
Notable Orchestra della Toscana
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Concierto de la Orchestra della Toscana , con la dirección de Gabriele Ferro y la participación del pianista Roberto Cominati en calidad de solista, organizado por la Fundación Coliseum para su ciclo Latina 2006 y Nuova Harmonia. Programa: Aprés Josquin (estreno absoluto), de Giorgio Battistelli; Concierto en Sol para piano y orquesta, de Ravel; Suite de ballet El amor brujo, de Falla, y Sinfonía N° 1 ( Clásica ) Op. 25 en Re mayor, de Prokofiev. Teatro Colón.
Nuestra opinión: muy buena
Con un programa ecléctico que comprendió obras de la música moderna y contemporánea, llegó en su cuarta visita al país -y su debut en el Colón- la Orchestra della Toscana, conducida por el maestro Gabriele Ferro, cuyos significativos antecedentes lo ubican en un lugar de excepción entre los directores italianos, con dilatada actuación internacional y una amplia experiencia en materia de música sinfónica y en el terreno operístico. De ello su desempeño y el de los músicos italianos visitantes dieron suficientes muestras en el interesante concierto ofrecido, que fue coronado al término con una ejemplar versión de una obertura de La gazza ladra de Rossini, vertida con refinamiento inusual.
Los cuarenta y cinco músicos que la componen constituyen un cuerpo dúctil a las indicaciones de su temperamental director, quien imprimió su sello distintivo en cada una de las versiones ofrecidas -dirigidas íntegramente de memoria-, particularmente la Suite para orquesta de El amor brujo de Falla y la Sinfonía Clásica de Prokofiev, a la que confirió un énfasis particular.
El concierto contó con una nota distintiva: el estreno absoluto de Aprés Josquin , obra compuesta por especial pedido de la orquesta al compositor italiano Giorgio Battistelli. Está inspirada en el genio musical de Josquin Des Pres, que extrajo de la palabra cantada el máximo de significación sabiendo incorporarlo al poderío expresivo de la música. En esta íntima correspondencia entre la música y la palabra se basa Battistelli, quien en los últimos años se orientó -según afirma- hacia "la escritura orquestal como escritura dramática, como teatro de lo imaginario, a través del cual la música llega a una dimensión de evocación que constituye mi ideal de la concepción artística".
Espacio ingrávido
Los once minutos que dura esta pieza sinfónica constituyen una invitación a la escucha de un flujo sonoro atemático, un espacio musical ingrávido en el que acontece gran variedad de intensidades sonoras y timbres instrumentales -de los que emergen tan sólo notas aisladas del violonchelo y del violín- y una percusión que eclosiona produciendo intensos efectos dramáticos.
El holgado dominio técnico del teclado que posee el joven pianista italiano Roberto Cominati garantizó que el virtuosismo que la obra exige cumpliese el objetivo de satisfacer en lo formal esta auténtica obra de arte; que pide -además- brillo sonoro para expresar toda la fantasía y el humor subyacente. Pero el sonido del piano no se destacó en el allegramente inicial lo necesario para equipararse al fuego de la orquesta, que no dejó pasaje sin escrutar sus posibilidades de expresión sonora. Más acorde con las evocaciones clasicistas que se impone Ravel, Cominati abordó con un toque discreto -y aun reservado- el adagio assai , siguiente acorde con la sensibilidad francesa de su autor, que aquí tan sólo evoca y sugiere. Fue bien llevada la creciente tensión del diálogo con la orquesta. El presto final fue brillante, con un ajustado juego rítmico.
Mejor lograda, la segunda parte del concierto alcanzó con la Suite de El amor brujo , de Falla, acertadísima expresión de la fantasmagoría que encierra esta música auténticamente andaluza y que puso en evidencia la calidad instrumental de los solistas y que el notable color orquestal que la Orquesta de Toscana es capaz de lograr. Pareja vitalidad y dinamismo adquirió la versión de la Sinfonía Clásica de Prokofiev.




