
Los orígenes de la música de raíz
"A fines del 1700 en Buenos Aires había una población negra del 80 por ciento, un 15 indígena y el resto eran criollos y españoles que habían llegado. Nuestra música surgió de todo ese origen mestizo", señala Pablo Aznarez, heredero de la tradición violinera de Sixto Palavecino y uno de los destacados creadores de la nueva generación capaz de incluir en su interesante disco "Runa" una chacarera de carácter hip-hop, una vidala bien tradicional, una zamba con aires de bossa nova o una polca de los Hermanos Matar.
El músico santiagueño en permanente búsqueda, preocupado por rescatar la cultura quichua, la esencia de la música de campo y por enlazar el origen africano de la chacarera con las diferentes influencias que fue recibiendo en el camino, será uno de los protagonistas del espectáculo "El sonido de mi tierra", que se estrenará hoy y seguirá hasta pasado mañana, en el teatro Empire, Hipólito Yrigoyen 1934.
El musical donde el violinista actuará junto a su grupo y compartirá escenario con Los Carabajal, Diego Reynoso, Trío Danza, los bailarines Luis Pereyra, Nicole Nau y el flamenco Néstor Spada indaga sobre los diferentes cruces entre la música africana, la chacarera, el tango, la zamba, la vidala y el arte flamenco. "Hacemos una apuesta sobre la relación que existe entre nuestra música y los sonidos africanos, reflejada a partir de un sistema ternario que se usa en el folklore y que a la vez lo encontramos en otros folklores del mundo como los sonidos celtas o el flamenco -apunta Aznarez, que canta y compone sus temas-. Por eso en el espectáculo está planteada desde lo coreográfico esa relación donde se encadenan los zapateos del malambo con el taconeo del flamenco o los rasguidos de la chacarera por bulerías, todo unido por el lenguaje de la tierra."
"La idea es retomar esta cosa más conceptual, que el tango lo supo hacer bien y que en el folklore no se continuó a pesar del trabajo que hizo Andrés Chazarreta, donde había una puesta más integral de música y baile", dice Aznarez, que está influido por los viejos vidaleros, la cultura rock y don Sixto Palavecino."No me considero un cantor, pero utilizo la voz como otro elemento más de expresión donde busco esa cosa más gutural de las viejas o los viejos vidaleros. Eso me da la libertad de cantar de formas diferentes o rapear una chacarera si quiero. Estoy inspirado por esas voces que escuché en mi infancia y también por ese desprejuicio que hay más en el rock donde lo que importa es la expresión. Por ejemplo, me gusta mucho el cantante de Café Tacuba. Por ahí, eso a la gente del folklore le choca, pero también se me acercan los viejos para decirme que le recuerdo a la gente de campo cuando canto."
El violinista combina en su ejecución una pulsación rústica de monte adentro en chacareras y vidalas de su autoría relacionadas con los ancestros quichuas y lo social como "El Mishky tren". Pero también se anima a usar samplers. "Ahora estoy en un proceso por obtener un sonido bien acústico y natural. Pero las máquinas me seducen para traer ciertos ambientes que son difíciles de reproducir en un escenario como voces quichuas pregrabadas."
El violinista heredero del estilo de Sixto, al que señala como su máximo referente, busca un sonido personal que sea reflejo de su tierra. "No creo en la fusión, pero sí incorporar elementos de la música más primitiva. Hay una pulsión y un latido común entre diferentes folklores del mundo que desembocan en Africa. Estoy seguro de que si voy allá y toco una chacarera me van a entender."




