
Malograda propuesta artística
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Concierto de la Orquesta de la Radio Televisión Pública de Argentina. Programa: Concierto para guitarra y orquesta de Oscar Vidal, Flores argentinas de Carlos Guastavino, en versión para canto, guitarra y orquesta; Adagio para cuerdas op. 11 de Barber y Rapsodia en blue, para piano y orquesta de Gershwin. Solistas: Sebastian Pompilio, Annelise Skovmann (canto), Pablo González Jazey (guitarra), Mónica Sirpari (piano). Director: Marcelo Zurlo. Teatro Nacional Cervantes. Secretaría Nacional de Medios Públicos.
Nuestra opinión: regular
Una vez más, el magnífico edificio de estilo español neoplateresco, el Teatro Nacional Cervantes, fundado por María Guerrero y Fernando Díaz de Mendoza, inaugurado en 1921, y en el que debería funcionar en forma permanente una jerarquizada y gran compañía del teatro de prosa, fue escenario de un concierto heterogéneo por la variedad de las obras y desconcertante por el nivel artístico logrado.
En primer término se escuchó una nueva composición de Oscar Vidal. Su Concierto para guitarra y orquesta -en la que se lució el guitarrista Sebastián Pompilio, de muy prolija articulación y bien sentido para captar la atmósfera de tango que el autor mantuvo a lo largo de los tres movimientos (los dos primeros de dinámicas lentas y oscuras y el tercero algo más vivo, pero de ideas musicales interesantes y a la vez gratas)- fue motivo de un caluroso aplauso al compositor presente en la sala.
Luego se escucharon las doce hermosas canciones del ciclo Flores argentinas de Carlos Guastavino con textos maravillosos de León Benarós, en una versión para canto, guitarra y orquesta, creada por Pablo González Jazey, refinado artista que junto a Annelise Skovmann conforman el consagrado dúo Inca Rose, cuyo objetivo y éxito surge de la idea de trazar un puente de unión entre lo académico y lo folklórico.
La segunda parte se inició con una alicaída versión del Adagio para cuerdas de Barber -el conjunto de arcos hizo pensar que estaba haciendo una primera lectura- y se completó con una inaceptable ejecución de la Rapsodia en blue de Gershwin, básicamente por la ausencia de carácter y estilo rítmico en la batuta de Zarlo y por la errática ejecución de la pianista Mónica Stirpari, acaso justificada por el estado de un piano desafinado y desequilibrado en el teclado.




