María Graña recrea los clásicos
Recital de la cantante María Graña. Presentación del CD "Rara, como encendida". Con César Angeleri (guitarra), Cristian Zárate (piano), Pablo Mainetti (bandoneón), Daniel Naka (bajo) y José Luis Colzani (batería).
Nuestra opinión: bueno
"Uno", "La última curda", "Sur", "Naranjo en flor", "El choclo", "Como dos extraños". Clásicos del tango, entrañables y tan necesarios para muchos cantantes.
Vale tener en cuenta que, en ocasiones, interpretar los títulos más tradicionales del género responde a la demanda del público o a la dificultad del artista para encontrar un repertorio menos efectista, pero no menos profundo. Además, con los clásicos es más fácil conseguir aplausos. Otro dato por tener en cuenta es la diferencia entre repetir y recrear. Lo común es que quienes carecen de condiciones vocales repitan; en una reunión de amigos, desde la platea de un teatro o en casa, mientras suena un disco de fondo. Y lo ideal es que los artistas que cuentan con aptitudes se dediquen a recrear. Esto no siempre ocurre, aunque sí sucedió cuando la cantante María Graña presentó su nuevo álbum "Rara, como encendida".
Excepto por piezas como "Un amor de aquéllos" o "Poema en Si Mayor", la placa está conformada por una mayoría de títulos muy conocidos que Graña decidió recrear. Para esto, juntó a un grupo de instrumentistas que juegan en la primera A del tango y encargó los arreglos a dos de estos músicos, el guitarrista César Angeleri y el pianista Cristian Zarate. Quizás el desafío para esta dupla haya sido encontrar formas originales sin apartarse de ese estilo que Graña sostuvo durante años y que mantiene seguidores fieles como los que el sábado último colmaron la sala del Ateneo.
La cantante no faltó a la verdad cuando dijo, antes de los bises, que estos músicos le habían hecho un traje a su medida. Sólo "Se dice de mí" se escuchó en una versión que desentona un poco dentro de este repertorio. Pero en el resto de los clásicos quedó plasmada la inventiva de Angeleri y de Zárate. Y Graña ha tenido la oportunidad de volver a encontrarse con algunos tangos ("Fruta amarga", "Taquito militar", "Los mareados" o su tan querido vals "Caserón de tejas"), pero de otra manera. No sólo renovó el vestuario a mitad del show, también cambió de pareja. Su voz hizo magníficos dúos con el bandoneón, con la guitarra y con el piano.
Aunque esa presencia vocal tan impetuosa muchas veces contagió y arrastró a los instrumentos. Así fue que predominó una manera de contar las historias de estos tangos: introducciones que destacaron los detalles interpretativos y finales estridentes sobre los agudos de su registro y a toda orquesta (a pesar de que se tratara del acompañamiento de un quinteto).
Allí sobresalieron algunos sellos de fábrica de esta intérprete. Y quizás el motivo de que no hayan alcanzado el mismo protagonismo otras alternativas. Esas variantes de las que sí hubo algunas buenas muestras en "Sur" o al acercarse a la canción melódica con "Un amor de aquéllos", que lleva la firma de Chico Novarro, y al "Vete de mí", de los hermanos Expósito.






