intérprete. También se abrieron cursos libres.Y talleres de Acompañamiento, Canto, Guitarra, Producción de Sonido en Vivo, Tecnología Midi/Sampler/Síntesis. Finalmente Ensambles de jazz, latino, música sudamericana, instrumentos de viento y base rítmica y tango.
El instituto del Sadem. El 25 de mayo del año pasado se fundó el Instituto Superior de Música Popular de la Sociedad Argentina de Músicos, incorporado a la enseñanza oficial terciaria. Pueden ingresar alumnos que hayan acreditado estudios completos de nivel medio o polimodal, previa aprobación del test de admisión. Hoy estudian tanto piano, guitarra y otros instrumentos, más canto, unos 35 alumnos entre 18 y 23 años. El Instituto apunta a la formación de "intérprete superior en música popular, con orientación en tango, jazz, folklore, rock y blues. Completada la carrera de tres años se otorgan títulos oficiales de nivel terciario, propio de carrera artística no pedagógica, de validez nacional a instrumentistas. Sus egresados pueden acreditarse, por su sólida formación instrumental, como intérprete de música popular. La rectora es Silvia Fernández y la secretaria, Alicia Mauri.
Nuevos aires en el Falla. Juan Falú, el eximio guitarrista tucumano, profesor en el Conservatorio Municipal Manuel de Falla, trata de esconder su protagonismo en esa conquista única en la historia de nuestros conservatorios oficiales: la de incorporar la carrera de tango y folklore dentro de los planes de esa casa de estudios. Admite que fue idea suya, pero que fue Jorge Telerman, secretario de Cultura municipal (y ahora vicejefe del gobierno porteño), quien le dio un fuerte impulso, secundado por el pianista Claudio Espector (actual director del Conservatorio).
"También -recalca Falú- recibimos el decidido apoyo de la Dirección de Enseñanza Artística, a cargo de Graciela Fernández Toledo, y la coordinadora pedagógica, Marta Sima. Ese fue el "equipo", el núcleo generador de esta carrera. Es de nivel superior, donde acuden alumnos con cinco años de estudios musicales académicos que, además, sepan manejarse con el lenguaje musical argentino. Hace diez años que dicto en el Conservatorio formas y ritmos de la música argentina. Es materia obligatoria. Incorporar la enseñanza de la música argentina en un conservatorio oficial es una conquista del Falla. El cuerpo docente tiene antecedentes académicos y artísticos. La carrera dura cuatro años. El ciclo lectivo admite hasta 40 alumnos por año; de marzo a noviembre. Esta es la primera carrera oficial de nivel superior de música argentina en la ciudad de Buenos Aires. Funcionamos en Perú 372. 2° piso."
Otros ámbitos. El Collegium Musicum de Buenos Aires, amén de la enseñanza académica de la música clásica, supo mostrarse abierto a otros géneros. Guillermo Graetzer, su fundador, publicó junto a Violeta Gainza canciones folklóricas argentinas y latinoamericanas, y por sus escenarios desfilaron el Mono Villegas, Eduardo Falú, Ariel Ramírez, Jaime Torres, Salgán-De Lío, La Porteña Jazz Band, etc. Hace 4 años fundó la primera Escuela de Blues del país, dirigida por Gabriel Graetzer. Este mes empieza a funcionar la Escuela de Folklore, dirigida por Paulo Carri y Patricio Sullivan, y la de Tango, presidida por Gabriel Menéndez. Para las tres carreras el Collegium gestiona la validez nacional de los títulos, si bien ya se otorgan en los cursos de perfeccionamiento docente. Los aranceles son accesibles. Y el cuerpo docente lo integran figuras de renombre del ambiente musical.
Aporte para la cultura nacional
- Es sabido que nuestros conservatorios nacionales, provinciales y municipales no acogieron la enseñanza de la música popular, ni instrumental ni cantable, en sus planes de estudio. Conjeturar el porqué del nacimiento de estas escuelas de música popular requeriría otro escrito. Fue quizás el resurgimiento del tango y del folklore, que se vislumbraba a fines de los 80, a contrapelo de la mediocridad instalada en los 90, el estímulo para que muchos jóvenes se decidieran a estudiar seriamente la música de su país. Lo admirable es el entusiasmo y el profesionalismo con que profesores y alumnos encaran su labor. Este es uno de los mejores aportes para enaltecer la cultura musical de nuestro país.




