
Música con acento catalán
El festival de Barcelona pasó por Buenos Aires
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SónarSound, el formato itinerante y reducido con el que el prestigioso festival de Barcelona se presenta en diferentes ciudades del mundo, desembarcó el sábado último en Buenos Aires. En su primera edición local, unas diez mil personas le dieron el sí a su fórmula de "música avanzada y arte multimedia", montada en tres sectores de Costa Salguero.
Si hasta la medianoche los espacios de exhibición -Sónar Sound y Sónar Park, para los shows y DJ sets; Sónar Cinema, para los trabajos audiovisuales- parecían, más bien, holgados espacios de circulación, la irrupción sorpresiva del grupo de percusión El Choque Urbano llamó la atención del público, que detuvo su peregrinaje en el Park. Así, la fugaz performance de tachos, megáfonos y bocinas dejó a la audiencia parada en el lugar indicado para escuchar, minutos más tarde, la apuesta más reveladora.
Con imágenes políticamente incorrectas disparadas desde las laptops de los venezolanos No Domain -un tándem de VJ radicado en España-, los franceses de Colder hicieron de su concierto tracción animal el más frío de la noche. De riguroso negro, Marc Nguyen Tan (voz y alma del cuarteto que se completa con guitarra, bajo y batería) decidió pasear por su flamante álbum, "Heat", y retrotraerse hasta su predecesor, "Again", para entregar una seductora colección de momentos rock con olor a años 80, electro y groove oscuro, que en vivo suena con la fuerza y el impacto de un glaciar en rompimiento.
La posta la tomó Romina Cohn -que fuera embajadora argentina en el Sónar original de Barcelona-, con una respuesta que marcó la tendencia de la trasnoche en el complejo vecino al río: "Bueno conocido que... tomar riesgos". Mientras la dama servía su set en bandeja frente a un Park colmado en capacidad, del otro lado de la pared el alemán Isolée daba una sintética alternativa musical. La misma dicotomía entre lo "arriesgado" y lo "conocido" se repitió un par de horas más tarde, cuando el crédito internacional anunciado en mayúsculas, el famoso DJ Laurent Garnier, concentró al público. Mientras tanto, en el pabellón vecino, el londinense DJ Yoda daba cátedra de scratching, ensamblando su dinámica sesión de ritmos quebrados con clips que él mismo ejecutaba en vivo. Michael J. Fox rasgaba a tempo aquella guitarra eléctrica de "Volver al futuro" y, también en la pantalla, los soldados del imperio de "Star Wars" bailaban con Yoda (el DJ, homónimo del personaje emblema de la saga) tal desparramo de hip hop.
La contracara sónica se concentró en el Sónar Cinema, pantalla de proyección en continuado durante nueve horas de videoarte, cine experimental, cortometrajes, animación y documentales. Con capacidad para unas 150 personas, el sector tuvo su momento de expectativa y largas colas a la hora del estreno mundial de "Blue Potencial": un documental que se concentra en el genial trabajo de Jeff Mills -DJ, leyenda del techno y compositor de bandas de sonido para clásicos del cine mudo- con la Orquesta Filarmónica de Montpellier.
Aunque fisonómicamente SónarSound no planteó diferencias respecto de otras propuestas electrónicas arraigadas en la ciudad, el debut del concepto catalán que pretende estar fuera de los dictámenes de la moda trajo un soplo de aire fresco con visitas inéditas para esta ciudad (también estuvieron Plaid y Diplo). La incitación al baile tuvo intermitencias y esto, que a algunos les limitó la sonrisa, abrió los oídos de otros, que buscaban sintonizar las referencias marcadas desde el consolidado festival de Barcelona.
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