
Los orígenes del dodecafonismo
1 minuto de lectura'
En el Museo Nacional de Bellas Artes, está "Dinámica del viento", una pequeña pintura de Emilio Petorutti, de 1915, considerada la primera obra de abstracción libre realizada por un artista argentino. Algunas salas más adelante, y unos veinte años después, Petorutti reaparece con "El improvisador" y con "Sol argentino", en las cuales hay figuras discernibles, formas geometrizadas y densos planos amarillos para significar la luz. El proceso implicó arribar primero a la libertad de los componentes referenciales y luego avanzar hacia procedimientos más estructurados. Algo similar se dio también en el derrotero artístico de Arnold Schönberg.
Según vimos en nuestro encuentro anterior, el compositor austríaco había alcanzado la atonalidad, en 1909, con las "Tres piezas", op. 11. En ellas, Schönberg elabora un discurso que no se atiene a los cánones de la armonía tonal y combina los doce sonidos de la música occidental según su fantasía y voluntad. De algún modo, Schönberg había abierto las puertas para navegar sin restricciones por un mar infinito. Y apenas llegado a esa situación, comenzó a pensar cómo establecer algún tipo de normativa para moverse ordenadamente dentro de ese universo ilimitado. La solución a la que arribó, a partir de una capacidad creativa y especulativa admirables, fue el dodecafonismo, una técnica compositiva para manejarse con criterios precisos dentro de la atonalidad. Desde entonces, podía haber obras de atonalidad libre ("Wozzeck", de Alban Berg) o de atonalidad dodecafónica ("Lulú", también de Berg).
No parece necesario exponer las reglas que guían este método, del mismo modo que tampoco tendría que hacerlo con los innumerables preceptos de la armonía tradicional, aunque sí es pertinente aclarar que la materia básica con la cual se trabaja es una serie de doce sonidos, la célebre serie dodecafónica. Cabe agregar que es un error confundir el dodecafonismo con el serialismo, ya que este último es un sistema compositivo posterior y más abarcativo.
La técnica de los doce sonidos vio la luz en 1923, con la última de las "Cinco piezas para piano", op. 23 y es exclusivamente una técnica compositiva. El dodecafonismo no es un movimiento artístico, ni una estética determinada ni implica un tipo de expresión especial. Son dodecafónicas obras tan disímiles como las Variaciones para orquesta, de Schönberg, la Sinfonía op. 21, de Webern, el Concierto para violín, de Berg, o los números centrales del "Canticum sacrum", de Stravinsky. Por lo demás, hay tanto obras dodecafónicas maravillosas como insignificantes, exactamente lo mismo que sucede con la música tonal de cualquier tiempo.
1
2Julieta Ortega habló de la recuperación de Palito y reaccionó, contundente, a una pregunta directa de Mirtha
- 3
Charly García y Luis Alberto Spinetta: la intención de hacer un disco juntos, el incendio que cambió los planes y “Rezo por vos”, el clásico que cumple 40 años
4En fotos: la fiesta de blanco de Pampita en el Caribe para celebrar sus 48 años

