
Murió El Lebrijano, legendario cantaor flamenco
Tenía 75 años y estaba en su casa de Sevilla, había sido operado de una dolencia cardíaca que no pudo superar; su figura entró en la historia grande del género con sus discos y espectáculos, entre la tradición y la modernidad
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Hoy Sevilla está de luto y el cante flamenco, también. Ha muerto Juan Peña El Lebrijano en la madrugada de hoy, último integrante de la generación de oro del flamenco, ahijado de la Niña de los Peines y un artista trascendental del arte jondo, que el mismísimo escritor Antonio Gala definió: "cuando El Lebrijano canta, hasta Dios se sorprende"
Modelado al estilo de antes, Juan Peña nació el 8 de agosto de 1941 en la calle San Francisco del pueblo de Lebrija (Sevilla) en el seno de una familia de estirpe gitana y peso flamenco. De niño El Lebrijano escuchó cantar a Antonio Mairena en su patio, compadre de su tío Vicente el Pelao, y su madre era la conocida cantaora La Perrata. En esa universidad de los patios flamencos el niño Juan Peña absorbió el arte puro del género y empezó a destacar en las fiestas familiares. Viendo las condiciones de su hijo, su padre un día le dijo:"Juanito, si vas a ser artista, sé honrado en la vida y en el arte".
Lebrijano debutó como guitarrista de la Paquera de Jerez en el año 1957 y se desarrolla como cantaor y guitarrista en los tablaos de Sevilla y Madrid. Hasta que en 1964 el mundo del flamenco descubre su voz cuando se consagra en el Concurso de Mairena del Alcor. Eso le da su primer empujón a los grandes escenarios, invitado por artistas como Antonio Gades y Manuela Vargas.
El Lebrijano no sólo fue el primer cantaor que llevó el flamenco al Teatro Real de Madrid (1979), sino que le dio dimensión catedrática cuando giró por las Universidades de Andalucía y creó espectáculos que fueron piezas claves del género como la trilogía Persecución (1976), Reencuentro (1983) y ¡Tierra! (1992). Su cante traspasó fronteras y enamoró con su arte flamenco a Indira Gandhi cuando la visitó en la India y al Rey Hussein de Jordania, estableciendo un puente simbólico con Oriente que desarrollaría después con el proyecto junto a la Orquesta Andalusí de Tanger con los que grabó uno de sus trabajos más significativos Encuentros (1985), y cuyos episodios musicales continuarían en los maravillosos Casablanca (1998) y Entre dos orillas (2014), grabado en directo en el Teatro Central de Sevilla.
Para los flamencólogos, El Lebrijano fue un cantor tan ortodoxo como moderno. Eso respira en una obra discográfica notable, que se divide entre sus trabajos donde exhibe sus dotes de la vieja escuela en aquel disco dedicado a su madre La Perrata en 1971 y sus trabajos de mediados de los setenta con Manolo Sanlúcar y su hermano Pedro Peña en las guitarras. Pero, también aparece el cantaor audaz, capaz de buscar nuevos rumbos en La palabra de Dios a un gitano, grabado con el acompañamiento de orquesta sinfónica de 1972, o Cuando Lebrijano canta se moja el agua, sobre textos del escritor colombiano Gabriel García Márquez de 2008.
Su hermano Pepe lo había visitado en su casa ayer y se habían echado unos cantecidos, sin saber del futuro, sin saber que sería el último respiro de arte de El Lebrijano. Ahora en su ciudad se decretaron tres días de luto por la muerte de Juan de la Santísima Trinidad Peña Fernández. Allí le cantarán sus hermanos, los gitanos de Sevilla, el poema de Federico García Lorca: "Empieza el llanto de la guitarra. Se rompen las copas de la madrugada. Empieza el llanto de la guitarra. Es inútil callarla. Es imposible callarla".




