
Miller, un moderno bajista "todo terreno"
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Presentación del bajista Marcus Miller , en bajo eléctrico de cuatro y cinco cuerdas, Roger Byam en saxo tenor, Michael "Patches" Stewart en trompeta, Leroy Taylor en teclados y sintetizadores y Nisan Stewart en batería. En el salón Libertador del Sheraton Hotel.
Nuestra opinión: muy bueno.
El poeta del ritmo, Marcus Miller, quizás el bajista eléctrico de mayor expresividad, debutó anteanoche en Buenos Aires en el salón Libertador del Sheraton, colmado con un público ansioso por estar frente a este grande del jazz. Con sólo aparecer en el escenario, los 45 minutos de espera quedaron en el olvido.
Miller domina una veintena de instrumentos. Con su Fender Jazz Bass de cuatro cuerdas como escudo, este músico nacido en 1960 y que con sólo 21 años ya tocaba con Miles Davis dio una clase que por momentos fue de un virtuosismo abrumador. Otras veces, sus frases cargadas de emoción desarmaron al auditorio. Así como Jaco Pastorious y Stanley Clarke representaron a los rítmicos de los años 60 al 80, Miller encarna al bajista "todo terreno" de la actualidad. Su estilo es fuertemente percusivo y combina una fuerte influencia del funk con una riquísima información de jazz fusión, donde está presente lo latino.
Dos que son sólo uno
Hay dos Miller. Uno, como acompañante implacable que parece seguir una línea de puntos jugando con suaves acentos rítmicos de sonoridad incisiva. El otro es el solista, que tiene fluidez, potente vibrato, una velocidad impactante y un dominio de los armónicos sumado a una técnica única de slap.
El bajista presentó su último disco "M2", un trabajo sobrio e interesante en el que se destacan su cálido melodismo y su portentosa inspiración rítmica. Con un quinteto formado por el trompetista Michael "Patches" Stewart , un músico que recuerda mucho a Davis; Roger Byam en saxo tenor, Leroy Taylor en teclados y sintetizadores y Nisan Stewart en batería, Miller desarrolló uno de los shows más calientes del año. Por ejemplo, en "Teen town", donde los duelos contrapuntísticos, primero entre trompeta y saxo y luego entre bajo y banda, describieron prolongados arcos de tensión que provocaron el frenesí del público. Otro de los pasajes más fuertes fue el tema "3 Deuces", combinado con "Come together", de Lennon-McCartney, en una versión de exultante potencia.
El show comienza con "Run for cover", introducido con una cadena de slapping sobre acordes que logran adhesión inmediata. Mientras edifica el solo se conforma un groove que toma cuerpo vuelta a vuelta.
Con "Goodbye Pork Pie Hat" el grupo ataca una balada. Miller frasea como un guitarrista esta melodía que es quizá la expresión más jazzística que compuso este músico para el último disco.
Su bajo se vuelve descriptivo. Mientras trabaja en el mantenimiento del ritmo su coro se vuelve cadencioso, con una frescura cargada de negritud. Pero es sólo una parada de descanso, pues continuará con un tema de cadencia funk, en el que se verá a Patches sonando otra vez como el Davis de los 80: edifica su coro sobre una serie de escalas veloces que le dan al tema un sabor conocido pero estimulante; Miller recrea de pronto aquellas atmósferas nacidas de la guitarra de Hendrix, como el riff de "Purple haze", que sale de su bajo como un ave Fénix poderoso y vital.
Luego seguirá "Lonnie´s lament", de John Coltrane, que tocan algo más lento que el original. Tiene aroma de balada, suena pesada, pero ágil. El solo de Patches Stewart muestra la influencia de Davis sobre su estilo; la campana de su trompeta mira al suelo, asordinada. Su sonido sale sin vibrato y si bien no transmite aquella dolorosa soledad del músico sí tiene mucho de lamento. Miller toma aquí el soprano bajo y desarrolla la melodía sobriamente, con apenas pequeños agregados que parecen reordenar la frase. Sobran cadencia y un fuerte compromiso con este tema.
Se acerca el final y del bajo salen las primeras notas de "Come together". El público la reconoce y la disfruta. Tiene arreglos que potencian la estructura rítmica por sobre la melódica y el comienzo del estribillo se vuelve un motivo sobre el que retornan una y otra vez. Miller insiste en mostrar que tiene recursos ilimitados; hace un slapping matizado con arpegios que crean una sábana sonora y rítmica intensa, y se despiden.
Volverán para recordarnos un gran tema que produjo para Davis: "Tutu". Y se siente sobrevolar al genial trompetista sobre el recinto. Patches mantiene su postura davisiana, no sólo en su modo de interpretar y en su sonido, sino en cuestiones secundarias, como esa campana dirigida al piso. Aquí el solo de Miller tiene toda la potencia del jazz fusión, de notable fuerza. Apoyado por un grupo sólido, aunque de un nivel menor, Miller hizo uno de los mejores conciertos de jazz eléctrico. Buenos Aires sigue teniendo variedad y jerarquía en sus escenarios.



