
La voz de los pibes tucumanos sin calma
El notable cantautor presenta CD en un ciclo
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"No tengo certeza del tiempo/del tiempo que llevo buscando/buscando en la ruta del viento/un cielo un poquito más claro" (fragmento de la canción "Certezas" del Topo Encinar)
Es tucumano y tiene un estilo que lo diferenció del resto de sus colegas de generación: canciones de aires folklóricos, versos ingeniosos y una filosa ironía de acento urbano y regional. "Busco no perder el color tucumano, lo folklórico, y tener la mayor originalidad posible. Pero también quiero hacer lo que me pinte. La tucumanidad en todo caso está reflejada en la forma de tocar las zambas y las chacareras, que tienen una lentitud tucumana, casi patológica, muy diferente de los santiagueños, que son más vertiginosos. Pero bueno, nos sale así", desliza El Topo Encinar, conocido por una frondosa producción en tiempos en que proliferaba el "cover" folklórico, en los noventa, y que presenta su nuevo disco, Así sea , tercera producción en solitario, en un ciclo todos los jueves de junio, a las 20, en Espacio Tucumán, Suipacha 140.
Las canciones del Topo pueden sonar más cerca de Lisandro Aristimuño que de Los Tucu Tucu, como lo demuestra en su producción más reciente. "Siempre fui muy heterogéneo a la hora de componer. En Así sea hay una zamba que es una típica zamba tucumana, chacareras que son chacareras y aires de candombe, pero básicamente son canciones tocadas por un quinteto folk rock", sintetiza el músico el espíritu de su nuevo álbum.
El cantautor fue culpable de un par de jugadas indispensables para la escena independiente del NOA, como el Encuentro de Músicos Independientes y la banda Mulalma, un power trío que tocaba a lo Divididos antes de que Ricardo Mollo se enamorara de Yupanqui. "Cuando apareció Mulalma era algo salvaje para la época. Hoy puede ser algo natural porque el rock tomó cosas del folklore de una manera libre. El oído de la gente fue cambiando y está bueno que pase eso", dice sobre los nuevos tiempos.
Encinar se destaca en sus letras, por esa capacidad para convertir simples anécdotas cotidianas de una ciudad chica en atractivos argumentos musicales. "Me gusta narrar historias dramáticas y llevarlas al humor o rescatar personajes como El Depredador, que es un mono en Tucumán que depreda el idioma y que dice frases como: «Estoy entre la espalda y la pared». Son ideas o historias que después las puedo llevar a una canción." Pero lo que más sobresale en este músico tucumano, elogiado por Juan Falú -que tocará de invitado en el ciclo-, es haber logrado un lenguaje universal. "Lo que hago no es una cosa netamente ortodoxa de folklore tucumano, sino que tiene muchas vertientes. Tengo mis grandes influencias, como Los Beatles, Jobim, Juan Falú o Fernando Cabrera, que me vuela la cabeza. Eso convive de forma natural en mí porque no me considero un tipo de campo a pesar de haber nacido cerca de los cerros. Creo que una sola vez en mi vida me subí a un caballo. El asfalto es lo más cercano y escribo de eso."
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