
León Gieco, el "hermano" de los chicos
El compositor visitó el Hogar San Roque, de Capitán Bermúdez, del que se ha convertido en padrino
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ROSARIO.- Un puñado de chicos puebla mansamente la vereda. De tanto en tanto miran a un lado y a otro de la calle de tierra. No pueden evitarlo, la ansiedad de la espera se les escapa del cuerpo y empiezan a moverse preguntándose por qué demora tanto. De pronto, el silencio del atardecer es quebrado por unos bocinazos lejanos y, en un abrir y cerrar de ojos, los ceños fruncidos son reemplazados por un montón de sonrisas cómplices.
De una combi azul baja León Gieco, que camina esquivando charcos hasta fundirse en un abrazo con un chico en silla de ruedas. Pancho, a quien le faltan los brazos y las piernas, apenas si puede contener la alegría que siente por volver a ver a su amigo. Lo mismo les pasa a Pablo, a Rosita, a Stella y a todos los chicos del Hogar San Roque de Capitán Bermúdez, que uno a uno se acercan y se ganan el saludo afectuoso del cantante.
Antes de poder poner un pie dentro de la casa, Gieco ya tiene en la mano un mate que le acercó uno de los chicos que mejor conoce los gustos del músico. "Como andás Rubén, gracias, espero que no esté frío", bromea el visitante, mientras pasa la mano por el pelo del anfitrión como si fueran viejos amigos. A sus espaldas un pasacalle que dice "Bienvenido, hermano León" revela que su relación es todavía más profunda.
Gieco mantiene una estrecha relación con los chicos del hogarcito desde que ellos mismos, después de un recital a beneficio que ofreció años atrás en la ciudad, le pidieron que fuera su padrino. Desde entonces, cada vez que se le presenta una oportunidad, se hace una escapada hasta Bermúdez para verlos, conversar un poco, enterarse de qué necesitan y si anda con suerte, como la noche del jueves pasado, comer un asado en su compañía.
"El hogar es parte de mi vida, me entusiasma venir, porque me voy a encontrar con amigos y con un ejemplo de vida. Es un lugar que siento que me pertenece y en el que me siento orgulloso de que me acepten como a un par", confesó Gieco a LA NACION en un alto del rodaje del videoclip "Gracias hermano León", un tema que Pancho grabó junto al grupo musical que formó a instancias del creador de "Sólo le pido a Dios".
Caminos que se abren
El músico conoció la obra del hogar que dirigen Beatriz Boquete y Gladys Casagrande gracias a Pancho, quien desde niño escuchaba sus canciones y soñaba con conocerlo algún día. "Tanto insistí que al final un día me llevaron a verlo, primero a San Lorenzo, donde había tanta gente que no nos pudimos acercar, y después al teatro El Círculo, de Rosario, donde mi "hermano" León me recibió en su camarín", relató el joven.
"Charlamos un rato largo, le conté que me gustaba mucho la música y que me gustaría poder tocar en una banda como él", continuó Pancho, cuyo nombre es Francisco Ramón Chévez, tiene 23 años y vive en el hogar desde que tenía una semana de vida. "Me preguntó por qué no lo hacía y la verdad es que no supe qué responderle. Me regaló su armónica y me convenció de que tomara la música en serio, como él."
El encuentro fue providencial tanto para Pancho como para León. El muchacho, que antes era apenas un aficionado, decidió dedicarse de lleno a la música. El cantante, que se sentía cansado de las exigencias de la vida pública, halló un refugio donde no sólo se sentía libre sino también útil. Con los años, la amistad entre ambos fue creciendo y se extendió al resto de los habitantes del hogar con los que formaron una verdadera familia.
"León es uno más entre nosotros, así nos lo hace sentir y así lo sienten los chicos, que lo ven como un amigo más que como una estrella de rock", reveló sin poder ocultar su orgullo Casagrande, y añadió: "A lo largo de todos estos años nos ha ayudado muchísimo, hizo recitales a beneficio, gestionó la camioneta con la que nos movemos y, sobre todo, ha sido muy cariñoso con los chicos que tienen una profunda necesidad de ser queridos".
Por su carácter alegre y vital, Pablo, que tiene 20 años y sufre síndrome de Down, se convirtió en un compañero inseparable del músico en sus visitas a Bermúdez. "Tiene debilidad por León y León por él, cuando están juntos juegan y se ríen mucho, son como dos chicos -indicó Casagrande-. Pero León es así con todo el mundo, tiene un corazón enorme y una gran generosidad, tenerlo con nosotros es una bendición".
El Hogar San Roque fue fundado el 30 de abril de 1975 por el padre Luis Simiglio de la Obra Don Orione, pero, desde 1998, está a cargo de la Fundación Providencia Divina. Actualmente aloja a 47 chicos discapacitados y abandonados y, además, atiende un comedor externo que asiste a 20 familias carecientes. Sus gastos, unos 14 mil pesos mensuales, son solventados con donaciones y lo que les deja un pelotero que alquilan para fiestas.
"Siempre nos han tendido una mano, incluso ahora, que las cosas están tan mal, se nos acercan, nos preguntan qué necesitamos y nos ofrecen lo poco que tienen", comentó Boquete, mientras ayudaba a acondicionar el living de la casa para la filmación. "La solidaridad de la gente y el cariño de los chicos nos alientan a seguir adelante -añadió-, aunque la situación esté difícil nos hacen sentir que hacer el esfuerzo vale la pena".
"Siempre nos tiene presentes y eso es algo que nos hace sentir muy bien a todos", aseguró Boquete, quien desde hace 25 años está al frente del hogar junto a Casagrande. "No sólo nos invita a los recitales sino que, además, cada vez que viene trae algo para los chicos. Hoy trajo alfajores marplatenses y una vez que vino a vernos después de un viaje a España, llegó con un regalito para cada uno de los chicos".
Reconocimiento al esfuerzo
"La lucha de esta gente, y la de todos los que trabajan en hogarcitos iguales que éste a lo largo y a lo ancho del país, es un ejemplo que deberíamos imitar", enfatizó Gieco, y, a modo de explicación, señaló: "Hacen un esfuerzo muy grande por la vida y por la humanidad, por eso tenemos que ayudar, visitarlos, trata de darles una mano para que consigan lo que necesitan, porque si esperamos que lo hagan los políticos estamos listos".
"Los avances de Pablo con la música, que Rosita haya terminado de estudiar, que Pablo se anime a subirse al escenario a bailar conmigo "Orozco", que Stellita esté cada día más grande no es casual -añadió Gieco-, son logros posibles sólo por el gran amor que Gladys, Beatriz y toda la gente ponen cada día al hacer su trabajo. Por eso tenemos la obligación de valorar y apoyar su esfuerzo".
Pancho se acerca en su silla de ruedas y apura el final de la charla. Su mirada no deja dudas: hay mucho trabajo que hacer y el inesperado retraso del invitado los dejó con el tiempo justo para registrar las imágenes que tenían planeadas. Gieco entiende el mensaje y, con una amplia sonrisa como única despedida, se aleja para recibir las indicaciones para la próxima toma. En la mano lleva el mate que Rubén acaba de cebarle.
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