
Magdalena León y un encuentro feliz
1 minuto de lectura'
"Serenata a la vida", de Magdalena León, con G. Cardozo Ocampo (piano), O. Figueras (guitarra), I. Pietrantonio (flauta travesera), N. Di Bella (percusión) y R. López (guitarra, bajo, arreglos y dirección musical). En el Club del Vino.
Nuestra opinión: muy bueno.
"Magdagrafías", dibujo que, en forma de canción, plasmó Héctor Dengis para retratar a Magdalena León, abre este eufórico y entretenido reencuentro con una estupenda cantante que, alejada de nuestros escenarios por siete años, vuelve decidida a divertir, con ocurrencias, una reunión de amigos.
En esta primera incursión quedan perfilados estilo y talento: una voz robusta, con un timbre acerado y filoso que la técnica vocal sabe convertir en pastoso; una libertad creativa expresada a través de elásticos fraseos y una dicción clarísima que es toda una rareza en el mundo de la canción.
Aunque entre la belleza de las vibraciones de su garganta permanezca escondido en el fondo de la fonación un sutil y apetecible vibrato, las canciones se visten de eufónicas resonancias, como ocurre en "Serenata para la tierra de uno", de M. E. Walsh, y "Vengo a ofrecer mi corazón" y "Un vestido y un amor", de Fito Páez. La ex soprano de aquel antológico Buenos Aires 8, devenida mezzo, encuentra en la tibieza de su tesitura envolventes timbres de contralto.
La media voz es la que conquista. Porque permite explorar tanto las reconditeces de "Para vivir", de Milanés, como irrumpir con las explosiones del discurso poético-musical hacia el final de "Cardo y Ceniza", de Chabuca Granda. Pero también se rinde uno a vibraciones emocionales de energía expresiva, sin desmesuras; a fraseos ya intensos, ya delicados; a los ascensos y descensos de notas que van de la mano de la poesía.
La soprano sabe regresar, con guitarra y cajón, en "El ciudadano", para demostrar en inquietos fonemas la flexibilidad de su garganta privilegiada, el magistral manejo de la voz. Sabe también internarse en los pliegues de "Juana", un divertido merengue (anónimo venezolano), acompañándose, suelta y segura, con el cuatro. Y sabe desgranar exquisiteces entre las bellísimas cadencias de la canción de cuna "Drume negrito", de Bola de Nieve.
El ecléctico repertorio no será signo de asepsia estética, sino una búsqueda, una prueba, tal vez una promesa, para este retorno.
Su canto llega enriquecido por los certeros climas de los arreglos. Para lograrlo, Roberto López entretejió, desde su impecable guitarra, diversas combinaciones instrumentales de inédito buen gusto. Cardozo Ocampo, Figueras, Pietrantonio, Di Bella, junto con él, han rendido culto a la sutileza para resaltar la belleza de cada canción. Entre todos alcanzan un final estremecido en "Creceremos", el tema testimonial de Amauri Perez, de dramática vigencia.




