Osvaldo Civile: fue fundamental en los comienzos del heavy metal argentino, integró dos de las bandas más importantes y su “muerte dudosa” nunca se esclareció
La reciente publicación de una extensa biografía nos revela varios episodios de su vida: la separación de V8, la costosa formación de Horcas y su final
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“Fue uno de los protagonistas de la explosión metálica de los 80 y no se arrepiente de nada. No tiene jefe de prensa, ni un look adecuado para descollar en la era del videoclip. Representa la resaca de lo que debería ser un rocker políticamente correcto, arrastra con una mezcla de hastío y orgullo historias de reviente no estudiado, acumula medallas de barro en la memoria de los heavies que no transan. Vive sin ilusiones de estrellato, conformándose con que dejen de robarle sus migajas, en la frontera de un negocio que le es ajeno. Es el outsider menos publicitado del rock nacional, aún cuando reúne casi todos los requisitos básicos del aspirante a leyenda”.
Así describió en 1996 el periodista Fernando D’Addario a Osvaldo Civile, en ese entonces aún vivo y con su creación, Horcas, en pleno funcionamiento. Es así también como inicia Esto es Horcas - Osvaldo Civile. Su historia en el heavy metal argentino, el libro de Jorge Gabarrón y Luis Ortellado publicado por editorial Serial.
Sus páginas reúnen el fruto de una investigación de casi una década para iluminar tanto la historia de una de las bandas más emblemáticas del género en nuestro país como la de su fundador. Con una narrativa que combina rigor documental y emoción cruda, el texto repasa los inicios de Civile en los barrios del conurbano, su turbulento paso por V8, las luchas internas, el alcohol y el mito que rodea su muerte. Más que un recorrido cronológico, la obra propone una lectura sobre la identidad del metal nacional: un territorio donde la resistencia, la fe y el desborde se entrelazan.
En Civile, como revela su biografía, convivían varios hombres. Uno austero, amigable y generador de carcajadas. Otro problemático, incomprendido y terco. Ambos perfiles comparten el incondicional abrazo a la bebida, la cual tampoco faltaba a la hora de mostrar otra de sus facetas, quizás por la que más se lo recuerda: su absoluta condición de guitar hero.
Heredero de la generación del blues y de los primeros retazos de un rock más pesado, con referentes del instrumento como Tommy Iommi en el exterior y Pappo en el plano local, el oriundo de Sáenz Peña mostró desde su estadía en V8 que la guitarra podía ser simultáneamente una expresión de precisión y visceralidad. Alex Kodric, guitarrista del grupo Honduras, cree que “Osvaldo representa lo mejor de la tradición del metal de la vieja escuela, del metal que tiene groove. Eso se nota mucho en V8, tanto en sus solos como en varios riffs, e incluso en los primeros discos de Horcas”.
El ingeniero de sonido Martín Menzel, partícipe de la grabación en 1991 del segundo álbum del grupo, Oíd Mortales el Grito Sangrado, añade: “Cuando llegó el momento en que Civile vino a grabar los solos, todos los integrantes de la banda me insinuaban que estaba por pasar algo grande. Era como si viniese a bendecirlos, una situación casi reverencial para con él”.
Como en toda biografía, son abundantes las anécdotas que recorren sus hojas. Es la forma de ser de su protagonista y de los suyos la que las vuelven un testimonio de qué y cómo era ser un metalero en una Argentina donde, incluso ya en democracia, persistían las trabas y los prejuicios para quienes se percibían libres de una forma no tan convencional. A continuación, un par de momentos clave del recorrido musical de Civile.
Brasil, Iorio y la separación de V8
Corría el año 1985 cuando Alberto Zamarbide, Gustavo Rowek, Ricardo Iorio y el propio Civile decidieron partir rumbo a Brasil -más precisamente al municipio de Santos, en el estado de San Pablo- en busca de un mercado musical más generoso para con los integrantes de V8 y su sonido. Con dos discos de estudio ya grabados y publicados en nuestro país, Luchando por el metal (1983) y Un paso más en la batalla (1985, poco tiempo antes de dejar la Argentina), la expedición se gestó gracias al testimonio entusiasta de Rowek. Su reciente visita al país vecino para presenciar el festival Rock in Rio lo había conmovido profundamente: “La fascinación por ese ambiente era total”, se lee en el libro. El baterista “nunca había visto tanta gente rockera en su país, eran miles de personas, le parecía una utopía”.
El propio Rowek fue el integrante final del cuarteto en arribar a Santos, tierra de promesas, para una vez allí encontrarse con una banda desbandada. Ni Beto, cantante; ni Ricardo, bajista y compositor, querían saber nada de continuar compartiendo un proyecto serio con Civile. “Los conflictos ya venían desde Buenos Aires, sobre todo con el bajista”, añade la biografía. Sin embargo, fue en la breve estadía brasileña donde estalló la ya tensa relación de Iorio y Civile.
Impulsivamente, el guitarrista había vendido su instrumento y todo su equipo de sonido en pos de recaudar algo de dinero para costear los gastos del día a día y el mal estado de salud de su pareja, Verónica, quien había viajado junto a él. Ni la guitarra que el luego fundador de Hermética y Almafuerte llevó desde la Argentina para darle a Civile logró apaciguar una situación que, evidentemente, iba más allá de poseer o no lo necesario para tocar en Brasil. Luego de casi tres años juntos y tras asumir que este era el final, Zamarbide y Iorio decidieron regresar a nuestro país para rearmar V8 con nuevo guitarrista y también con otro baterista, ya que Rowek decidió permanecer en Santos junto a “Misile”, como llamaba cariñosamente a Civile.
El lento armado de Horcas
Allá en Brasil, un tal Carlos le dijo a Civile a escuchar a V8 que la banda tenía “un rollo estilo Metallica”. También conocido como El Español, el tal Carlos alojó al guitarrista y su mujer durante el resto de su estadía en Santos. Civile nunca había escuchado a Metallica, así que se dispuso a hacerlo por primera vez. Fue así como en una disquería de Santos y ya huérfano de banda, escuchó a una que le transmitió lo mejor que un grupo puede generar: ganas de hacer esa música. “‘¿Qué es esto?’, preguntó; ‘Thrash metal’, le contestaron”.
Ride the Lightning (1984) de Metallica plantó una semilla en la cabeza del protagonista de esta historia que marcaría el inicio de su recorrido posterior a V8. Cuando Civile regresó a Buenos Aires, tenía tan solo a Verónica esperándolo y el nombre y sonido de una banda de la que todavía era el único integrante: Horcas. El proceso que llevó a materializar la idea del guitarrista fue extenso, trabado y frustrante, con cambios constantes de integrantes, recitales donde el público no abundaba -o abundaba junto a su violencia- y los vaivenes propios de una existencia como la suya.
Sus últimos años y su enigmática muerte
Corría el año 1996 cuando Osvaldo pudo darse un gustito con sabor a revancha: formar parte de la reunión de V8 que cerró la primera edición del Metal Rock Festival. El mismo previamente con las actuaciones de Horcas, Rata Blanca y Logos, todas agrupaciones de los exintegrantes de la banda seminal. La gran ausencia en la cita fue la de Almafuerte y de su líder, Ricardo Iorio, lo cual también significó que el reencuentro no pudo ser total. Sin embargo, la repercusión del retorno llevó a que la presencia del grupo se traslade para tocar a varias provincias del país. “Estaba clara la alegría de Civile al volver a tocar esos himnos”, añade el libro. Del mismo quedó un registro, el disco en vivo V8 – Homenaje.
Al año siguiente y con nuevos integrantes, Horcas lanzó Vence, su primer álbum de estudio desde el ya mencionado Oíd Mortales. El éxito de su publicación fue el más grande hasta ese momento para la banda, la cual comenzaba a encontrar su techo a nivel de convocatoria y popularidad.
Es ese envión los llevó a encarar la grabación de su cuarto disco, Eternos, en enero de 1999. Unos meses después, más precisamente el sábado 24 de abril, Horcas daba en el boliche El Duende su última presentación junto a su creador, quien moriría tan solo cuatro días después -y antes de que el nuevo disco llegara a lanzarse-.
En un extraño episodio, Civile fue encontrado sin vida y con un disparo en el pecho en su vivienda de Newton y Mosconi, en Sáenz Peña. Si bien en un comienzo se habló de suicidio, la causa está oficialmente caratulada como «muerte dudosa», ya que no había indicio de pólvora en sus manos y nada hacía prever que el guitarrista pudiera tomar esa decisión. Veintisiete años después, y mientras circulan varias versiones, aún la Justicia no se ha expedido definitivamente al respecto. Una yapa algo morbosa: una semana antes, Horcas había sido tapa de la revista Epopeya con una foto de Osvaldo jugando al póker con una parca; acaso una suerte de presagio de la desgracia.
Sus restos descansan en el cementerio de la localidad de Pablo Podestá, en el Partido de Tres de Febrero.
Esto es Horcas - Osvaldo Civile. Su historia en el heavy metal argentino, es una gran forma de conocer realmente en detalle todo sobre esta historia, la de una vida dedicada con sangre, sudor y algunas lágrimas a la música y a la consolidación del rock pesado en nuestro país.
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