Lenny Kravitz: la vida en la canción
Esta noche y mañana, el músico norteamericano, que lleva vendidos más de 25 millones de discos en el mundo, presentará en el estadio de Boca Juniors su último trabajo, "Baptism"
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"Todo el tiempo escribo sobre mí, por eso en general no me gusta hablar de mi vida. Está todo ahí, en las canciones." Desde hace catorce años, cuando un amigo me hizo escuchar "Mama Said", aquel disco sensual de rock and roll, tan Prince, con alguna que otra guitarra zeppelineana y con el soul y el funk necesarios para ganarse el cielo de las cadenas de videoclips, soy de los que dudan del personaje Lenny Kravitz. Dudo de lo que hace, de lo que toca, de lo que dice, de su look tan prolijamente desaliñado que enloquece a mi novia y a las novias de mis amigos, de sus "baby, baby" tan afinados. Lenny Kravitz tiene éxito, mujeres, dinero, pinta, espíritu… No puede ser real.
Ahora, Kravitz me dice eso de que su vida está en las canciones y por primera vez comprendo que el tipo no es un embustero, sino que sufre de multiplicidad de personalidades. No hay un solo Lenny Kravitz, sino muchos, contradictorios entre sí y para todos los gustos. Lenny, el predicador. Lenny, el místico. Lenny, la estrella. Lenny, el símbolo sexual. Lenny, el rockero. Lenny, el ladrón de guantes blancos de riffs ajenos. Todos están ahí, en sus canciones. ¿Eso no es acaso lo que uno debería esperar de una estrella de rock?
Lenny, la estrella: “No quiero ser una estrella; sólo quiero mi Chevy y mi vieja guitarra” (“I Don’t Wan’t To Be A Star”). A punto de cumplir 41 años y luego de haber vendido cerca de 25 millones de placas en todo el mundo, sigue al pie de la letra el manual de la estrella de rock y dice: “No me veo como una estrella o un ícono del rock. Me veo como una persona que crece día tras día. Aprecio esos cumplidos, pero no creo que esté a la altura de estrellas como Mick Jagger, Jimi Hendrix, Led Zeppelin, The Who. Incluso creo que Miles Davis era más estrella de rock que yo”.
Lenny, el místico: “No quiero mirar atrás y convertirme en piedra. Todos mis días oscuros han despertado. Estoy buscando un nuevo camino y no lo puedo hacer sólo: guíame hacia un lugar abierto de par en par” (“Baptized”). Para la tapa de su último álbum, “Baptism”, Kravitz decidió bautizarse en sangre y entregarse a Dios. “Este disco significó un renacimiento espiritual y musical. Dios me ha otorgado el don de la música, e intento compartirlo con la gente. Por eso el tour se llama «Celebrate», porque quiero celebrar la vida con el público que viene a mis conciertos. Es un show muy espiritual y me encanta compartirlo”.
Lenny, el rockero: “Ella me hizo escuchar discos que no conocía, Who, Zeppelin, Beatles, Kiss, The Rolling Stones, mientras tocábamos guitarras imaginarias” (“California”). En sus quince años de carrera, Lenny debió enfrentar las acusaciones de “ladrón de guante blanco” de todas sus influencias. “Nunca me ha interesado lo que digan de mí. Creo que siempre existió gente negativa. No sé si lo recuerdas, pero la gente odiaba a Led Zeppelin, decían que era una porquería. Todos los artistas creativos han sido atacados a lo largo de la historia. Yo hago lo que sale de mi corazón y lo siento real. El rock and roll es música y espíritu y nada tiene que ver con cosas negativas”.
Lenny, el mujeriego: “Estoy loco por esta pequeña dama. Me estoy enfermando por mi pequeña muñeca. Porque me hace sentir bien. Ella es tan fina... No necesita todas mis otras chicas” (“Lady”). “Lenny aprecia las preguntas sobre su música, los instrumentos, la gira; pero no le gusta hablar de su vida privada”, me sugirió la agente de prensa de la compañía discográfica segundos antes de pasarme con el músico. La advertencia llegó más lejos aún para los periodistas chilenos que lo entrevistaron tres días atrás: “Está prohibido hacer preguntas íntimas, mucho menos hablar de Nicole Kidman”. En su último álbum no sólo el tema “Lady” habla de la actriz, sino que también compuso para su ex la canción “Sistamamalover” (“eres todo para mí. Mi hermana, mi madre, mi amante”). “Me identifico más con las mujeres que con los hombres porque crecí rodeado de ellas”, dice y, por favor, no más preguntas al respecto.
Lenny, el todopoderoso: “Soy el ministro del rock and roll. Puedo curarte. Puedo salvar tu alma” (“Minister of rock ´n roll”). Las fotos de “Baptism” muestran a Kravitz tocando teclados, guitarra, batería y bajo. “Desde mi primer álbum grabo todos los instrumentos. Es lo que más me gusta hacer. Tocar música es una bendición.” Pero no sólo compone, canta y toca todos los instrumentos, sino que ahora escribe guiones y va a dirigir su propia película. “Quería contar una historia y me pareció que el cine era el mejor lugar para hacerlo. Se trata del cruce de dos culturas y si bien tiene muchos puntos de contacto con mi vida, no es exactamente una autobiografía”.
A lo largo de la charla con LA NACION aparecieron otros Lenny. Lenny, el coqueto (“me gusta cambiar de look todo el tiempo, no sé si ha sido importante en mi carrera, pero sé que no lo hago por una cuestión de imagen, me sale naturalmente. Me gusta cambiar”); Lenny, el creyente (“la clave de mi éxito ha sido la fe”); ¿Lenny el caritativo? (según un informe de prensa de la productora que lo trae a Buenos Aires, solicitó que cualquier “sobrante” de la comida pedida para el backstage “sea donada a un centro para gente necesitada o personas sin hogar”); Lenny, el fashion (se alberga en el Alan Faena Hotel); Lenny, el irónico anticonsumista (en su último hit, “Where Are We Runnin’?”, canta: “con estilo, perfil alto, tengo que comprar el nuevo Cavali, mantener la piel tensa y el culo al aire. No paren la fiesta. ¿Hacia dónde estamos corriendo?”).
Ahora bien, ¿cuál de todos los Lenny se parará sobre el escenario de Boca? El que a cada uno más le guste, porque Kravitz es hoy una de las estrellas de rock más populares del planeta y complacer a sus fans es lo que mejor sabe hacer. Si me preguntan, yo me quedo con el que me contestó: “El show va a ser muy excitante, con un sonido bien fuerte. Esto es rock and roll, man. Nada de piroctecnia ni playbacks ni porquerías como esas. Ciento por ciento espíritu humano”. Amén.





