
Memphis, con estilo renovado
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Presentación del disco de Memphis La Blusera "Angelitos culones" . Con Adrián Otero en canto, Emilio Villanueva en saxo tenor y barítono, Daniel Beiserman en bajo, Lucas Sedler en guitarra, Germán Wiedemer en piano eléctrico y órgano Hammond y Marcelo Mira en batería. Músicos invitados: Pablo Fortuna en saxos, Fabián Veglio en trompeta, Martín Laurino en trombón, Daniel Leis en guitarra, Juan Carlos Marras y Onei Cumba en percusión, Dani Dorf, Willy Lorenzo y Claudio Leda en coros. En el Gran Rex.
Nuestra opinión: muy bueno.
La tradicional banda de blues Memphis mostró una enorme ductilidad a la hora de presentar su nuevo disco, "Angelitos culones", recientemente en un Gran Rex a tope.
En rigor, fueron dos shows; una primera parte, donde su nuevo disco fue el protagonista, y una segunda, donde el blues porteño copó la banca y su público, fiel como pocos, dejó las butacas y salió a corear sus letras, que a estas alturas forman parte de la realidad cotidiana.
Tal como lo prometió, el sexteto se presentó con Adrián Otero en canto, Lucas Sedler en guitarra, Emilio Villanueva en saxo tenor y barítono, Germán Wierdemer en teclados, Daniel Beiserman en bajo y Marcelo Mira en batería, junto a un set de caños, dos percusionistas, un coro y otra guitarra. Toda esa artillería musical para presentar este nuevo disco que sale de la tradicional historia de Memphis.
Una música sobrada en arreglos, ataques de caños estridentes, coros que refuerzan el discurso de un cantante cómodo en su papel de anfitrión, solos concisos y una solidez y ajuste excelentes.
Novedades
En el material nuevo hay algunos hallazgos como "Estepario", un shuffle a medio tiempo, en el que los vientos hacen un contrapunto intenso, swinguero con el cantante. Otero habla de su soledad, el set de caños contesta; el estribillo toma aire de balada. Los arreglos de Wiedemer tienen un interesante juego, el joven Sedler muestra cierta audacia en su corto solo.
"Hacia la libertad", un afroblues, en la onda de Bo Diddley; sacudido, vibrante; el Hammond le da un aire sacro. Memphis se mueve cómodamente en esta etapa, suena convincente. Hay arreglos importantes en el tramado de los temas, pero sin abandonar la esencia de su música: el blues.
Vendrá luego "Confundido", algo así como un gospel-rap, con aire latino, que parece apuntar directamente al centro del mercado latino de Miami. Aquí, el grupo parece perder algo de fuerza y de fe en su música. De cualquier modo, el coro repite la frase y la confusión es sólo pasajera.
Llega el momento de los boogies . Con "Enloquecido" Memphis recobra su fisonomía. Los arreglos de caños impulsan el tema, el solo de Villanueva gana en intensidad. Quizá Villanueva sea el único saxofonista de blues puro que tiene la ciudad. Su discurso actualmente es más fresco, su sonido, más fluido, lo que habla de su excelente momento como músico.
Una balada blues, "Los amantes", relata una historia de amor y la voz de Otero cargada de sentimiento parece sacudir el recinto.
En el shuffle "Amigo mío" un hombre despechado habla de su dolor. La cadencia del tema, en especial el walking bass de Beiserman, parece describir el corazón del cantante, el barítono da con el tono exacto, Sedler ataca un solo casi pasional, su guitarra suavemente saturada enfatiza el dolor que de tan intenso pone de pie al auditorio.
La banda se mueve con soltura. Su show continúa con "La potra", un boogie en el que Mira hace un acompañamiento rítmico interesante.
De esta manera termina la primera parte y llega el momento de volver a los buenos viejos tiempos. Otero desafía a su público: "¿Qué quieren que toquemos?" y así comienza una suerte de repaso de sus hits.
Ya no hay soporte y, sin embargo, el grupo no pierde ni fuerza ni presencia. Con los primeros acordes de "La flor más bella", el público pasa de oyente a bailarín y se desencadena la ceremonia que acompaña a este grupo desde hace más de veinte años. Otero dirige con sensibilidad y mano firme a esta banda de blues intensamente porteña, diríase propia de la ciudad.
Llega "Sopa de letras", esa rumba blues, que habla de alguien que abandona el barrio, el margen, en busca del centro de la ciudad. Ya sin caños, el grupo recobra esa identidad conocida, Sedler muestra una fuerte personalidad como solista; combina una caudalosa inspiración con técnica blusera. Tiene influencias al menos de dos grandes guitarristas, Eric Clapton y Peter Green.
Se acaba el show, "Moscato, pizza y fainá" pone el teatro de cabeza. Los solos de Villanueva, en una noche donde su duende estuvo muy activo, provocan una fuerte respuesta del público. El blues suena fresco, tan cercano a la vida cotidiana.
Memphis presentó su disco, una apuesta audaz que su público recibió con interés. Sin embargo, el calor, como siempre, lo puso lo conocido, ese puñado de canciones que reflejan algo tan intenso como los sentimientos que esta banda demostró conservar intactos.
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