O'Connor, la voz del heavy metal argentino
En su nuevo disco, que presenta esta noche, el músico asegura estar cada vez más lejos de Hermética y Malón
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Cuando O'Connor subió con su proyecto solista al escenario del Monster Of Rocks, el 12 de diciembre de 1998 en el Estadio de Vélez Sarsfield, la mayoría del público esperaba que repase los clásicos de Hermética y Malón, con los que había establecido gran parte del canon del heavy metal argentino durante la década. Pero decidió tocar temas de su disco aún inédito. La audiencia que esperaba por Iron Maiden como número central, se tuvo que conformar con un cover de Black Sabbath como único gesto de condescendencia.
Esos pequeños giros de irreverencia han signado gran parte de la carrera solista de Claudio O'Connor, una de las voces más importantes que ha dado la historia del rock pesado por estas tierras. "Después ese show tuvo críticas positivas", recuerda ahora antes de presentar La grieta, su noveno trabajo discográfico, hoy en el teatro Vorterix. "Me di el gusto de tocar mis temas nuevos que nadie conocía. Son propuestas de rockero rebelde", completa entre risas.
Nacido como Claudio Castro en Llavallol, O'Connor le puso voz a un movimiento que construyó su propia épica a partir de la desesperanza. El sistema económico los excluía minuto a minuto y Hermética se convirtió en el referente de los antihéroes de la clase trabajadora con un sonido deudor de Motörhead y Black Sabbath, pero con una raigambre local evidente. "Yo trabajaba en una fábrica y tenía que donar sangre para poder ir a tocar con Hermética al otro día", afirma. "Por eso cuando cantábamos «Donando sangre al antojo de un patrón» [«Gil Trabajador»], estábamos cantando cosas que nos pasaban en la vida." Pero a estas crónicas diarias de los marginados, Hermética supo contraponerles un relato de aspiraciones trascendentales ("Vida impersonal") y de superación ("Ayer deseo, hoy realidad").
Con Hermética separado en el momento de mayor reconocimiento, y con una polémica que aún hoy reproduce sus ecos en algunas declaraciones cruzadas entre Ricardo Iorio y sus ex compañeros, O'Connor, Romano y Strunz sumaron a Karlos Cuadrado para formar Malón y continuar con el estilo basado en riffs demoledores, staccatos que se clavan como cuchillas, doble bombos galopantes y una voz que parece salir retorcida de lo más profundo de las entrañas. Pero luego de editar dos discos con el grupo, O'Connor sintió la necesidad de ampliar sus horizontes artísticos y por eso formó en 1998 el proyecto que lleva su nombre. "Con O'Connor la idea siempre fue la de proponer un carril de expresión distinto a lo que estaba acostumbrada la gente, sumado a una inquietud personal de hacer otras cosas y cantar con otros timbres."
-En este disco se nota mucho la intención de moverte en un registro medio, con menos extremos.
-La idea de fusionar las voces es una característica de esta banda. Sobre todo porque no me parecía honesto artísticamente hacer cosas parecidas a Malón. Este disco es bastante versátil, no hay una formula definida. El sonido se cocinó en el estudio.
-El nombre sale de una expresión de moda. Tanto que hasta se transformó en un chiste.
-Sí, no te voy a mentir, me inspiré de tanto escucharlo. Igual, el contenido de las letras va más allá de lo meramente localista y habla de una grieta espiritual que está por encima de la política o las luchas de poderes. Somos creyentes de Dios, pero no practicamos ninguna religión, no estamos en ninguna iglesia, pero sentí que era bueno usarlo para describir situaciones del alma humana, desde las divisiones de blanco-negro, judíos-islámicos-católicos, rico-pobre, rollinga-heavy metal.
-También puede pensarse en la grieta Iorio-O'Connor.
(Risas) -Sí, la gente lo puede llevar a eso, no me molesta. Pero hoy no tengo relación con él. Ni buena ni mala, a veces me tira una indirecta y yo le tiro otra, es como mandarnos saludos. Después de todo, si todavía se acuerda es porque algo bueno hubo entre nosotros. Hermética es parte de mi vida, de la de él, de la de todos los músicos y de nuestras familias. Después fue una banda que se separó, como tantas otras, tampoco fue Auschwitz..., nada del otro mundo. Pero está bueno que el nombre de un disco genere cosas, que las canciones formen parte de la vida de las personas.
-Elegiste despegarte del sonido de Hermética y Malón de una forma paulatina. ¿Sentías que tenías que educar al oyente de alguna manera?
-Sí, al principio hubo que esperar a que lo masticaran y lo digirieran, hasta que se impuso el estilo. Es como cuando viene la marea y se va: deja barro, hasta que el barro se limpia. Lo siento como una evolución. Después te gusta más o menos, te parece mejor. Me pasa con las bandas que escucho, siempre fui respetuoso de sus discos, no digo que se vendieron porque algo no me gusta. No lo escucho y listo. La música es mágica, te puede generar o no algo, pero porque no es el momento. En O'Connor no ejercemos ninguna religión.
-De hecho, cuando se te critica algo, generalmente es por cuestiones extramusicales. Casi por una cuestión de linaje musical.
-Eso no es mi responsabilidad. Son canciones, es un disco, mañana sacaremos otro y capaz te gusta más. Todo es más sencillo, o al menos tendría que ser así. Se complican las cosas y se meten en un molde de purismo o de ortodoxia que no tiene que ver con transmitir vibraciones positivas. Se transforma todo en una especie de lucha política que es lo que hace mal.




