León Gieco y Mercedes Sosa: cómo suenan las reediciones de dos grandes artistas de la música popular argentina
Se trata de un especial de televisión que la voz del folklore grabó en Suiza, en 1980, y del cuarto disco del cantautor santafesino
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La canción “Solo le pido a Dios” es muy fácil de reconocer porque su autor, León Gieco, liga cuatro notas con un rasgueo en el comienzo del tema, de un modo muy característico de su estilo. Por eso apenas arranca uno sabe que se trata de aquella canción emblemática de la Argentina y de la música popular latinoamericana. Lo mismo sucede cuando comienza a sonar la armónica. No hay manera de equivocarse al momento de escucharla. Nadie podrá dudar de qué canción se trata.
También es curioso cuando los intérpretes se adueñan de canciones que no les pertenecen, por puro acto de fe en ellas (además del talento que tienen para interpretarlas). ¿Cuántas veces se escuchó decir: “esa canción de Mercedes Sosa”? A veces pasa, sin detenernos a pensar en que ninguna de esas canciones que cantaba fueron escritas por ella.
A finales de 2025 se publicó una grabación de Mercedes Sosa, de 1980, y se reeditó un álbum de León Gieco que mucho hablan de todo esto.
La versión original de “Solo le pido a Dios” no es como la que estamos acostumbrados a escuchar. Pero es igualmente bella. Salió publicada en 4° LP, álbum que Gieco lanzó en 1979. Es el primer tema del álbum. Solo se escucha su voz, su guitarra y un bandoneón. Se nota que no fue una reunión demasiado estudiada. Sí, se nota que el bandoneonista seguramente se encontró con la canción el mismo día que fue grabada y puso allí su magia. Los archivos dicen que ese músico era nada menos que Dino Saluzzi. El fueye del gran Dino generó un diálogo, primero con la guitarra, luego con la voz, y finalmente dibujó el motivo que luego Gieco adaptó a su armónica, tiempo después.
4° LP es uno de esos discos editados hace más de cuatro décadas por Music Hall que fueron rescatados por el Instituto Nacional de Música (Inamu). En este caso, a través del sello DBN, se relanza en vinilo remasterizado por Gustavo Gauvry y con fotografías inéditas de Rubén Andón, restauración del arte de tapa de Pali Muñoz y la curaduría de Bernabé Cantlon y del propio Gieco.
La cuarta producción de León trajo, en ese último año de la década del setenta, una mirada muy personal, por varios motivos. Por un lado, su espíritu rockero quedaba atravesado de una manera mucho más evidente por la música folclórica argentina. Por otro, una temática que terminaba de tallar su perfil de cantautor. Si lo quisiéramos analizar desde estos tiempos (aún con todos los yerros que eso conlleva), veríamos que se trata de un disco contado en primera persona pero que, lejos de ser es un paseo por el ego artístico, rescata la vida de diversos personajes. El hombre que le implora a Dios que la Argentina y Chile no entren en guerra (no lo dice con esas palabras, pero ese fue su contexto de época). La incertidumbre de pensar en otro hombre que no tiene con quién (y quizás tampoco porqué) brindar en una Navidad. El ser humano desclasado (los que tengan edad suficiente entenderán la palabra “croto”). El despojo del inmigrante. También habla de “ojos que tienen miedo”, de “continentes en silencio”, “del grito de los perdedores, que es sordo y mudo”.
“Dejate atravesar por la realidad y que ella grite en tu cabeza. Porque es muy malo dejar pasar por un costado a la historia ésta”. Para aquellos años, esa frase era toda una provocación. Porque en la lectura lineal de ese tiempo de la Argentina, los versos eran entendidos como “canción de protesta”.
Claro que había otra manera de entenderla. La respuesta estaba a miles de kilómetros de allí. En 1980, cuando Mercedes Sosa llevaba un par de años de exilio en Europa, participó en un especial de televisión en el que le hicieron una breve entrevista y luego ofreció un repertorio exquisito, solo acompañada por su bombo y por la guitarra de Nicolás “Colacho” Brizuela. Canto obras de Atahualpa Yupanqui, Violeta Parra, María Elena Walsh y César Isella, entre otros. Terminó siendo un concierto didáctico, porque hizo una introducción antes de cada canción, para ponerla en su contexto, y porque la intimidad de esa actuación puso de manifiesto todos los matices que se podían encontrar en su voz, en la medianía de su historia artística. Una Mercedes Sosa de 45 años que, además de conservar la frescura de sus años de juventud, cuando se hizo famosa en los escenarios del folklore argentino, también comenzaba a mostrar la calidez en el registro más bajo de su cuerda.
Lo significativo de la actuación fue que todo aquello que dijo (y no solo lo que cantó) tuvo su importancia. “Es difícil defender esta canción porque es una canción solidaria con el problema del hombre, pero, además, de profundo amor. Me niego a etiquetarla como mera canción de protesta. Tiene la profundidad que habla del pueblo, representa a mi gente. No puede ser sometida. Y si en algún caso es prohibida pero está en el corazón del pueblo, no puede ser olvidada, nunca más.”
“Canción con todos”, “Serenata para la tierra de uno”, “Como la cigarra”, “Antiguo dueño de las flechas”, “Gracias a la vida” y “Chacarera de las piedras” son algunas de aquella decena que cantó a modo de síntesis de su perfil artístico, ese que había comenzado a forjar ya desde principios de los sesenta, con sus primeros álbumes y su participación en la gestación del Manifiesto del Nuevo Cancionero.
Aquella actuación no es un hallazgo; circula en plataformas como Youtube desde hace mucho tiempo. El propósito de quienes preservan su legado (sus nietos Araceli y Agustín Matus, desde la Fundación Mercedes Sosa) no fue presentarlo como una novedad sino ponerlo en el marco que merece. Es decir, dentro de la discografía oficial de la cantora.
“Cuando falleció la abuela creamos la fundación, que estaba inicialmente más enfocada como centro cultural -cuenta Agustín Matus-. Con los años comenzamos a hacernos más responsables del legado, del acervo físico, de lo discográfico. A partir de 2020 comenzamos a tener el control que no teníamos de cosas que estaban en Youtube, por ejemplo. Porque nuestra idea es poner en orden todo el material, con la mejor calidad. En algunos casos no fue hecho con discográficas como Sony o Universal. Te podés encontrar con materiales que fueron pirateados o explotados por terceros”.
Con este trabajo en particular primero se hizo un lanzamiento de 2022 y luego, gracias a la participación Conrado Silvela, en diciembre último fue relanzado con un minucioso trabajo de remasterización y con un arte de tapa que refleja el contexto en el que fue hecha aquella grabación. De este modo, se convierte en un disco “oficial” del catálogo y termina siendo preservado por el testimonio que representa. Como se dijo, artístico, en primer lugar, pero también como síntesis de lo que venía realizando Mercedes Sosa, puesto en el contexto de su época y del presente de la cantora en ese tiempo.
“Sintetiza su tiempo en un repertorio determinante, combativo y poético. Y, como ella decía, en un momento que tuvo que aprender a pararse frente a otro tipo de público”, completa su nieto.
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