
Lila Downs
La cantante demostró que está en uno de sus mejores momentos artísticos
1 minuto de lectura'
Presentación del disco: pecados y milagros / Lila Downs y su banda: Paul Cohen, Richard Nant y Juan Canosa (vientos), Rafael Gómez Nuñez (guitarra), Yayo Serka (bateria), Celso Duarte (arpa, charango y guitarra), Leo Soqui (acordeon y coros), Paty Piñon (percusion) y Luis Alberto Guzmán (bajo) / Sala: Teatro Gran Rex.
Nuestra opinión: excelente.
Lila Downs ya dejó la Argentina, pero las impresiones musicales de sus conciertos serán difíciles de olvidar. Como en su primera visita al país, en 2008 -cuando su encantada onda musical se derramó sobre una generación de nuevas voces, desde Soema Montenegro hasta la más experimentada Mariana Baraj-, es posible que estas nuevas presentaciones hayan dejado en el ánimo cultural nuevas ideas alrededor de la música de este continente.
Seguramente, como les pasó a los que asistieron a cualquiera de las dos noches en el Gran Rex (a sala repleta), la influencia de su arte tendrá un coletazo musical, pero también estas presentaciones fueron una buena medida de la conexión emocional que se estableció entre la artista y el público local.
Lila Downs parece haber entrado por ese hueco familiar y sentimental que dejó Mercedes Sosa. Su personalidad, su raíz aindiada, su reivindicación del folklore regional, su mensaje social y su capacidad para conectar culturas musicales tan diversas como la ranchera, la cumbia, el reggae, el klezmer, el jazz, el hip hop, el corrido y otros ritmos de América latina, completan el imaginario.
"Vos sos la Pachamama", le gritan desde la platea, otorgándole simbólicamente un título honorífico, con el que se asoció siempre a La Negra Sosa, y que ahora sirve para tomar el pulso de la identificación que provocan su música y su imagen en la escena local. Rodeada de una atmósfera fervorosa, con ese entusiasmo que provocan artistas que no suelen sonar en la radio y que se terminan de imponer en la recomendación del boca a boca, Lila Downs vino a presentar su última producción, Pecados y milagros, dedicada a las mujeres mexicanas y a su pequeño hijo Benito, que desde el costado del escenario baila con el mismo entusiasmo que el público en el teatro.
En Pecados y milagros , Lila Downs se planta en los sonidos de su México natal para invocar la cultura popular, la relación simbólica con el maíz, el alimento sagrado, y el rol de la mujer indígena, como contrapostal de la escalada de violencia que envuelve a México. Ese nuevo marco conceptual de alguna manera se traslada a lo escenográfico, donde aparece un altar para santos y guirnaldas florales, que cuelgan a los costados del escenario. Dentro de ese lenguaje estético, la personalidad magnética de Lila Downs fluye y atrapa desde el primer instante.
Pero en esta oportunidad ese espacio de ceremonia chamánica, sus coreografías o sonidos guturales vinculados a los animales nativos no son el centro del espectáculo como en su anterior visita. Hay una profundidad en su canto que establece conexiones con la tradición de legendarias cantoras como Chavela Vargas o la intimidad de una autora como Chabuca Granda.
Lila Downs sabe cómo tocar el corazón con esas canciones y rancheras para la lágrima, que mantienen la tensión hasta el último minuto en momentos como "La martiniana", "Cucurrucucú Paloma", "La llorona" o "Cruz de olvido", donde su fuerza vocal estremece. Tan profunda es la nota que toca con su propia voz que termina el tema con los ojos llorosos y mira a su compañero Paul Cohen con una sonrisa, como si fuera parte de un milagro.
Lila deja pequeños intervalos para salir de sus personajes, mientras la banda propone el clima siguiente. Entre el drama y el desborde emocional de las rancheras, Lila cambia la energía del concierto para despertar el baile profano en canciones nuevas como "Mezcalito", la fuerza de "Zapata se queda" o la intensidad de "Pecadora", en otro gran momento del show, con los Illya Kuryaki & The Valderramas (IKV) rapeando junto a ella.
Envuelta en el amparo de esa festividad sónica, de cumbia, reggae, son y groove jazzero, Lila parece exorcizar con su danza y con su canto todas las tragedias grandes o cotidianas. Así de simple, así de real. Se la nota feliz y transportada en esa danza musical cuando zapatea y se mueve como un animal silvestre en "La iguana". Pero es definitivamente Lila Downs cuando se envuelve en su chal con plumas, como si fuera una sacerdotisa india para hipnotizar al público y llevarlo a su mundo mágico, donde habitan los santitos del maíz, donde están su magia y su medicina.
1- 2
El Festival de San Remo: historia y presente de una competencia que llegó a estar muy cerca del público argentino
- 3
Coki Ramírez: su homenaje a Locomotora Oliveras, su paso por el Bailando y por qué le cuesta encontrar pareja
- 4
Nicki Nicole llevó la música urbana al Teatro Colón en un show sinfónico con grandes invitados


