Lohengrin: Wagner, en el Colón
Esta noche sube a escena una nueva versión de Roberto Oswald de este inolvidable drama romántico
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Esta es la quinta vez que encara Lohengrin , y tiene, además, en su haber cuatro Parsifal , quince puestas de Tristán e Isolda , siete del ciclo El anillo del nibelungo , once de El buque fantasma ; y hasta ahí llegó su propia cuenta (quizá para no abrumar). Pero se sabe que también hizo Los maestros cantores y Tannhäuser . Roberto Oswald se sigue fascinando con el universo wagneriano a tal punto que le busca nuevas lecturas, miradas o ángulos a las historias y a la música que concibió el compositor alemán, que él conoce al detalle y que visitó tantas veces. Lejos de cansarse, el régisseur, escenógrafo e iluminador -que está por cumplir 50 años de carrera- se plantea como un desafío buscarle un giro a una nueva puesta, a investigar a fondo una idea que se le aparece para que no tenga algo que la contradiga más tarde. Por eso aceptó el convite a ponerse nuevamente al frente de este Lohengrin que esta noche, a las 20, sube a escena en el Teatro Colón con la dirección musical del estadounidense Ira Levin y con las actuaciones protagónicas de John Horton Murray -quien alternará su Lohengrin con Richard Crawley- y Ann Petersen, como Elsa de Brabant.
"Cada puesta es diferente de la anterior. En esta última me encontré con que el cuento es un poco ingenuo, que Lohengrin es el personaje soñado y que la protagonista es Elsa. Es ella la que, cuando está acusada injustamente de matar a su hermano, cae desvanecida en un sueño en el que aparece Lohengrin para salvarla", comienza la charla Oswald, que esta vez se mete con el simbolismo y el surrealismo, "que no es otra cosa que la representación del mundo de los sueños".
Como buen escenógrafo, muchas de sus ideas de puesta y de trabajo con los actores/cantantes las vuelca en papel. Y casi como si dibujara el storyboard de una película, el director plasma cada escena con muchos detalles y colores que, en este caso, tienen una importancia primordial. No es casual que hable de simbolismos y de sueños. Allí, en el papel se descubre cuando Elsa sueña, y cuando no; cuando aparece Lohengrin en lo que podría ser la mente afiebrada de una mujer desesperada, y cuando los que se hacen presentes son los "malignos", como les dice el director a Telramund y Ortrude.
Así se alternan los tonos pasteles con unos bellísimos azules sombríos. Pero ¿es un sueño? ¿Ha sido todo un sueño de Elsa? Roberto Oswald se ríe como si hubiese hecho una travesura.
Así es este hombre corpulento que está cerca de los 80, un niño. Cuando habla se entusiasma como si fuese a él a quien le cuentan un cuento fascinante; sólo que es él quien cumple el papel de narrador. Escucharlo a Oswald es como tomar una clase acelerada sobre Richard Wagner. Es difícil hacerle preguntas. Habla y encuentra solo los vericuetos por donde seguir? "De todos los personajes wagnerianos, el único con carácter de héroe es Lohengrin; el Holandés es una víctima; Tannhäuser podría ser un héroe, pero se corrompe y está esperando la redención del amor; Sigfrido es un antihéroe en el que todos ponen su esperanza de salvar el mundo pero termina desencadenando una tragedia; Tristán es un caballero ético que termina faltando a la ética por pasión y en consecuencia otro antihéroe; Walther von Stolzing nunca es un héroe en Los maestros cantores , simplemente un alumno de Hans Sachs, y Parsifal es la mano ejecutora del destino. Así, el único héroe es Lohengrin". Oswald toma aire.
Es por eso que es el personaje con el que el compositor se identifica más, al que cuida más, al que trata con más cariño. "Curiosamente, en esta obra aparecen muchas alusiones a una actitud moral frente a la vida que Wagner creía poseer, por eso Lohengrin es el reflejo de lo que el propio Wagner creía de sí mismo: un hombre rechazado que no podía proclamar lo que era porque no se lo iba a comprender, es decir su identidad estaba prohibida -como en la obra-. Aquí la actitud del personaje es de una rectitud, de una transparencia épica y moral absoluta, a tal punto que no es comprendido por su entorno; es un caballero incorruptible. Y Wagner también se creía incorruptible en esa época en que concibió esta ópera, y en un sentido lo era, en un sentido artístico: no sucumbió frente a las modas o frente a los ismos del momento. Personalmente creo que Wagner fue bueno cuando era pobre; cuando las cosas le empezaron a ir bien se volvió más cruel".
Oswald sigue sumando datos, detalles, descubrimientos que -en este caso- quedarán revelados en escena en la función de esta noche. El régisseur no se ahorró nada para hincarle el diente con ganas a esta ópera romántica, considerada la más italiana de las obras del compositor alemán. Para muchos, todo un elogio.
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