Para abrir la fiesta de los tambores
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Apertura del V Buenos Aires Percusión, con la presentación de Hugo Fattoruso en teclados y voz y Rey Tambor, con Diego Paredes en tambor piano, Fernando Núñez en tambor chico y Nicolás Peluffo en tambor repique. En el teatro Presidente Alvear. Sigue hoy con Fortubanda, a las 19, y Giunta Cuarteto, a las 21, en el Centro Cultural del Sur, Caseros 1750.
Nuestra opinión: bueno
La presentación de la cuerda de tambores montevideana con el emblemático Hugo Fattoruso permite varias lecturas, algunas de orden conceptual y otra, quizá la más específica, musical. En principio el grupo refleja una de las posturas más tradicionalistas de la escena uruguaya, no sólo por su austera sonoridad, si no más bien por el repertorio, que rescata candombes populares de los años cuarenta.
Respecto del festival, la presentación de Rey Tambor apunta a poner el foco sobre la percusión negra de la región, desechando para su apertura otras propuestas más espectaculares, pero nada enraizadas en la tradición negra de América del Sur.
Así las cosas, Fattoruso abrió la noche desde el piano, con dos canciones, "Vivir contento" y "Momentos", en las que la melodía fue la protagonista, quizá sabiendo que luego, con la entrada de Rey Tambor, pasaría a un segundo plano.
Desde la presentación de su disco "Ciencia fictiona", Fattoruso se acercó al piano y es desde ese instrumento desde el que construye parte de su nuevo mundo, en el que los colores armónicos se convirtieron en una forma enteramente expresiva.
Con la entrada de los tres percusionistas -Diego Paredes en tambor piano, Fernando Núñez (hijo del percusionista y luthier montevideano, el Lobo Núñez) en tambor chico y Nicolás Peluffo en repique-, Fattoruso se pasó a sus teclados y comenzó a sonar el ensamble de pura cepa montevideana, aunque esta vez algo pobre en entuasiasmo.
Los temas se fueron hilando unos con otros, "Candombe de la avenida", "Chica langa" y "Repicado" toman la forma de una suerte de suite, quizá más por el material lírico que por la forma en la que son interpretados. Cada uno de los miembros de la cuerda trabajó sobre su plano, es decir, los tambores piano y chico sostienen el esquema rítmico aunque con diferentes intensidades mientras que el repique, que es el encargado de improvisar, sonó pobre, sin fuerza, anémico de ideas.
Fattoruso, un músico para el que la rutina no existe, se esforzó por levantar el clima de la propuesta (en la mayoría de los momentos lo logró), pero Rey Tambor se comportó de manera abúlica y sólo se despertó en algunos tramos de la presentación como en "Mira qué linda viene, mira qué linda va", de Eliseo Grenet, y la cálida "De nosotros dos", de Eduardo Mateo.
En estos dos temas, la cuerda mostró que podía desarrollar fuerza, ensamble y que el tambor repique sabía aportar algunas ideas más originales, mientras que Fattoruso, desde sus teclados, creó climas de sonoridades más distorsionadas que generaron una atmósfera más densa y urbana. Un encuentro que, aunque con poco entusiasmo, no careció de ritmo; una reunión con Fattoruso y el candombe, es decir, Montevideo.



