
Mederos para bailarines
Presentación de la orquesta típica de Rodolfo Mederos. Ariel Azcárate (piano), Carla Algeri, Rodolfo Roballos, Luis Gayupan y Mederos (bandoneones), Patricio Cotella (contrabajo), Armando de la Vega (guitarra), Fernando Diéguez (violonchelo), Rubén Jurado (viola), Virginia Di Salvo, Andrea Rosenfeld, Cecilia García y Luis Sava (violines). Los viernes de julio, a las 23, en el Centro Cultural Torquato Tasso.
Nuestra opinión: bueno
"Seamos modernos, busquemos en el pasado." La frase que el bandoneonista Rodolfo Mederos tomó de Verdi para trasmitírsela a sus alumnos comenzó a influir en su propia producción artística.
A fines de la década del noventa empezaron a crearse nuevas orquestas típicas. La incipiente reaparición del formato se incrementó en los últimos años como una manera de recuperar una institución de la historia del tango. Y Rodolfo Mederos también se volcó a esta tendencia, seducido por aquella frase que repite a sus discípulos. Se lo tomó tan en serio que sólo este año pudo concretar el proyecto de una orquesta propia con todas las de la ley: cuatro violines, cuatro bandoneones, viola, chelo, guitarra, contrabajo y piano, y un repertorio que contempla algunos tradicionales del género y piezas que llevan la firma de Mederos.
Semanas atrás hizo una presentación oficial de su típica y todos los viernes de este mes ofrece un ciclo de actuaciones en el Centro Cultural Torquato Tasso. "Es una pena que no tengamos cancha para bailar. Me gustaría que alguna vez la tengamos", decía el bandoneonista y compositor el último viernes antes de comenzar a tocar su tema "Abran cancha", frente a una sala colmada de público, mesas y sillas. Es que, por tratarse de una orquesta con todas las de la ley (instrumentos, repertorio y arreglos), deberán ser los milongueros quienes aporten su opinión.
En cuanto al desempeño estrictamente musical, se puede entender desde dos aspectos. Si se pone atención en los detalles de esta juvenil agrupación es posible disfrutar de varios elementos. Suena grande justamente por su caudal instrumental (no porque busquen elevar decibeles). Además, su veterano conductor prestigia los silencios, la dinámica grupal y la belleza de muchos pasajes melódicos.
En un sentido más general se escucha una propuesta que resume el espíritu de las típicas tangueras -con influencias de la escuela Pugliese, donde Mederos supo cursar ya hace unos cuantos años-, pero con gestos más dirigidos a la síntesis y a valorizar las formas que hacia un nuevo aporte.
Para no recurrir a detalles demasiado técnicos, quizá sirva una comparación extramusical. Como en sus años de juventud Mederos fue estudiante de biología, se puede decir que en los setenta (con formaciones como Generación Cero) o en los ochenta (con discos como "Buenas noches, Paula" y "Verdades y mentiras") fue una especie de químico dispuesto a probar entre tubos de ensayo y otros elementos de laboratorio. En cambio, desde su trabajo en dúo con el guitarrista Colacho Brizuela, y ahora con la típica, su labor parece más cercana a la de un arqueólogo. Sabe dónde buscar. Y aunque no sepa exactamente qué va a encontrar, cuando esté frente al hallazgo, por la información existente sabrá de qué se trata y cómo catalogarlo.
Antes iba a lo desconocido; ahora, con la orquesta, da su versión de lo conocido. No es ni más ni menos meritorio; quizá sea un cambio de rumbo hacia un sendero allanado hace más de medio siglo.
Por las características de su trabajo, su producción se difundía en ámbitos elitistas; actualmente ofrece un producto para público masivo del cual (vale insistir en esto) habrá que tener muy en cuenta la opinión de los bailarines.





