
Nápoles en la voz de Cristina Pérsico
La cantante presenta su espectáculo de canciones napolitanas, los jueves, en Clásica y Moderna
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No es fácil encontrar una cantante con tan frondoso currículum como el que ostenta Cristina Pérsico.
Desde mediados de los años setenta, la artista alterna su formación en Sociología en la Universidad del Salvador, con sus estudios del canto, los rituales del cuerpo en escena, la docencia y los espectáculos, desde el rock hasta la canzonetta napolitana.
La preparación artística de Cristina Pérsico incluye teatro, canto, danza, apreciación musical y rítmica, antropología teatral, pedagogía del canto y varios temas más conectados con el cuerpo y la voz. Como docente dictó talleres de canto y voz hablada, técnica vocal, movimiento del sonido, canto comunitario, percepción cuerpo- arte, y hasta una curiosidad llamada "coro antistress", como una variante de la musicoterapia...
En escena, la versatilidad, ductilidad y condición proteica de Cristina Pérsico alcanzó similares características de artista-todo-terreno , empezando por desempeñarse como actriz cantante en la ópera-rock "Evita", en España, al comenzar la década del 80. Muy pronto se la escuchará entonar canciones sefardíes en España y en nuestro país, de la mano de Dina Rot, mientras alterna con el rock. Hacia fines de esa década la encontramos sumida en "Tango en España", y ya en plenos años 90 participa de una obra teatral, dirigida por Betty Gambartes, donde se cantan tangos y boleros; más adelante entona canciones de España en el Foro Gandhi, o alterna "Tangos de ayer", junto al desaparecido Luis Cardei, y más tarde con su guitarrista, Pisano, en varios escenarios, para participar luego en la peña de Compay Segundo en la Casa de la Trova, en La Habana (Cuba), y ofrecer clases grupales en su propia casa (La Pérsico Home Show), donde se canta de todo, incluso jazz.
Tras semejante periplo -agotador para quien pudiera seguir sus pasos- desembocó, el año último, en la canzoneta napolitana, que empezó ofreciendo en la librería Clásica y Moderna de la avenida Callao, donde todos los jueves se la puede escuchar, al transmitir todo ese suculento bagaje musical.
"Hace cinco meses (comenzamos el 11 de enero) que estamos todos los jueves en Clásica y Moderna con el espectáculo "Napoli Canzonette", junto al pianista (que también se desempeña como director musical) Diego Vila, y el chelista Carlos Diener. Es nuestro refugio, confiesa Cristina. Porque es un modo de repasar las canzonette napolitanas que heredé de mi familia, especialmente de mi abuela Giustina y las que me hizo conocer José, el abuelo de Diego Vila. Es que mi abuela, mis padres, mis tíos y primos son todos de Massalubrense, cerca de Sorrento. Allá quedan hermanos de papá y otros abuelos. En el espectáculo incluimos canciones muy conocidas y otras que no lo son tanto. Cuando empezamos la selección con Diego, nos gustaban todas; en un año recogimos unas sesenta. Finalmente quedó, para el espectáculo, una veintena que está concatenada entre sí para crear un clima."
-La memoria ancestral de la sangre te dicta palabras y el canto...
-Siempre tengo presente mis conversaciones con papá sobre el mar napolitano. Esas aguas de Nápoles y la costa amalfitana son de una belleza increíble; tienen algo especial con sus montañas y sus terrazas que miran hacia los golfos. Mis padres llegaron desde allí. Papá fue y vino varias veces de Italia desde antes de los años treinta. Una hermana de papá participó en un concurso y lo ganó. Hasta tuvo la posibilidad de cantar en Alla Scala. Mi abuela también cantaba muy bien, por eso incluyo una grabación de ella en mi espectáculo. En las reuniones familiares mamá recita y papá y abuela cantan. El canto y el vino corren juntos en la mesa. Recuerdo que yo pasaba mis vacaciones en Mar del Plata y allí me embebía del canto de mi abuela, y aprendía.
- ¿Tocás algún instrumento?
-Estudié guitarra desde adolescente. Cantábamos temas de Falú, Ramírez, Heredia y el folklore de ese momento con compañeros de la facultad. Entonces seguía la carrera de magisterio en el secundario y más tarde obtuve la licenciatura en sociología y trabajé como investigadora en el Instituto de Ciencias y Tecnología. Pero era la música la que estaba en mi vida. Con ella me fui a España a mediados de los años setenta. Allí conocí a Dina Rot y estudié canto con ella. Después llegó la convocatoria para la ópera rock "Evita". La selección la hacía el director musical y arreglador Juan José García Caffi. Luego de la prueba empecé mi carrera profesional. En el Teatro Monumental de Madrid, hacíamos dos funciones diarias de martes a sábados, y una el domingo. Me entusiasmó el hecho teatral. Hice varios papeles, incluso el de Eva. Cada día las tablas eran un desafío y un aprendizaje de la disciplina, amén de enseñarme sobre luces y sonido. Ese fogueo me permitió emprender una temporada con el espectáculo "Ropa limpia y zapatetas nuevas", de canciones sefardíes con el que recorrí España. Allí comprendí por qué me siento mediterránea.
-Lo teatral es tu vena...
-Siempre siento la cercanía de la gente. Tengo facilidad para conectarme. Para esto me ayudó la docencia. Soy una artista con convocatoria para mezclar canciones y oyentes, y me gusta despertar evocaciones con las raíces y la identidad. Soy consciente del aquí y el ahora, y me encuentro bien plantada para proyectarme.
Cristina Pérsico lo dice naturalmente de modo que lo que parece jactancia o petulancia sólo sea un sello de su personalidad de artista segura de lo que hace. Sabe que compartió roles con personajes entrañables del tango, como Luis Cardeo por tres años en el Club del Vino y en Gandhi; como Dina Rot en la sala A-B del Cultural San Martín.
Su experiencia musical está siendo plasmada en un libro sobre la voz, la afinación y la interpretación.
"Las imágenes, las sensaciones que se multiplican, ésa es la felicidad de la cantante", afirma sin hesitar.
En esta última etapa del racconto italiano, Cristina necesita prodigarse en el recuerdo de amores, paisajes y perfumes con cuerpo y alma. Sabe que sus acompañantes son dueños de una exquisita sensibilidad para profundizar en los laberintos de la memoria.
"Siempre zambullida en el mar napolitano..."
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