Midori, veinte años con la música
La talentosa violinista japonesa se presentará el domingo en el Carnegie Hall
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BERLIN.- Tal como la música, que a diferencia de otras artes existe y deja de existir en manos de un intérprete y sólo a través del tiempo, así también se revela la consciencia de Midori Goto, la excepcional violinista que concibe la intensidad e importancia de las cosas como un hecho igualmente efímero, como algo que, tal como ella lo explica, va desdibujando su valor en la memoria para integrarse en una totalidad que excede al arte. "Cada trazo es simplemente un trazo más en la intrincada fábrica de la vida" responde Midori, y ya sólo ese sentido del paso del tiempo habla de la madurez y profundidad de una artista cuyo prodigio supera el alcance de un virtuosismo puramente musical.
Diminuta y frágil a la vista, como una muñeca de porcelana, pero llena de garra y pasión a la hora de hacer vibrar las cuerdas de su célebre "Guarnerius del Gesu/ex Huberman" de 1734, un tesoro que por fortuna le fue concedido a manera de préstamo vitalicio, la etérea Midori celebra en esta temporada su vigésimo aniversario en la vida de conciertos.
Con apenas once años, en 1983, debutaba con la Filarmónica de New York bajo la batuta de Zubin Mehta y recibía allí el mayor impulso para lanzarse a una meteórica carrera internacional. Diez años más tarde, con una fama afianzada en todo el mundo, fundaba Midori & Friends, una organización creada como programa educativo para la escuela primaria de niños necesitados en New York, por lo cual, durante esta temporada, la talentosa violinista nacida en Osaka celebra por partida doble con un calendario de conciertos junto a las más prestigiosas orquestas del mundo, culminando el ciclo con un recital el domingo, en el Carnegie Hall. Luego emprenderá una gira por Japón, en una original serie bajo el título de "Total experience", basado en el concepto japonés kizuna, es decir, interconexión humana, desarrollada ésta sobre la idea de una experimentación con conceptos temáticos y una activa participación de la audiencia.
Hoy, además de ser una estrella de la escena clásica mundial y la presidenta de su propia fundación, Midori continúa un posgrado en psicología, tras haber egresado de la Universidad de New York como licenciada en esa materia. Lejos de los escenarios de concierto, Midori lleva una vida apacible dedicada a su hermano menor, al estudio, a su devoción por la literatura y a sus dos perros ("Franzie", en homenaje a Haydn, y "Willa", en homenaje a una de sus escritoras favoritas, Willa Cather). En Berlín, la virtuosa violinista tocó acompañada por la Orquesta Filarmónica, donde al mismo tiempo grabó en vivo para Sony Classical los conciertos de Mendelssohn (mi menor) y de Bruch (sol menor), bajo la dirección del noruego Mariss Jansons. En la capital alemana, Midori Goto dialogó con LA NACION.
-¿Cómo vive esta temporada en la que coinciden dos importantes aniversarios?
-Si bien durante esta temporada tendrá lugar un gran número de eventos importantes, la mayoría de ellos no fue concebida necesariamente según ese concepto. La coincidencia de dos aniversarios tan redondos en realidad es muy útil para el marketing, pero en sí mismos, y personalmente, no revisten ningún valor emocional extra. Sin embargo, estoy extremadamente involucrada en esos proyectos, por ellos mismos y desde su concepción. Quizá porque es un número redondo, la temporada salió favorecida con proyectos especialmente interesantes. Entre lo más destacado mencionaría una gira de recitales por Asia llamada Total Experience Project, una nueva grabación con la Filarmónica de Los Angeles; mis memorias, que se publicarán en Alemania; otro libro mío en Japón, y esta grabación en vivo que acabamos de hacer con Mariss Jansons y la Filarmónica de Berlín y que saldrá también este año.
-Pero la fecha y los proyectos alusivos invitan a echar una mirada hacia atrás...
-Todo el mundo me pregunta por "las piedras fundamentales" y los hitos de mi carrera, obviamente porque se trata de un año aniversario. Hubo acontecimientos que, cuando estaban ocurriendo, no llegué a reconocerlos como un verdadero hito. Hubo otros, en cambio, que consideré muy importantes en su momento, pero que luego pasaron a ser apenas como una pincelada más en ese cuadro general que es la vida, perdiendo así el status de hito que alguna vez les había concedido. Eventualmente, todos los acontecimientos pierden su efecto por causa del tiempo, y las experiencias, las de todo tipo, van convirtiéndose en algo neutral, donde cada trazo es simplemente un trazo más en la intrincada fábrica de la vida.
-¿Cómo siente el futuro desde esa filosofía de vida?
-Cuando contemplo un proyecto de vida, encuentro como primera y sencilla respuesta ser una buena persona. Luego, naturalmente, debo definir qué significa para mí el concepto del "bien". Lo importante es esa búsqueda y el tratar de acercarse lo más posible a cuanto sea bueno. En ese camino uno vacila, consciente o inconscientemente; todo el tiempo y muy a menudo ni siquiera se sabe qué es lo que uno está haciendo en la vida. Tener un buen trabajo y una vida personal feliz, confortable... eso nos satisface. Pero, ¿es verdaderamente ése el concepto del bien? Estas reflexiones me inclinan a conservar la humildad.
-¿Qué lugar ocupa la música dentro de su propio concepto del bien?
-No pienso mi vida puramente en términos de música, ni siquiera en términos de una vida musical. Mis objetivos en la vida tienen que ver con el vivir correctamente, y eso incluye la idea de ser una buena persona como acabo de mencionar. Y la música... simplemente encuentra su camino dentro de ella.
-¿Qué le gusta destacar particularmente desde sí misma como intérprete?
-Cada pieza que toco debe tener una vida propia en sí misma, tanto como que la obra debe tener también una vida en mí, algo que pueda exteriorzarse cada vez que la interpreto. Luego, la música debe entrar en el cuerpo del oyente y a través de él volver a revivir. Ahora bien, uno de los elementos más importantes en la interpretación considero que es la honestidad. Sin honestidad emocional nada puede ser verdaderamente exteriorizado, expresado ni comunicado. También el oyente debe abrirse con honestidad para aceptar las reacciones emocionales que le provoca la música. Lo que quizá con mayor frecuencia recibo por parte de mis colegas, acerca de mi interpretación, es la palabra "intensidad". No creo que con eso se refieran a algo agresivo, sino más bien a mi absoluto poder de concentración, algo de lo cual no es fácil prescindir en un concierto.
-¿Cómo ha moldeado su estilo y quiénes marcaron su personalidad artística?
-Personalmente, no creo que el estilo pueda ser "derivado" ni transmitido a otra persona. Sí, en cambio, creo que es algo muy personal y particular. Mi madre fue mi primera maestra de violín; luego, en Nueva York estudié con Dorothy DeLay en la Juilliard School, pero el estilo es algo innato que debe sí ser nutrido. En la combinación correcta, uno consigue el éxito sólo cuando consigue exteriorizarlo.
-¿Cómo fue para usted crecer siendo una niña-prodigio?
-Mis rutinas parecían ser muy similares a las de los demás niños. En mi infancia asistí a la escuela en Japón y más tarde en Nueva York, donde fui estudiante de la Juilliard School. Cuando comencé a trabajar, en un momento en que tanto en mi vida personal como en la musical tenía todo por delante, estar bajo la mirada pública a veces resultaba un desafío. Más tarde, como adolescente, uno atraviesa un período de confusión en el que se siente mucho esa mirada de los demás y tanto mis éxitos como mis fracasos eran de público conocimiento. Una bendición a medias, porque esta exposición puede traer el apoyo del público, pero también su desaprobación, como del mismo modo magnifica ese estado de perturbación interior. Los adolescentes se sienten perdidos en un mundo inmenso, buscando aceptación y tratando simplemente de hallar su camino. Pero yo, afortunadamente, estuve muy centrada durante ese proceso y fui capaz de tener la concentración suficiente para dedicarme a aquello que era verdaderamente importante para mí: la música y la escuela. La experiencia del colegio fue un desafío y una gran satisfacción, y adoro aquellos años de estudio que pasé en Nueva York. Durante ese tiempo en la escuela, por ejemplo, tenía demasiadas tareas escolares para realizar durante las giras, y los libros que me llevaba para estudiar a menudo significaron una conexión con mi hogar, al mismo tiempo que me proveían de un sentido de sustento, de la sensación de estar apoyada en algo. Lo que de algún modo me arraigó en los constantemente cambiantes itinerarios de conciertos.
-Desde su perspectiva de psicóloga, ¿qué dificultades considera que pueden presentarse en la educación de los niños superdotados?
-Lo primero que en todo caso quiero aclarar al respecto es que la palabra "prodigio" es un rótulo puesto por los adultos, pero tal rótulo no significa que el propio niño piense sobre sí mismo en esos términos. Vivimos en un mundo que permanentemente exige explicaciones y validaciones, y para ciertos niños la palabra "prodigio" parece ser la mejor para describir sus capacidades especiales. El éxito temprano da la oportunidad de trabajar con gente altamente respetada, lo cual es muy beneficioso, pero la sociedad tiene dificultades en despegarse de la imagen de esa personita. Un prejuicio que debe ser superado.





