
Los caminos de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota
"Lo que no tenemos en cuenta cuando hablamos de Skay y del Indio es que ahora, en lugar de tener una sola banda para escuchar, tenemos dos."
La frase, dicha como al pasar por uno de los rockeros sabihondos de Buenos Aires, es ideal para resumir este momento en el que el pedido de muchos por ver nuevamente sobre el escenario a Patricio Rey (el insistente cantito de "sólo te pido que se vuelvan a juntar" se escucha en cada concierto de Skay) tiene cada vez más la forma de una utopía. Pero es entendible. El de los Redondos fue un fenómeno no sólo distinguido en la evolución alcanzada a través de sus diez álbumes de estudio, sino también en el significado que tuvo como icono en las últimas dos décadas. Es la banda de culto que, a su vez, resultó la más popular de la historia. La banda sonora en la vida de dos o tres generaciones.
Hoy, la salida –con unas pocas semanas de diferencia– del segundo álbum de Skay, "Talismán", y "El tesoro de los inocentes (bingo fuel)", de Solari, debería bastar como para empezar a gozar de este presente y no quedarse a esperar el milagro. ¿Por qué? Porque cada uno, desde una estética que les pertenece y que conformó el lenguaje de Patricio Rey, ofrece un trabajo que merece ser disfrutado.
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"Talismán" tiene la magia de ese guitarrista excepcional que, a partir del pulso del rock, encontró el personaje que le permite acertar golpes directos y efectivos al corazón. El sonido que genera desde las seis cuerdas es único y ya maneja con soltura el rol de frontman, asentado además porque formó una banda estable con la que se presenta asiduamente y con la que pudo volver a los espacios con medidas más controlables para un show.
La forma de seducción de Solari desde "El tesoro..." es distinta. Hay que vencer algunas barreras antes de llegar al corazón. Es su gran juego, desde siempre, y lo perfecciona. Las muchas capas de sonido de sus nuevas canciones son la buena excusa para desarrollar las melodías. Y es ahí donde sorprende, como de costumbre, aunque con un trabajo vocal más obsesivo. Sus voces se mezclan y cruzan una y otra vez en complejos tejidos melódicos. Y con un desafío extra: el nivel de la voz no está mucho más alto que el de los instrumentos.
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El camino de los Redondos invita hoy a otros paisajes. A otras sensaciones. Solari canta: "No sirvo y nunca serví para tristes despedidas", mientras que Skay sugiere: "Eramos tres, éramos cien, éramos el mundo entero; éramos luz, éramos fe, éramos fuego en el fuego... somos la lluvia que va a caer".
No hubo tristes despedidas y tal vez en algún momento caiga esa lluvia que en algún momento refrescó el corazón de miles. Hoy, la realidad es que hay dos buenas razones para continuar con la construcción y la deconstrucción de Patricio Rey, ese mito que se perfecciona con el cariño de la gente.





