Nostalgias y ensueños de Cenicienta
Como pocas, esta ópera delata la ambivalencia del arte de Gioacchino Rossini, nacido en Italia en 1792 y muerto en Francia en 1868 Su carrera como compositor lírico terminó en 1829, con "Guillaume Tell" Vivió en pleno auge del romanticismo, movimiento por el que expresaba un sustancial rechazo
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Como pocos títulos, "La Cenerentola", con el que prosigue a partir de pasado mañana la temporada lírica del Teatro Argentino de La Plata, delata la ambivalencia del arte de Gioacchino Rossini. Habiendo nacido en Pesaro, en el norte de Italia, en 1792, murió en París en 1868, aunque su carrera como hacedor de óperas se haya clausurado casi cuarenta años antes con "Guillaume Tell", de 1829. Esto significa que Rossini vivió en pleno auge del romanticismo, movimiento por el que expresaba un sustancial rechazo. Europa estaba agitada por nuevos fermentos políticos y sociales y por una nueva filosofía, mientras él se sentía adherido al viejo orden, que entraba en su ocaso. Ahora el liberalismo, las revoluciones y el ferrocarril, símbolo de un nuevo ritmo vital, imponían su juego, mientras Rossini sentía un angustioso espanto por el estrépito, la velocidad y el creciente apuro de vivir de sus contemporáneos.
Estilo único
Lo curioso, sin embargo, es que, lejos de hamacarse en las suaves brisas de la tradición lírica del Setecientos, concibió un estilo único, que hizo época y abrió escuela. Aquí está, justamente, la ambivalencia de Rossini. Porque si el hombre se inclinaba hacia un tranquilo modo de existencia, el músico se excitaba ante las novedades que su propia fantasía -quimera de un hombre de su época- le dictaba. Es la razón por la cual la energía rítmica, la robusta consistencia de su orquestación, la carga vital y el dinamismo de sus melodías hicieron que su ópera sonara diferente de la arcádica complacencia del melodrama bufo del siglo XVIII. De ahí un estilo único, basado en la armoniosa convivencia de un mensaje conservador entre formas innovadoras.
El tema del célebre cuento de Charles Perrault invita a Rossini a dejarse llevar por la ilusión de una historia en la que las sirvientes se transforman en princesas. Eso sí, cuando en 1816 se le propuso desde la Opera de Roma tomar el viejo cuento como pretexto para un nuevo trabajo exigió que se le diera forma de comedia jocosa, con personajes tomados de la realidad, con prescindencia de hadas u otros elementos fantásticos. La creación de Rossini, estrenada el 25 de enero de 1817, habría de titularse "La Cenerentola ossia La bontˆ in trionfo", con un argumento, el trazado por el libretista Jacopo Ferretti, que incluye sensibles diferencias respecto del cuento inmortalizado por Perrault y los hermanos Grimm. Tanta diferencia como la que va, entre otras reformas, del célebre zapatito a un brazalete.
Lo que sigue parece un desafío digno de figurar en el libro Guinness de los Récords, porque difícilmente exista otra ópera que haya sido realizada y preparada con semejante celeridad: Ferretti no tardó más de veinte días en hacer el libreto y Rossini escribió su partitura en veinticuatro. A medida que ponía fin a los sucesivos fragmentos éstos eran pasados a los intérpretes, que los iban preparando con celeridad, de modo que cuando el compositor puso punto final a la partitura ésta se hallaba virtualmente en condiciones de ser representada. Para mejor, uno de sus trozos más célebres, el dúo de don Magnífico y Dandini, fue escrito la noche anterior al estreno y se lo ensayó durante la representación, entre uno y otro acto.
Se cuenta que el músico trabajó con fervor, lleno de buen humor y de optimismo. Lejos estaba de transitar por los complejos abismos en los que se internaron los escritores y psicólogos del XX, en torno de las angustias y frustraciones que encierra la historia de Cenicienta. Rossini se conformó con llenar su escena con seres reales, en medio de una sociedad gastada, de una corte corrupta y equívoca. Un mundo, en fin, que el músico y su libretista debieron conocer muy bien.
Los personajes están tratados con maestría, en especial el de Angelina, la protagonista, a la que diseña el compositor con una cautivante femineidad, pero también con un soplo romántico que tiene algo de nuevo en la galería rossiniana de óperas bufas. Es como si en "La Cenerentola" se abriese camino un elemento inquietante y perturbador, un color gris ceniza que la envuelve y la define.
Arias poéticas y tiernas, como la arcaica canción de Angelina "Una volta c´era un re" o el dúo con el príncipe "Un soave non so che", alternando con irresistibles cabalettas, convergen a menudo en concertantes de impresionante vigor, vocalmente endiablados por su dinamismo y vitalidad. Pero si la obra entera, en sus dos actos, entraña una sucesión ininterrumpida de grandes hallazgos, en cuanto a fluidez, gracia y penetración psicológica, hay dos momentos que han hecho historia: el dúo, "Un segreto d´importanza", alarde de dominio teatral, en el que los dos bajos y los instrumentos de la orquesta protagonizan un duelo deslumbrante, y el aria y rondó de Cenicienta "Nacqui all´affano", que entraña una forma de apoteosis final para gloria de las Berganzas de cada época.
"La Cenerentola", que se conoció en Buenos Aires en 1826, es la segunda ópera de Rossini representada de manera completa entre nosotros. La primera fue, en 1825, "Il barbiere di Siviglia". Eran los tiempos de Rivadavia.
Elencos y funciones
- "La Cenerentola" se ofrecerá en el Teatro Argentino de La Plata, con dirección de orquesta a cargo de Fernando Alvarez y de escena de Norma Aleandro. Los repartos están integrados por Alicia Cecotti/Gabriela Cipriani Zec (Angelina), Eduardo Ayas/Carlos Ullán (Don Ramiro), Juan Rodó/Fernando Grassi/Enrique Gibert Mellá (Dandini), Juan Barrile/Leonardo Estévez (Don Magnífico), entre otros. Las funciones se realizarán los domingos 29 de este mes, 6 y 27 de octubre, a las 17, y los días 4, 5, 22 y 23 de octubre, a las 20.30.
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