Música danesa de alta calidad

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9 de junio de 2002  

Concierto de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires, con la dirección de Mario Perusso y la participación de los pianistas Silvia Dabul y Manuel Massone, y de los percusionistas Angel Frette y Arturo Vergara. Programa: Obertura “El carnaval romano”, de Berlioz; “Dvojnik”, concierto para dos pianos, percusión y orquesta Op. 17, de Kim Helweg, y Sinfonía N° 5 Op. 50, de Carl Nielsen. En el Teatro Colón.

Nuestra opinión: Muy bueno

La música danesa estuvo de parabienes en esta tercera función del abono nocturno de la Filarmónica de Buenos Aires, con la dirección de Mario Perusso.

Sin embargo, el resultado hubiera sido óptimo si además de ofrecer estrenos y obras poco oídas, como la Quinta Sinfonía de Nielsen, el programa de mano del Colón hubiera dado cuenta no sólo de los artistas intervinientes en esta oportunidad, sino además del compositor danés Kim Helweg, cuyo Concierto para dos pianos, percusión y orquesta Op. 17 reemplazó por causa de fuerza mayor a la programada con anterioridad para esta ocasión. Al respecto, el director artístico de la orquesta, Gerardo Gandini, se dirigió al público previamente para pedir disculpas por la falta de programa impreso, de la que dijo desconocer las causas.

De todas maneras, ahí estaba la música y sus intérpretes, la Filarmónica y sus solistas, los pianistas Silvia Dabul y Manuel Massone, y los percusionistas Angel Frette y Arturo Vergara, y la flamante partitura de Helweg que fue enviada expresamente –poco más de tres semanas antes del estreno– para su estudio y ensayos.

El concierto se abrió con la Obertura “El carnaval romano”, Op. 9, de Berlioz, cuyo brillo y colorido aún hoy se mantienen y tanto impresionó al auditorio parisiense que la adoptó con entusiasmo en 1864, después del rotundo fracaso de la ópera “Benvenuto Cellini” que precedía y que su autor había estrenado seis años antes. El encantador Andante inicial protagonizado por el corno inglés, un amplio y expresivo canto de amor, fue bien asumido por el solista, y el Allegro inicial que rezuma la alegría bulliciosa del carnaval fue vertido con propiedad y ajuste; si bien la orquesta resultó algo plana y la sonoridad careció de profundidad orquestal, el conjunto sonó equilibrado. El “saltarello” desbordante de alegría báquica estuvo sumamente logrado.

Dinamarca, una excepción

Las circunstancias antes apuntadas trajeron a estas latitudes –y creemos que no por azar, junto a la obra de Nielsen– la creación de otro músico danés, contemporáneo, que conforma las nuevas generación de compositores de un país al que el musicólógo sueco Bo Wallner concede un papel privilegiado en el panorama de la creación musical escandinava por su rápida adaptación a las tendencias modernas de la música, hasta mediados del siglo pasado dominada por Sibelius.

Al haberse distanciado tanto de la influencia germana cuanto de la francesa, Nielsen, aun con su constructivismo clasicista y su tardía conversión al serialismo,y Helweg, son así partícipes de una corriente musical cuya originalidad es manifiesta.

El estreno mundial de “Dvojnik”, concierto para dos pianos, percusión y orquesta Op. 17 de Helweg, trajo a escena a solistas como Silvia Dabul y Manuel Massone, cuya trayectoria como dúo de piano y como solistas está jalonada por reconocidos sucesos.

En esta obra original, aunque heterogénea –de casi media hora de duración–, inspirada en un personaje obseso de Dostoievski cuyo desdoblamiento llega a enajenarlo por completo,apelaron a gran diversidad de toques expresivos para generar el clima alucinante que impregna toda la obra, interactuando con los grupos de percusión. Estos llegan a tener en la cadenza del Interludio significativa presencia. Fue impresionante el solo de Angel Frette en el que arranca a su batería instrumental sonidos inusitados de gran riqueza tímbrica. Se cumple con Helweg y su fina artesanía, en cuanto a instrumentación se refiere, la tendencia de dar prioridad al elemento rítmico, sin descuidar la faz tímbrica de los distintos grupos instrumentales, que adquieren así mayor valor, aparte de los temas que ejecutan.

La versión ofrecida de la Sinfonía N° 5 Op. 50 (1922), quizá la más compleja de las creadas por Carl Nielsen, fue uno de los puntos culminantes de este concierto. El trabajo logrado por cada grupo instrumental y su interrelación con el conjunto, en movimientos construidos polifónicamente, con un lenguaje de gran intensidad expresiva, fue altamente meritorio. Fue, asimismo, logrado el efecto casi obsesivo del glacial tema de dos notas ejecutado por los fagotes en el Tempo giusto inicial, sobre el sonido de las violas, y también las sonoridades creadas por las flautas y el sector de las cuerdas en sonoridades aéreas de sutil transparencia. Ritmos y acentos fueron muy cuidados, y resultó sumamente lograda la amplia melodía con apoyo de bronces y maderas a la que las cuerdas confirieron expresivo lirismo. Impresionante fue el clima de desolación creado en el Adagio siguiente que culmina con la cadencia del clarinete. Un concierto en el que hubo entrega, velocidad de reflejos y profesionalismo en la dirección de Perusso.

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