
Nacha vuelve con un musical
Esta noche subirá a escena en el teatro El Nacional con su nuevo show "Qué me van a hablar de amor"
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En materia de espectáculos, Buenos Aires parece una inagotable caja de sorpresas. En un verano caluroso, preeleccionario, lleno de turistas que sin duda vienen a ver qué nos pasa, cómo estamos -dólar mediante, claro-, entre propuestas teatrales que revisan la historia o acuden a mostrar historias mínimas, sensibles, Nacha Guevara llega casi sin preaviso. Y lo hace con un show que vuelve a tenerla como única protagonista. Un tema central domina el espectáculo: el amor, y su título: "Qué me van a hablar de amor". Es el verso de un tango, pero también resulta el puntapié inicial que da forma a una experiencia que reúne versos de Boris Vian, Mario Benedetti, Kurt Weill, Jacques Brel y, entre los argentinos, Cátulo Castillo, Homero Expósito, Enrique Cadícamo.
"Qué me van a hablar de amor" -que se estrena hoy en El Nacional- es un show probado. Cerró el último Festival de Teatro y Danza de Canarias, España, con mucho éxito, y está cargado de guiños al público que sigue a esta artista desde los tiempos del Di Tella o cuando regresó al país en 1984 y con "Aquí estoy" deslumbró a una nueva generación. Esos guiños tienen nombres de canciones, "No se casen chicas" o "Maltrátame Jhonny", de Boris Vian; "Que vengan los clown", de Stephen Sondheim; "Te quiero", de Mario Benedetti. Pero también habrá temas nuevos, entre otros, del mismo Sondheim, Kurt Weill o The Police.
Durante los últimos tres años, Nacha Guevara realizó giras extensas en el exterior y eso le imposibilitó trabajar en Buenos Aires y hoy dice sentirse muy feliz por volver a reencontrarse con los suyos y asegura que "ahora es el tiempo" de hacerlo.
-¿Cómo definiría este tiempo?
-Para mí es muy lindo, de mucha transformación. Estoy muy vinculada con la historia de este país. Siempre me pasan cosas personales parecidas a las que le pasan al país y, en la Argentina, éste es un momento de transformación y también lo es en mi persona. Y no quiero perdérmelo, quiero estar aquí. En las crisis se ve quién es quién y acá está apareciendo algo nuevo. Está asomando tímidamente, entre el horror y el dolor. He esperado mucho esta transformación social y quisiera ser parte de ella.
-¿Habla de transformación personal, pero sigue cargando con algunos poetas muy conocidos por usted, a los que ha recurrido en distintos momentos históricos?
-Los amores de toda la vida, Boris Vian, Benedetti, Brel. Cuando algo está bien hecho, como una buena película, un buen libro, una buena canción resiste el paso del tiempo. Y si bien una película, un libro, una canción siguen siendo los mismos, varían de acuerdo a lo que le va a pasando a uno en distintos momentos. Cuando se lee un buen libro, por ejemplo, es fácil comprobarlo. Si dos años después uno lo relee, seguramente descubrirá una frase, un fragmento que le resulta desconocido y dice: "Y esto, yo antes no lo había leído". Y es cierto, nunca lo leíste porque tu conciencia no estaba disponible para eso. Sucede eso con todas las cosas que son más o menos verdaderas, ricas. Entonces, según cómo está uno, es cómo lo entiende y cómo lo expresa. Y al público le pasa lo mismo, de acuerdo a cómo ha madurado o no. Por eso hay cosas que perduran, porque son sólidas, tienen talento por detrás. Eso las mantiene atemporales.
-Podría pensarse también que en tiempos tan complejos resulta difícil encontrar una voz que conmueva.
-Es más complejo, porque en el mundo hay una chatura de creatividad, de no tomar riesgos. Estamos dominados por el miedo y estamos gobernados por personas que son representantes del miedo, porque nos condicionan a eso: miedo a perder el trabajo, miedo a la vejez, a no triunfar, miedo, miedo, miedo. Tomar riesgos, salir del área de la comodidad, siempre ha dado miedo y ahora mucho más. Y eso para la creatividad es terrible porque la mata. La creatividad es atreverse a hacer algo que puede ser un mamarracho o una maravilla, cuando lo hacés no sabés cómo va a salir. Y como hoy todo se maneja con números no hay personas, hay empresas. Tal vez sirva para fabricar bulones, aunque no lo creo. Sigo creyendo en las personas pero, en una tarea artística, cuando las casas discográficas o los canales no tienen cara, no sabés con quién hablar; los productos, como los llaman, se vuelven también impersonales. Extrañamente, acá, con este candombe que hay, surgen cosas que escapan a eso y se cuelan por otro lado. En general es difícil que las cosas que salen del sistema lleguen a tomar contacto con la gente. Pero como aquí todo está patas para arriba, se está dando un momento que es interesante, están surgiendo nuevas expresiones.
-¿Siente que se valorizan?
-Parecería que sí. Todo está más valorizado: tener un trabajo, cuidar al otro, los gestos pequeños. Se valorizan distintas cosas. Como a la gente le quitaron todas las otras, que son necesarias e importantes; es curioso, pero la gente se ha empobrecido por afuera pero se ha enriquecido por dentro.
Tal vez porque "el amor es algo inevitable que está constantemente en nuestras vidas" es que en su nuevo show Nacha Guevara se compromete con él, y lo hace recorrer todo el espectáculo. Y no sólo el amor de pareja sino "ese amor que nos trasciende y que es como una inteligencia suprema que nos mantiene invisiblemente a todos".
Pero también se apoya con mucha intención en el tango. Aunque se niega a aceptar que pueda haber en eso un encuentro con la nostalgia. Y afirma con mucha seguridad: "No soy una persona nostálgica y tal vez por eso veo al tango como algo muy vital. Indudablemente depende de cómo lo interpretes. Se puede hacer desde la nostalgia, la rabia, la esperanza. Pero como lo hagas -con bronca, con odio, con pena o con ironía- siempre hay que ir hasta el fondo. Los tangos son maravillosos, una locura".
Si bien hace unos años trabajó en un espectáculo cuyo interés estaba en dar a conocer a Discépolo en España -"un ser tan increíble, tan inteligente, tan loco, tan apasionado, tan valiente, tan sin miedo a exponerse por completo, tan artista-, esta vez la elección de temas de Cátulo Castillo, Homero Expósito o Enrique Cadícamo resulta un tanto más azarosa.
"En la elección -explica la artista- me guío, como en todo, por lo que me gusta y no me gusta. Después veo si va conmigo. La primera aproximación es por lo que me pasa. Si me pasa algo vale la pena que lo intente, porque puedo hacer que les pase algo a los demás."
Lo que sí deja en claro es que el modo de abordar las canciones tiene en ella una relación directa con la escuela del teatro musical, "que es mucho más rica porque mezcla todo y, cuando eso se consigue, la experiencia es inolvidable, tanto para el público como para el artista". Y explica: "La canción es una obra de teatro pequeña; si podés desmenuzarla, entenderla y sacarle el sentido, sabés dónde está el clima, cuál es el momento en el que vas a hacer reír o llorar al espectador. Creo que no podría aprender una canción sólo por las notas".
-¿Pero algo que sí aprendió es a estar sola en escena y lo sigue demostrando?
-Lo que aprendí es que menos es más y que la frase nunca es suficiente, porque uno siempre pone de más. Lo aprendí con Harold Prince; él siempre hacía hincapié en que cuando menos hay más me favorece. Cuando más sola estoy en el escenario, todo brilla más. Es cierto que a veces uno tiene ganas de no estar solo. Pero, sucede en la escena como en la vida, también es real que uno se vuelve inaguantable. Cuesta tener pares porque lo que da la soledad es una libertad increíble y amo eso. Es impagable esa libertad de decidir desde el primer momento hasta el último. Y a eso es difícil renunciar. Sobre todo si hablamos de la libertad expresiva.
-¿Tan libre se siente?
-Nunca suficiente. Tenemos tantos condicionamientos que realmente no somos libres. Podemos ser un poquito más, o menos. La libertad completa no es posible en un mundo que no la tiene y no estamos aislados. Podemos trabajar y trabajar y transformarnos, pero hasta un punto. No puede haber seres solos que se liberan, apenas podrán estar un poco más adelante.
-Si en este show pone el acento en el amor, ¿se podría pensar que el amor es como la esperanza?
-Es muchas más cosas: misterio, sorpresa, aventura, camino...
-¿Y qué pasa cuando sólo es una canción?
-Y está bien, para un artista está bien, porque todo lo pondrá en una canción. Todo lo que hacemos es autobiográfico. Cuando una persona sale al escenario, sale toda su historia y eso es lo que la hace interesante o aburrida. Muestra cómo vivió su vida, qué elecciones hizo, a qué dijo que sí, a qué dijo que no. Cuando cantás una canción te estás pintando de cuerpo entero, aunque te quieras ocultar. Eso también está diciendo quién sos. Por eso el escenario es tan sanador, ¿qué otra cosa te permite ser vos mismo?
Regreso a la calle Corrientes
- Después de tres años de no actuar en la Argentina, y "diez de no estar en la calle Corrientes", esta señora que ha consolidado parte de la historia del teatro musical en nuestro país -"Las mil y una Nachas", "Nacha de noche", "Aquí estoy", "Eva", entre otros- sigue buscando y encontrando un motivo para subirse a un escenario, con la seguridad de que va a modificar el espíritu de un espectador, en un momento especial, en el que "todo está patas para arriba".
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