León Gieco y sus canciones para "bandidos rurales", en el Opera

Mauro Apicella
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6 de diciembre de 2001  

Recital de León Gieco. Con Luis Gurevich (teclados y acordeón), Marcelo García (batería y percusión), Anibal Forcada (bajo y charango), Eduardo Rogatti y Dragón (guitarras), Tancredo (violín, mandolín y guitarra). Invitados: Víctor Heredia, Andrés Giménez, Lee Oskar, grupos Mitimaes, Infierno 18 y Los Hermanos Villagra. El viernes, en el teatro Opera. Próximas funciones: mañana y pasado mañana.

Nuestra opinión: bueno.

El próximo fin de semana León Gieco volverá al Opera para cerrar el ciclo de presentaciones que comenzó el viernes último con las nuevas canciones de su disco "Bandidos rurales", con viejos éxitos de su carrera, con amigos cercanos que acostumbran a darse una vuelta por sus shows y con una serie de condimentos que ratifican su perfil artístico.

Quizá por esto último, al músico no le basta con presentar las doce canciones de su CD. Necesita varias horas para exponer todo lo que va más allá del repertorio de un álbum. De esta manera se explican las casi tres horas que duró la primera función de un espectáculo que contempló la formalidad de un estreno y momentos más distendidos.

Cerca de las 22, cuando los grupos soporte cedieron el escenario al número principal, el bandido rural imaginario -eternizado en una fotografía gigante ubicada al fondo del escenario (la misma de la portada del CD)- cobró vida y se transformó en músico, o en el artista comprometido, como a Gieco le gusta definirse.

Para el primer tramo de su concierto eligió los doce tracks incluidos en su nuevo CD. Parte de la introducción a su recital fue animada por el combo de folkloristas santiagueños Los Hermanos Villagra y por el power trío rockero Infierno 18. Ambos están integrados por chiquilines que marcan una apuesta a futuro tan fuerte como la labor de los pintores sin manos Carlos Sosa y Antonella Simán, dos artistas que aportaron su trabajo silencioso a cada lado del proscenio durante todo el espectáculo.

Luego Gieco puso el contraste (pero sin contradicciones en el total de su propuesta) cuando descargó las verdades ineludibles de "La memoria", una enumeración de hechos y nombres de la historia argentina y de otros países latinoamericanos, "para que escuchen los que pretenden hacerse los tontos".

"Justicia que queda chica donde la vida no vale", dijo después, en "Canción para luchar"; "Rabia de siglos en marcha", en los versos de "Ruta del coya". También evocó a Vairoleto y a Mate Cosido, entre otros "bandidos rurales" y enalteció a "Las madres del amor" con frases como "Y mañana seguirán con fuego en los pies/ quemando olvido, silencio y perdón".

Más tarde levantó las palmas de público con el ritmo contagioso de "De igual a igual", y a modo de postales compartió "La guitarra", con texto de Yupanqui, "Buenos Aires (de tus amores)" y "Uruguay, Uruguay", en versiones adaptadas a la formación que lo acompaña en vivo, con leves diferencias respecto de las registradas en el álbum. El potente "Idolo de los quemados" -donde este músico santafecino resume pensamientos en voz alta, casi desde su llegada a una pensión porteña- sirvió para cerrar la presentación oficial del álbum y meterse de a poco en un clima informal, similar al que propició hace algo más de un mes en la peña El Desalmadero, cuando se adueñó de la sala durante un fin de semana para probar frente al público sus flamantes canciones. Algo así como un ensayo abierto, previo a este ciclo en el Opera.

Después de medianoche

En los últimos minutos, tras el intervalo, el propio León se encargó de matizar el momento con guitarra, armónica, viejos temas de su repertorio, y la compañía de Víctor Heredia en "La colina de la vida". Y una vez que el público estuvo otra vez acomodado en sus butacas, arremetió con un set blusero-rockero, secundado por el ejecutante de armónica Lee Oskar (de paso por Buenos Aires), hasta llegar a varios favoritos ("Pensar en nada", "Guantanamera", "Ojo con los Orozco" y "Sólo le pido a Dios").

Y llegó la medianoche, pero todavía quedaba un rato más. Como si ese puñado de nuevas canciones que sonaron al principio del show fueran un paso adelante en su camino y, al mismo tiempo, apenas una parte de una propuesta que se funda en el encuentro y en ese singular personaje que es León Gieco.

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